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María Toledo: "Prefiero comer a guisar, soy muy cortita cocinando"

Su nuevo disco, «Corazonada», es un canto al amor y a las personas incondicionales que, de nuevo, rompe con los cánones del flamenco. Ya lo ha presentado en los Teatros del Canal.

Su nuevo disco, «Corazonada», es un canto al amor y a las personas incondicionales que, de nuevo, rompe con los cánones del flamenco. Ya lo ha presentado en los Teatros del Canal.

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María Toledo tiene ese soplo torero que le hace salir al ruedo como si fuera la última vez que fuese a cantar, dándolo todo. Sus andares, de paseíllo, la llevan hasta el escenario, donde alza el mentón antes de arrancarse y rajarse la voz, a la que acompaña con su piano, dotado de ese temple y ese repente de la belleza. Esta cantautora sin etiqueta ha roto los cánones del flamenco para demostrar su verdad, la suya y de nadie más. «Corazonada», su quinto álbum de estudio, está formado por 13 temas, más una versión big band. «Es un canto al amor y a las personas incondicionales», asegura una artista a la que le dicta las letras un corazón «que tiene razones que la razón no entiende».

–¿Cada cuánto tiempo tiene una corazonada?

–Diariamente. Vivo llena de corazonadas.

–¿Y les hace caso?

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–Por supuesto. Porque algunos de esos presentimientos internos, de esas corazonadas, suelen cumplirse.

–Otros no.

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–Cierto. Hay cosas que piensas que van a pasar, esperas media vida a que pasen y terminas equivocándote.

–¿Es preferible vivir tras los presentimientos del corazón o de la cabeza?

–Tiene que haber un equilibrio entre los dos.

–¿Con qué se piensa mejor?

–Se debe pensar con la cabeza, pese a que el corazón tiene razones que la razón no entiende.

–¿A qué compás late su corazón?

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–Al de las bulerías, los tangos... Soy muy de cantes festeros.

–Y muy poco supersticiosa, como demuestra el hecho de que este disco tenga 13 canciones.

–Nada. De hecho, en el libreto pone 13+1, en vez de 14. El 13 es mi número de la suerte. Fue el día que me casé.

–Tanto la composición como la producción son suyas. Usted se lo guisa, usted se lo come.

–Además de verdad. Estoy muy encima de todo. Me gusta cuidar cada detalle del disco.

–¿Prefiere guisar o comer?

–Comer, sin duda. Soy muy cortita cocinando.

–¿Y componer o cantar?

–(Piensa) Ahí me pillas, aunque si tuviera que escoger... Me encanta cantar.

–¿Qué piensa cuando canta?

–En que puede ser la última vez que lo vaya a hacer. Por eso me entrego de esa forma. Eso siempre me persigue.

–Podría ser esa la respuesta de un torero.

–Lo del toreo lo dejo para mi marido.

–¿Qué canta cuando nadie la ve?

–Improviso. No canto canciones establecidas. Me siento en el piano y me dejo llevar. Y a veces salen cosas bonitas.

–¿A quién le gustaría cantarle al oído?

–A quien le canto ahora mismo, que es la persona de la que estoy enamorada. O a un futuro bebé.

–¿Y gritarle?

–A los hipócritas, a quienes solo piensan en ellos mismos y en el dinero, y no en la pobreza, por ejemplo.

–¿De dónde le sale la voz?

–Eso nadie lo sabe. Es inexplicable que, con mi acento, me salgan a veces esos quejíos. Será del alma...

–¿Qué canción le gustaría ser?

–«Mamá», una de este disco.

–¿A quién haría usted ministro de Cultura?

–Me dan igual la izquierda y la derecha. Quiero una persona a la que le importe la cultura de verdad y que cuando se dirija a los músicos lo haga bien, sin tener un papel. No siempre voto al mismo. Yo soy del equipo de los flamencos.

–¿De qué color es la camiseta de ese equipo?

–Puede ser de verde esperanza, de azul pureza o roja, como mis uñas.

–Usted se sale del protocolo flamenco, cantando con chupas de cuero y sin vestidos de lunares...

–Porque no me gustan los tópicos, ni que todo sea igual. Ahora se lleva la música urbana y casi todo el mundo hace música urbana. Pues no. Hay que ser fiel a los principios de cada uno. Aunque el restaurante que más comida vende sea McDonald's, no es necesario hacer hamburguesas. Se puede apostar por otro tipo de comida y ser vendible. Pues igual que ocurre en la música pasa en la vida. Yo me siento totalmente distinta.

–¿Hasta dónde es usted flamenca?

–El flamenco nace en uno. No es necesario decirlo, ni llevar una etiqueta. He escuchado todos los cantes básicos. Y me gusta partir de ahí para hacer mis propias creaciones. Soy más de crear que de recrear.

–¿Debe renovarse con sonidos nuevos?

–Tiene que haber corrientes de todo tipo. Una más ortodoxa, en la que hay compañeros que lo hacen perfectamente. Y otra mucho más amplia, de libertad total, en la que obligatoriamente hay que conocer el origen. Si no, es imposible innovar. Pero el flamenco siempre se ha podido combinar con muchos estilos, desde el clásico hasta el jazz. Tiene una gran capacidad de adaptación. Por bulerías, por ejemplo, se puede meter casi cualquier cosa.

–¿Así pierde pureza?

–No. La pureza no va con la música, sino con la persona.

–¿El flamenco está de moda?

–Siempre lo estuvo. Pero es importante no confundir a las nuevas generaciones sobre lo que es flamenco y lo que no lo es. En este disco hay tres palos y el resto son canciones aflamencadas.

–Ya para terminar. ¿Qué le cantaría a España?

–(Piensa) «Ayúdame a reír», para que nunca perdamos la sonrisa.