Michel Camilo y Tomatito: «El mejor músico a veces es el que no toca»

Han compuesto a cuatro manos un disco positivo y alegre con temas de siempre a los que han pasado por su tamiz. Llevan 18 años tocando juntos.

Michel Camilo y Tomatito
Michel Camilo y Tomatito

Han compuesto a cuatro manos un disco positivo y alegre con temas de siempre a los que han pasado por su tamiz. Llevan 18 años tocando juntos.

Lo describen como un disco «romántico», «cálido», de esos que podrían sonar en un club lleno de humo. Hay baladas rítmicas, otras prestadas del jazz «manouche». «Son canciones translúcidas», dice Michel Camilo, gran pianista de jazz y compañero de Tomatito desde hace 18 años. «Es un disco positivo, alegre, optimista», añade éste.

–Son temas conocidos, con aire nuevo.

–Michel Camilo: Eso es, tienen algo de nosotros. Es muy importante cuidar tu personalidad, lo que tienes de único.

–Improvisando en el estudio...

–MC: no, aunque no lo creas, lo hacíamos delante de la audiencia. Cada noche, con un tema del disco. A ver cómo enganchaban o no. Y luego grabamos.

–¿Pero eso no es un poco arriesgado delante de la audiencia?

–M.C: Pues claro, ahí está la magia.

–Tomatito: Y está lo divertido.

–MC: Así es como encuentras nuevos senderos.

–Después de 18 años tocando juntos, ¿se sorprenden del otro?

-MC: Pues claro que sí. Este disco está lleno de descubrimientos.

–T.: Yo siempre tengo la exigencia musical. Los dos somos inquietos y eso que yo estoy mucho tiempo con la guitarra en mi casa. Porque a veces pienso en lo harto que estoy de tocar y de viajar. En mi casa toco más que cuando estoy de gira.

–¿Por qué?

–T: Claro, porque en el escenario lo importante es el silencio.

–MC: Es que no hemos parado de tocar juntos pero como cada uno tiene su proyecto propio... pues al volver, está la magia.

–¿Qué ha aprendido Tomatito del jazz?

–T: La atracción del jazz es que saben lo que tienen que hacer y de lo fijo van a la fantasía. Expresas algo que está predeterminado, pero sobre eso tienes espacio para ver cómo cuentas el cuento. El que tiene gracia lo hace bien.

–¿Y Michel del flamenco?

–MC: El cuidado de las frases. En flamenco lo noto más. Hay un sentimiento añadido, porque en el jazz nos preocupamos más de los cambios armónicos. Donde comienza la magia es al pasar de las notas al mensaje de las notas. El misterio está ahí. Eso es lo que nos interesa y ese lenguaje interno es el que tenemos que buscar. Que si tocas una milonga, aparte de hacerlo bien, tenga ese sentido de desgarro, de ausencia...

–He leído que la guitarra y el piano no encajaban bien como pareja musical.

–MC: Por los registros... Porque la serie de armónicos son diferentes. Había que enfrentarse a ese reto.

–T: Decían que no se entenderían. Nosotros hemos logrado que hasta cuando hacemos los unísonos, cada cosa esté en su sitio. Que se oigan por separado. Eso hay que buscarlo físca y mentalmente, y en el pasado ha habido miedo a intentarlo

–MC: Sí, miedo porque si no tienes cuidado y no te pones de acuerdo, pueden chocar. Hay disonancias que no compaginan. Pero nosotros llevamos tanto tiempo tocando juntos que hemos aprendido que si uno toca en el centro, el otro toca por afuera, y si no, al revés.

–¿Y eso se hace con sentimiento? ¿O cuál es la clave?

–MC: (Risas) ¡Ser buenos amigos! y tocar mucho juntos.

–T: Yo he aprendido que el que yo haga menos es más para el tema. No querer lucir. Es el bien para la música, y de eso trata.

–¿Aunque tenga menos protagonismo?

–T: Pero en el fondo lo tienes, porque gracias a que tocas poco, suenas así de bien. Eso, si lo entiendes, bien, y si no, pues peor para ti.

–MC: Es lo que haga falta en el momento. Nos nutrimos de lo que el otro hace. Y a veces eso es quitarte de enmedio. Para eso hay que tener madurez, ser generoso, que suene como tiene que sonar.

–T: No joder la música. El mejor músico a veces es el que no toca. Y si el tema triunfa, triunfamos nosotros.

–Es una lección para la vida.

–T: Pero no todo el mundo piensa así. Porque el ego te lleva a un estado en el que rompes todo lo que está bien. Y eso la vida te lo enseña. Si hay que hacer virtuosismo, se hace, pero cuando yo tocaba con Camarón le hacía un servicio a él, para que su melodía sonase encima de la armonía, no le dejaba en el aire nunca. Mi misión era tener cuidado de él, eso es ser buen músico. Y aquí a veces canta él y otras canto yo.

–MC: Es como un prisma en movimiento, y según le llegue la luz, brilla de diferente forma.

–T: Hay que hacer por la música, y el ego, fuera.

–MC: Cuando Quincy Jones grababa en Nueva York tenía un cartelillo en la puerta del estudio: «Antes de entrar, deje su ego aquí».

–¿Y qué hay de España en el disco?

–MC: Pues el proyecto empezó aquí hace 18 años, y volvemos aquí. Es muy romántico volver adonde empezamos y hemos grabado íntegramente en España por primera vez. Los otros fueron en Conneticut, Nueva York. Tocamos temas que no son flamencos pero España está ahí, en todas las canciones. La clave del proyecto es que cada uno suena como suena. Yo pongo el jazz y el clásico, y Tomatito el flamenco. Y se nota en cómo acariciamos el instrumento

–T: Es que es mi pulsación, no lo puedo evitar. «Made in Spain». (Risas)