Las soluciones a los Premios Campoamor

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El lunes pasado, mientras en las puertas del Teatro Campoamor se manifestaban cientos de personas a favor de la cultura y los premios, se reunía el patronato de la fundación para desconvocar la reunión del jurado que hoy debería haber fallado los de esta XI edición. Reunión tensa, en la que hubo reparto de papeles entre los principales protagonistas. Wenceslao López Martínez, alcalde del PSOE y presidente de la fundación, se lavó las manos como Pilatos; Roberto Sánchez Ramos, vicepresidente y concejal de IU hizo de Judas; Isabel González Bermejo, concejal de Somos, disfrutó en su papel de Caifás. Sólo les queda liquidar la fundación para terminar el asesinato realizado con el agravante de nocturnidad y alevosía. Pero todo ello es ya agua pasada. Lo importante ahora es el futuro y hay algunas soluciones que deben partir del reconocimiento de su importancia para el sector, la misma que los Goya para el cine o los Max para el teatro. Lo ideal sería que Ópera XXI se hiciese cargo de los premios y su financiación. De esta forma, no habría un único teatro al que se pudiera acusar de favoritismo en alguno de sus galardones. Todos estarían implicados. Mientras la reunión del jurado podría convocarse en Madrid como lugar con comunicaciones más fáciles, la gala podría rotar entre los teatros. Hay un detalle importante que afecta al presupuesto. El Ayuntamiento de Oviedo cedía el Campoamor, pero sin otra estructura que los acomodadores, de forma que la fundación había de sufragar el equipo técnico. El presupuesto se abarataría si las galas se realizasen en teatros en funcionamiento, con sus técnicos. Bastaría con 150.000€ y sobran patrocinadores para un evento de su repercusión. El teatro que cada año organizase la gala podría incluirla en su programación. Parece, a tenor de la nota emitida por Ópera XXI, que esta idea encaja en su proyecto y podría discutirse en su nueva reunión. Apunto una idea más: que la próxima gala se realice en el Real y la segunda en el Liceo, celebrando sus aniversarios. Siendo la solución más adecuada, no es la única. El Teatro de la Zarzuela, con el Inaem detrás, podría asumir la responsabilidad e incluir los premios como actividad propia. Dado que los galardones dedicados a la zarzuela son contados y que este teatro es el más representativo del género, no debería levantar suspicacias su protagonismo. El Real y el Liceo cuentan con capacidad para hacerse cargo de ellos, e incluso parece que a Roger Guasch le atrae la cuestión para el segundo de ellos. Sería vital que el actual jurado dictaminase los premios en breve, de forma que no existiese discontinuidad.