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Ribeira Sacra, el mejor festival de España no quiere que vayas

El evento, que se celebra en un entorno que aspira a Patrimonio de la Humanidad, recibe a 4.000 visitantes con una experiencia única

El evento, que se celebra en un entorno que aspira a Patrimonio de la Humanidad, recibe a 4.000 visitantes con una experiencia única

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Este festival no quiere (ni puede) que todos los que lean esta pieza asistan. El festival Ribeira Sacra se celebra en un lugar que aspira a ser Patrimonio de la Humanidad en 2021 y entre sus actuaciones musicales, atención, no está Rosalía. Pero seguramente sea el mejor de los que se celebran en la Península. Muchos hemos ido a ver conciertos a un polígono a la afueras de una ciudad a 500 kilómetros de casa, con la cantidad de polígonos que tenemos a tiro de autobús. Luego hemos visto al artista a lo lejos, diminuto, o a través de una pantalla. La experiencia de ser ganado en un evento cultural se ha impuesto entre la mayoría de los festivales que se celebran en España, e incluso hay quien se hace en ellos fotos sonriente para las redes, pero hay alternativas. Ese es el caso del Festival 17º Ribeira Sacra que celebra el próximo fin de semana su tercera edición.

Sin embargo, tan importante es el festival como que nos quedemos con las ganas de ir. “Nosotros somos un evento al servicio del territorio, no al revés. En la mayor parte de estos macroeventos, los organizadores piden instalaciones, un parking enorme, seguridad y servicios. Nosotros nos adaptamos al territorio, que es espectacular, y a todos los elementos paisajísticos, patrimoniales, naturales y vitivinícolas que ofrece”, explica Carlos Montilla, uno de sus organizadores. La tierra, por si no la conocen, está en el interior de Galicia, entre Lugo y Orense, y aglutina 21 ayuntamientos con un patrimonio incalculable: castillos y paradores, monasterios, naturaleza, y una cultura vinícola que recibe el nombre de “heroica”. Cuando se visitan los viñedos en las cortadas del acantilado del Sil se entiende por qué. Olviden el césped artificial y la sombra de los puestos de merchandising: aquí hay hierba de verdad y castaños.

El entorno genera dificultades, claro. “Sí, como la falta de cobertura, por ejemplo, o las carreteras interiores que no están pensadas para trasladar a una masa de gente. Pero a cambio recibes la percepción del territorio y tu implicación con él. No podemos trasladar el festival de lugar, porque perdería su sentido y eso no le pasa a casi ningún macrofestival, que son intercambiables”, dice Montilla. El evento musical se desarrolla en varios escenarios y tiene entre las poblaciones de referencia a Monforte de Lemos y Chantada. Por allí pasarán Jonathan Wilson, Kevin Johansen, Jacobo Serra, Mcenroe, Enric Montefusco, Los Enemigos, Marem Ladson, Soledad Vélez, 39th & The Nortons, Champs, Delafé, y otros artistas en conciertos con un espíritu “de cercanía”. “Hasta el punto de poder darles la mano a los artistas”, bromea Montilla. Como máximo, pasarán 5.000 personas a lo largo de dos fines de semana, aunque el primero, el del 18 al 21 de julio, es el más concurrido. “Hay conciertos en una bodega para 300 personas, o en un catamarán para 80. Otro se hace en el mirador de Santiorxo a la puesta de sol”, explica.

La Ribeira Sacra, sin embargo, está dejando de ser una desconocida. “Cierto. Está cada vez más de moda, empieza a sonar y a hacerse conocida. Pero tiene que haber un crecimiento orgánico para que no se premie el volumen de visitantes sino su calidad, es decir, que sean personas que vengan con calma, que permanezcan en el territorio, que no se hagan la fotografía nada más llegar y se marchen corriendo. Buscamos poco público pero que sea curioso, respetuoso, que se interese por el lugar y tenga tiempo para recorrerlo”, explica. Entonces, ¿es un festival para promocionar el entorno? “Sí, pero no de cualquier manera. Queremos que venga gente con ganas e interés por conocer a la gente y a la tierra”. Por ello, hay iniciativas impensables en uno de los eventos masivos, como una ruta de senderismo a las nueve de la mañana, que termina a las 12, la hora del aperitivo, con un concierto en la cima de una colina. “El modelo plantea un recorrido por días por varias localidades y proporciona medios de transporte y distancias que son de apenas media hora por carretera. La gente puede llevar su coche, pero preferimos que lo hagan en nuestros microbuses. Te vamos llevando nosotros desde la mañana hasta la noche y es un tour. Hierba natural, castaños y viñedos, acantilados y un río de verdad. Hay un catamarán y un embarcadero. La idea es que desde la mañana a la noche te dejes guiar y llevar por la tierra”.

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También hay una vinculación sentimental en esta idea del festival, la de los orígenes de Montilla. “Yo no nací en la Ribeira, pero soy de cerca, de Lalín. Y para mí algo muy importante, que soy del interior y es muy necesario trasladar proyectos allí, porque en Galicia hay 100 festivales entre gratuitos y de pago, pero más del 80 por ciento se ubican el litoral, en la zona costera. Allí hay una oferta muy superior, y, para el interior, conseguir que la gente abandone la playa, que parece que sin eso no hay nada, pues ya es un valor enorme para la tierra. Todo el mundo que viene, dice: ''No me imaginaba que este paisaje estaba aquí''”, concluye.

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