Actualidad

Nolde, el pintor nazi que Merkel no quiere en su despacho

La canciller alemana descuelga las dos obras que tenía del pintor, defensor de la ideología nacionalsocialista, furibundo antisemita y también uno de sus artistas preferidos

La canciller alemana descuelga las dos obras que tenía del pintor, defensor de la ideología nacionalsocialista y furibundo antisemita y uno de sus artistas preferidos

Publicidad

Angela Merkel tenía, y hablamos en pasado, dos cuadros en su despacho. Colgaban ambos a su espalda. Dos obras llenas de color. Una de ellas con el mar embravecido y las olas rompiendo. Autor: Emil Nolde. Los cuadros han formado parte de una exposición que sobre el pintor se celebra en el Hamburger Bahnhof de Berlin y que se clausura el día 17. Cuando se cierre no volverán a la Cancillería.

El pasado nacionalsocialista de Nolde le ha hecho tomar la decisión a Merkel, un pasado, por otra lado, sabido y conocido, lo mismo que su furibundo odio hacia los judíos, un antisemitismo que ponía de manifiesto en las cartas que enviaba a su esposa Ada cuando ésta estuvo hospitalizada a principios de los años cuarenta, donde hablaba sin tapujos de esta animadversión. "Esta espantosa guerra fue iniciada y financiada por un puñado de judíos sonrientes escondidos detrás de los grandes gobiernos y bancos de este mundo", escribía en marzo de 1943 en referencia a la II Guerra Mundial.

El debate, viejo, y tan actual al tiempo, de separar al hombre del artista vuelve a la actualidad. Al margen de su ideología política, es incuestionable su talla de enorme pintor, artista, por otra parte, a quien Hitler despreciaba e incluso odiaba, tildándole de "cerdo", un envidia no demasiado bien digerida por el Führer de sus años de jóvenes estudiantes de Bellas Artes en los que la superioridad del artista se ponía claramente de manifiesto y que se fue acrecentando con los años. Albert Speer, por ejemplo, recordaba en sus memorias como Joseph Goebbles, ministro de Propaganda, tenía en su casa acuarelas de Nolde, uno de sus artistas favoritos. Una visita de Hitler al domicilio y su desaprobación severa fueron suficientes para que las obras se arrinconaran definitivamente.

Ahora es Merkel quien condena los dos lienzos al sacarlos de su despacho. Nolde ya contó en su momento con el favor del canciller Helmut Schmidt, que gustaba en la década de los setenta de pararse delante de ellas para contemplarlas. El director artístico del Museo Thyssen-Bornemisza, Guillermo Solana, entiende la decisión de la canciller germana: "En el despacho de un político las obras adquieren un valor político. Se pueden leer de manera diferente a si cuelgan de un museo", y añade que "de un museo no se debe retirar ninguna obra de un artista nazi, pues lo que prima es su valor intrínseco. Un ministro tiene derecho a decidir lo que quiere hacer"y comenta que "el lugar donde está una obra de arte importa mucho". Quizá, deja caer, haya sido una apuesta motivada por la exposición: "Si ha habido información en los medios ella puede que haya preferido ponerse a cubierto".

Publicidad

Pedro Alberto Cruz, profesor de Historia del Arte en la Universidad de Murcia, califica de "babaridad"la retirada de las obras "y demuestra que la sociedad actual está perdiendo el norte y pone en evidencia que carece de herramientas intelectuales sobre todo para combatir el fascismo. Se está recurriendo a una revisión delirante de la Historia". Señala que la trayectoria de Nolde "es intensa, prolija y excepcional antes de la llegada del nazismo. El hecho de que simpatice no le invalida como artista. Estamos ante un caso como el de Heidegger, cuya ideología no le impidió dar clases en la universidad y ser estudiado". Cruz asegura que se trata de "medidas de cara a la galería que evidencian una enorme impotencia intelectual y que significan que se está combatiendo al fascismo con más fascismo".

Las obras de Emil Nolde colgaron de las paredes de la exposición de arte degenerado en la pasada década de los treinta, de hecho el fue uno de los más de un centenar de artista tildados así, sus cuadros habían sido limpiados de los museos alemanes y se le había prohibido la compra de pigmentos y pintura y la posibilidad de vender sus obras. Señalado estaba. Todo indica que este artista, que simpatizó con el nazismo y fue a su vez víctima de él, creó su propia leyenda, se construyó una imagen y una historia propias. Y que es uno de los más grandes representantes del expresionismo pictórico, con independencia de sus ideas políticas.

Publicidad