Ennio Morricone: «Mis premios están en un estudio donde no dejo entrar a nadie»

Es uno de los compositores para películas más conocidos. Ahora publica su autobiografía, donde cuenta sus orígenes y los secretos de su relación con el séptimo arte

Ennio Morricone

«Por un puñado de dólares» (1964), «La muerte tenía un precio» (1965), «El bueno, el feo y el malo» (1966), «Érase una vez el Oeste» (1968), «Novecento» (1976), «Érase una vez en América» (1984), «La misión» (1986), «Los intocables de Eliot Ness» (1987), «Cinema Paradiso» (1988), «La leyenda del pianista en el océano» (1998), «Malèna» (2000) y «Los odiosos ocho» (2015).

Estas son sólo algunas de las quinientas películas, italianas y extranjeras, que han disfrutado de una banda sonora fruto de un compositor irrepetible. Ennio Morricone (Roma, 1928) a lo largo de su carrera ha ganado dos Oscar (uno honorífico), tres Globos de Oro, seis Bafta y nueve David de Donatello. Y no muchos saben, como curiosidad, que fue él quien compuso «Se telefonando», la inolvidable canción de Mina.

Publica ahora un nuevo libro, «Inseguendo quel suono» (en español, «Persiguiendo aquel sonido»), una autobiografía en la que cuenta con detalle su vida artística entre bandas sonoras. Las que ha escrito para la gran pantalla y para eventos como la marcha oficial de la Copa Mundial de Fútbol de 1978 o los temas que ha preparados para videojuegos la cuarta y quinta parte de «Metal Gear Solid» y «Blur». No habla más que italiano, lo cual no es un problema, dado que el suyo es precisamente un lenguaje universal. El maestro Morricone, que guarda en estricto secreto que ha participado como actor en dos películas –«Están todos bien» y «La clase obrera va al Paraíso»– relata a LA RAZÓN, cuáles son las claves de su música en una vida que es de película.

–Maestro Morricone, enhorabuena por su Oscar por el filme de Quentin Tarantino «Los odiosos ocho». Creo que no soy el único que piensa que este premio lo merecía ya desde hace tiempo.

–Más de uno ha pensado eso recordando mis cinco nominaciones antes de la victoria de este año. «La misión» (1986) estuvo nominada a los Oscar por su banda sonora. Cuando se supo que la ganadora fue otra... la sala gritó. Pero la realidad es que he recibido muchísimos galardones en mi vida, y todos son muy importantes.

–Entonces, ¿por qué recibe ahora la estatuilla dorada?

–Quizá en aquel entonces me lo quitaron. A lo mejor, en este momento, se convencieron de que ya podían dármelo.

­­–¿Dónde guarda el Oscar?

–Todos mis premios están reunidos en mi estudio para que no estén repartidos por toda la casa. Ahora bien, no le permito a nadie que entre. No se los enseño a nadie, es algo que considero privado.

–¿Por qué?

–Porque es donde yo trabajo, un lugar íntimo en el que sólo mi familia tiene acceso. Y no me gusta presumir.

–Acaba de publicar «Inseguendo quel suono». ¿Qué revela en estas 450 páginas?

–Toda mi vida artística. Tanto en el cine, como en la música en general. No solamente cuento la historia de los míos, también nombro a mi mujer y a mis hijos, entre ellos Andrea, que también es compositor. Hablo de mi técnica, tanto en la música cinematográfica como en la que yo llamo «absoluta», así pues, la de los conciertos.

–¿Cómo nace una banda sonora?

–De varias formas: hablando con el director de cine antes de que empiece a rodar; a través de la lectura del guión; o con el visionado de la película. Pueden ser entendidas separadamente o en conjunto, según la ocasión. También surgen muchas combinaciones a lo largo de un mismo trabajo. Cadacinta es un mundo y, según lo que se necesite y el proceso creativo que implique, se adoptan diferentes estrategias.

–Obras como «Gabriel’s Oboe» despiertan un auténtica pasión por el cine y su música. ¿Cómo se inspiró para componer una de sus piezas más célebres, la banda sonora de «La misión» (1986)?

–Tuve que situarme en la época en la que estaba ambientada la película, entre 1720 y 1725. El protagonista de la historia, el jesuita Padre Gabriel, tocaba el oboe. Por tanto, yo estaba obligado a componer pensando en ese instrumento. «Gabriel’s Oboe», como tal, se oye, en realidad, sólo una vez en la cinta. En el resto de ocasiones, el tema forma parte integrante de la banda sonora que se repetirá en diversas oportunidades, pero de manera desligada de las imágenes. De hecho, es más bien esta última, la imagen, la que sirve para recordar esa banda sonora.

–Usted ha realizado algunas realmente legendarias, desde «Por un puñado de dólares» (1964) hasta «Los intocables de Eliot Ness» (1987), pasando por «Cinema Paradiso» (1988), «Novecento» (1976) y «Érase una vez en América» (1984). Entre todas ellas, habrá alguna favorita.

