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Jackson Browne: «Que te comparen con Dylan es una maldición»

Es una auténtica leyenda de la música gracias a canciones brillantes, clásicos instantáneos como «Running on Empty» o «Doctor My Eyes». Visita el Festival de Jazz de San Javier (Murcia) el día 6 de julio y Madgarden, en Madrid (el 7), con su último disco, «Standing inthe Breach» bajo el brazo.

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–El álbum tiene contenido social, parece que se ha inspirado en lo que hay fuera esta vez, en lugar de buscar en recuerdos o sentimientos.

–Es curioso, porque creo que a la mayor parte de la gente le gustaría escapar y vivir en un mundo más interesante. Me parece que la gente está harta de la realidad, ya sabes, es una cosa cíclica. Ahora se demandan más series de canales de cable, ficciones interesantes en las que la realidad se presenta aunque no de una manera directa. Es interesante, porque el arte puede ser una escapatoria de la realidad y también una llamada a sus profundidades. Las dos cosas están ocurriendo en mi vida al mismo tiempo.

–Ha estado seis años sin publicar.

–Ahora salgo de gira todos los años, y antes eran cada tres. Así es como me gano la vida, porque la gente ya no compra discos. También es cierto que ahora tengo más oportunidades de girar. Puede que sea más popular que nunca.

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–¿Cree que es más popular que antes?

–Bueno, déjame matizar. Puede que ahora me llamen más para actuar porque soy algo mayor... y ¡más famoso! (risas). Hay alguna diferencia, ¿no?

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–Desde luego. ¿Hacerse mayor también le ha impulsado a escribir más canciones sobre la sociedad y sus desigualdades?

–El calentamiento global está alterando el curso de la vida y está empezando a haber refugiados climáticos además de los políticos. Hay lugares donde la vida se ha vuelto literalmente imposible. Países enteros que no tendrán agua. Y el gran problema es la manera en la que el hombre hace negocios en el planeta Tierra. Ésa es la auténtica raíz por la que podemos extinguir la vida. El capitalismo desregulado no protege a los océanos. Necesitamos una respuesta global pero no hay una estructura política para hacerlo. EE UU siempre se ha levantado de las mesas medioambientales sin comprometerse a nada. Los líderes mundiales miran más a los negocios que por la propia especie humana. Y así es como supuestamente llevamos a nuestros soldados a Afganistán a que ayuden a implantar allí la democracia y no ha habido un debate previo. Lo que ocurre es que la democracia no funciona en mi propio país. Oye, parezco un histérico, pero tú has preguntado, que conste. Yo trato de ofrecer algo de esperanza con la música.

–Oyéndole hablar, el título del disco, «estamos en la brecha», queda muy claro.

–Nos encontramos cerca del precipicio, sí. Pero pienso que, en realidad, estamos todos juntos en un gran lugar «roto». Cada día vienen niños a este mundo, bailando y riendo y esperando buenas cosas de la vida.

–¿Qué puede hacer la música?

–Conectar a la gente. Primero consigo misma, con su propia naturaleza. De una manera emocional. La musica y la comida en todas las partes del mundo son, en esencia, lo mismo. Si me preguntan: «¿Hace ‘‘world music’’?» Yo digo: «Sí, en Suráfrica se lo parece».

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–Usted fue llamado el «nuevo Dylan» y van a coincidir juntos en Madrid...

–Mira, no hace falta ningún nuevo Bob Dylan, porque Dylan está vivo y haciendo una música increíble. El valor de su trabajo, del pasado y del que seguirá preduciendo, va a perdurar. Y que te digan eso es, de alguna manera, como una maldición. ¿Qué puede haber peor que compararte con él? (risas). Es el músico vivo más grande y es un absoluto sinsentido. ¿Sabes?, creo que los medios necesitan asideros, etiquetas y esas cosas. Convertir a Dylan en un adjetivo. Mi ejemplo favorito de estas tonterías es que, durante 30 o 40 años le hemos llamado Dylan y ahora todo el mundo le llama Bob. ¡Le acortan el nombre! Hemos oído mil veces Dylan, Dylan, Dylan, Dylan... (lo dice 20 veces, hace una pausa y pone voz grave). Y ahora Boooooob. (risas).