Reinventar la música

Obras de Liszt, Schumann, Stravinski y Brahms. Piano: Ivo Pogorelich. Auditorio Nacional. Madrid, 2-II-2016.

La Razón
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Los programadores nos machacan en ocasiones. Así sucede con la «Fantasía para piano en Do mayor, Op.17» de Schumann. Hace unos días se la escuchábamos a Maurizio Pollini en el Teatro Real, Ivo Pogorelich la tocó esta semana y en los próximos meses se la escucharemos a Grigory Sokolov y a Till Fellner en el mismo ciclo de Scherzo que comentamos hoy. Sucede, sin embargo, que, también a veces, una misma obra parece diferente. Eso es justo lo que ha pasado con esta fantasía en las lecturas de Pollini y Pogorelich. Nada que ver, como si Schumann hubiese escrito dos Op.17 distintas. Sólo coincidieron en una cosa: ninguno de ellos consiguió hacer volar la música. El italiano, por exceso de introspección, el yugoslavo, por su personal versión cortante, llena de staccatos y alargada en exceso, hasta el punto de que pareciese que había añadido notas, incluso las que falló, que no fueron pocas. El resultado es que tal dilatación llegó a levantar un punto de sopor en la audición, por mucho que también hubiese detalles preciosos y reveladores entre tanta recreación, que dejó a un lado el romanticismo schumanniano para inventar algo diferente, más contemporáneo.

Mucho más en su línea, de apabullar, las interpretaciones de la tres piezas restantes del programa. Así en la «Fantasía quasi sonata en re menor, después de una lectura de Dante» admiramos un sonido enorme, espectacular, como de pocos se escucha, toda una orquesta en el teclado para sumergirnos en los tormentos del infierno. También encajan en su ideario los «Tres movimientos de Petruchka» por sus ritmos y, sobre todo, las brahmsianas «Variaciones sobre un tema de Paganini en la menor, Op.35», en las que, por ser precisamente variaciones, el solista puede expandirse. Público encantado, pero ninguna propina.