–Por supuesto que hay una favorita. ¡Pero nunca la digo!

–¿Qué le aporta, en general, la música a la imagen en movimiento? ¿Cuál es su secreto?

–La música de una película tiene que ser simple, clara y breve. Debe representar aquello que no se ve y aquello que no se dice. Es, por tanto, un elemento abstracto que se añade a la imagen de una historia. Un elemento más del proceso narrativo.

–Sin embargo, uno de los aspectos mágicos de la música es que resulta intangible.

–En la vida encontramos las formas, los movimientos y el habla, que son tangibles. Pero la música no y, en principio, podríamos prescindir de ella. Sin embargo, nace con el hombre, entre otras cosas porque, imagino la voz humana como el primer sonido. El ser humano, con el pasar del tiempo, ha terminado cantando con la finalidad de llevar a cabo una forma expresiva de emitir sonidos. De hecho, incluso cuando nosotros hablamos, producimos una melodía oratoria.

–Maestro, ¿cuánto importa saber escuchar para apreciar la música?

­­–La costumbre de escuchar es algo central. Estar familiarizados con escuchar atentamente la música favorece la disponibilidad para apreciarla mejor. Es más, hay una determinada que debe ser escuchada nuevamente. En ocasiones, una segunda escucha puede ofrecer detalles que la primera no había revelado. A veces, esto mismo lo digo incluso a los directores, de cara a cuántas veces insertar un mismo tema en varias escenas: si repetimos uno más de una vez, el espectador lo reconoce y se familiariza con él. Y podemos aumentar la emoción.

–Pronto le esperarán nuevos conciertos. ¿Qué siente Ennio Morricone dirigiendo obras de Ennio Morricone?

–Ante todo, lo importante es que el público me dé su consenso, porque de otro modo mi trabajo en los conciertos no tendría sentido. Fíjese, en una película el público no aporta un consenso tan claro: es, por así decir, menos activo. En los conciertos, sin embargo, la música, que permanece separada de la película, pasa a ser autónoma. De ahí la importancia de la apreciación del público. Es más, incluso para que una banda sonora funcione, también debe marchar de forma independiente.

–¿Qué música escucha en su vida diaria?

–No escucho, no tengo tiempo. Sólo voy a los conciertos de los martes de la Accademia Nazionale di Santa Cecilia en Roma. No oigo discos en casa porque tengo que dar mi aprobación a mis propios discos.

–Usted ha trabajado con muchísimos directores de cine: Leone, De Palma, Bertolucci, Pasolini, Almodóvar, y más recientemente, Quentin Tarantino. ¿Con quién ha trabajado mejor?

–Todos los directores de cine con los que trabajo son mis preferidos. ¿Sabe por qué? Porque con aquellos que no lo son mis preferidos, simplemente, no trabajo. Prefiero renunciar.

–¿Hay algún género con el que se siente más cómodo a la hora de componer una banda sonora?

–Si uno tiene la técnica, puede lograrlo todo. Prefiero variar en los géneros porque, de otro modo, me aburriría haciendo siempre el mismo tipo de película y sobre mi propio estilo. Siempre es necesario cambiar, lo cual me encanta y me apasiona. Porque es una forma de ejercitar la técnica propia con una gran eficiencia.

–¿En qué momento de su vida supo que se entregaría por completo a componer música cinematográfica?

–Cuando empezaron a llamarme más de lo habitual para componer músicas para el cine en Italia. Eso fue a partir de 1961, año de mi primera película –«El federal», dirigida por Luciano Salce–. Con los años, empecé a entender que seguirían queriendo mi trabajo. Hasta hoy.

–¿Cómo valora su trayectoria?

–Nunca me lo planteo. Cuando se produce una obra para una película, estás siempre ante un examen. Es como si, todas las veces, volvieras a empezar.

El maestro se va de gira

A finales de 2014 Ennio Morricone canceló la gira que iba a ofrecer en 2015 por Estados Unidos y México debido a problemas de salud. Recuperado del todo y con un Oscar bajo el brazo, el maestro tiene previstos nuevos conciertos para este año. Desde el 21 al 24 de mayo ofrecerá sus espectáculos en el Auditorium Parco della Musica de Roma para, posteriormente, finalizar el mes con dos citas seguidas en el Palais des Congres de París. Ya el 23 de junio dará un recital exclusivo en el Blenheim Palace de Woodstock (Reino Unido) dentro del marco del festival Nocturne Live, que cuenta con otros artistas de la talla de The Coors y Elton John. Unos días más tarde de su concierto continuará con dos recitales en el Sint-Pietersplein de Gante, para luego tomar un tiempo de descanso. La última etapa de la gira ya será a finales de noviembre en el frío norte de Europa, concretamente en el Globe Arena de Estocolmo y en el Hartwall Arena de Helsinki. Las entradas se pueden encontrar en la web www.viagogo.es, y las localidades ya son escasas con un precio que ronda los 100 euros en el caso de las más baratas. Una oportunidad para ver a Morricone con su batuta en directo.