Qué punto tiene Damien Hirst

Damien Hirst
Damien Hirst

Ha llovido torrencialmente desde que Damien Hirst fue rebautizado como el «enfant terrible» de los Young British Artist. Benditos años noventa. Con qué orgullo lucía el calificativo aquel chaval díscolo de Bristol descubierto por obra y gracia del mecenas Saatchi, quien también tuvo olfato para sacar del anonimato a Tracey Eminem y a los hermanos Chapman, por ejemplo. Menudos años, caray, que hoy no se repetirían inmersos como estamos en una ola de puritanismo con obras que no van más allá de los cero grados, es decir, que no dan ni frío ni calor a quien las ve. Pero no nos desviemos del motivo de estas líneas. El artista creció y puso al alcance del teclado un racimo de titulares. Y se creció. Y montó, a la manera de tantos grandes como El Greco, por citar uno solo y salvando las distancias, un taller de amanuenses que trabajara para él. No tuvo rubor en confirmarlo cuando alguien le lanzó la incómoda pregunta. «Sí, trabajan para mí. Ellos pintan mis cuadros. ¿Y qué?». Efectivamente, Y qué. Después de un periodo valle de unos años despertó del letargo en la Bienal de Venecia del año pasado y se inventó un tesoro rescatado del fondo de los mares. Otra vez volvía a primer plano. Tiene mucho punto que para su nueva exposición en Houghton Hall, en el condado de Norfolk (Inglaterra) hayan tenido que descolgar obras de Thomas Gainsborough y Joshua Reynolds, que no son precisamente dos pintores cualquiera, para colocar sus lienzos. Como lo tiene también que asegure que el espectador puede encontrar un paralelismo entre sus obras y las de Bonnard. O Seurat. Que sí, que él lo ve así. Nosotros, por más que lo miramos, no le encontramos ni el punto ni el puntillismo. Aunque parece que hay alguien que se lo ha hallado. Y está que trina. Una «similitud sospechosa», tanto como para tildarle de copión, pues quienes le acusan de eso se basan en que el inglés se ha ido a fijar en una artista australiana, Emily Kame Kngwarreye, una de las creadoras indígenas más reputadas de las antípodas (Elton John tiene obra suya), que colecciona puntos en sus obras también y que pinta unos dentro de otros, inventora ella de esa técnica y que Hirst ha hecho suya. El inglés dice que no tiene el gusto de conocerla y que estas obras son una evolución de una serie suya de mediados de los noventa. Ella no se puede defender porque murió en 1998, aunque se cotiza

con algún cero menos que las obras del de Bristol. En Australia, que consideran a

la creadora como un tesoro nacional, no salen de su asombro con la que se ha montado. No obstante, vaya punto que tiene Damien Hirst.