Endiablado «Stiffelio»

Roberto Arónica es uno de los Sttifelio de referencia
Roberto Arónica es uno de los Sttifelio de referencia

«Stiffelio», de Verdi. Voces: Roberto Arónica, Angela Meade, Roman Burdenko, Simon Lim, etc. Bilbao Orkestra Sinfonikoa y Coro de Ópera de Bilbao. Director musical: Francesco Ivan Ciampa. Director de escena: Guy Montavon. Palacio Euskalduna. Bilbao, 21-I-2017.

ABAO ofrece esta temporada «Stiffelio» dentro de su proyecto «Tutto Verdi», habiendo presentado en 2009 la versión revisada de este título que responde al nombre de «Aroldo». Desde la «chinpunera» obertura se muestra un Verdi que, siendo sin duda Verdi, no acaba de arrancar el vuelo como ya lo hizo en óperas anteriores y como lo haría en ese «Rigoletto» que escribía al mismo tiempo. La obra se estrenó en Trieste en 1850 y pasó por incontables problemas a acusa de la censura y de un argumento poco propicio para Italia y la época, como era una historia de adulterio en el matrimonio de un pastor protestante. Hubo muchos cambios y Verdi acabó harto de ellos y archivó la partitura. De ahí su «Aroldo» de 1887. Ya en el pasado siglo se recuperó el original y gracias a Del Monaco, Domingo y Carreras pudo disfrutarse de representaciones de nivel. Arónica y Secco son los Stiffelios de nuestros días. El primero demostró hallarse en buena forma en la «Norma» del Teatro Real y en Bilbao aún se superó, logrando responder vocalmente de forma muy satisfactoria en un papel intrincado, que no para de cantar y no posee un aria en condiciones que provoque el aplauso gratificante. Un poco como le sucede al más tardío Don Carlo. Sin embargo, el personaje posee una importancia escénica determinante. A Arónica le falta el empaque de Del Monaco o Domingo, pero muestra un avance actoral respecto a lo que habitualmente ha supuesto su carrera. Angela Meade triunfó plenamente en la citada «Norma» madrileña y en la «Anna Bolena» sevillana y de ahí que se esperase muchísimo de su Lina. Lució su facilidad para las coloraturas, los agudos firmes, las medias voces, la capacidad para apianar, un vibrato ostensible pero no molesto, su amplio caudal y su rotunda presencia escénica que dificulta no ya una actuación sino incluso los movimientos. Sin embargo, es más cantante belcantista que verdiana. Muy correcto, como el resto del elenco, aunque un punto soso, el barítono Roman Burdenko en una parte que incluye una aria y cabaleta del primer Verdi, a punto de elevar su vuelo pero sin finalmente lograrlo. Francesco Ivan Ciampa estuvo exigente con la Sinfónica de Bilbao y el Coro de la Ópera y consiguió resultados muy eficaces, manteniendo viva una representación que adoleció de un descanso de treinta minutos y otro de veinte, cuando la partitura no alcanza las dos horas. Problemas de una escenografía tradicional proveniente de Parma que no aporta nada especial pero que sirve para contar la historia, lo que ya es bastante en los tiempos que corren.

Gustó la representación, porque se sentía latir al Verdi futuro y porque musicalmente se alcanzó un nivel de primer teatro.