Dos grandes conciertos

Crítica de clásica / Ciclo Ibermúsica. Obras: Stravinski, Davies, Ravel, Beethoven y Strauss. Intérpretes: N. Black,K. Woolley, R. Watkins, M. Thompson, P. Aimard. Orquesta Philharmonia. Coro de la Comunidad de Madrid y Coro Joven de la CAM. Director: Salonen. Auditorio Nacional. Madrid, 24 y 25-II- 2017.

Formidables sendos conciertos de Ibermúsica este fin de semana en Madrid, con la única pega de su horario nocturno. Afortunadamente desaparecerán los conciertos por la noche en la próxima temporada. Las entradas de Ibermúsica cuestan dinero, pero cuestan lo que valen y en conciertos como los dos presentes se justifican. En el primero de ellos –opinión muy personal– sobraba la primera parte. No por el «Canto fúnebre» de Stravinski, partitura desconocida en nuestras salas de conciertos y quizá tampoco por el estreno español del «Concierto para 4 trompas» de Tansy Davies, algo irrelevante para el público de Ibermúsica, sino por la larguísima duración del programa nocturno, de la que ni la organización se percató, anunciando su terminación a las 00:10 horas cuando acabó casi a las 01:00. Simplemente porque «Daphnis y Cloe» iba íntegra y no una suite. El auditorio hubiera agradecido oír sólo esta obra, sobre todo con la espectacular lectora que realizó Salonen, una auténtica orgía sonora en su final, con el Coro de la CAM apoyando dignamente, y delicada en sus perfumes y brumas intermedios. ¡Qué maravilla de orquesta la Philharmonia en su tutti y solistas! Una velada para el recuerdo. El segundo día resultó más acorde con la hora e incluso Salonen se negó a una propina esperada. Pierre-Laurent Aimard es pianista solvente, su sonido no reúne la calidad de otros de visita reciente, pero interpretó ordenadamente el «Emperador» beethoveniano en una lectura que contó con un notable impuso vital por parte de solista y acompañante en sus tiempos extremos y quedó algo falto de delicadeza en el adagio. Formidable, como el Ravel, el «Zarathustra» straussiano desde sus acordes iniciales, excelentemente matizado por Salonen y con un cuidado cierre en el que se trasladó su interrogante final. ¡Bravo!