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Rosalía con hiyab: así borra a las mujeres el "Spotify iraní"

Hay un determinado nivel de absurdo en el que la censura directamente se hace «meme», parodia de sí misma. Como ese incesto de «Mogambo» fabricado por la tijera franquista al internar ocultar un adulterio. Irán es un caso paradójico, y risible. Mientras que se precia de su alta tasa de universitarias, que representan el 60% del alumnado, les niega una entidad real. Este mismo año, sin ir más lejos, han permitido (oh, gracias) que acudan a los estadios de fútbol, un gesto tan cosmético como el de las mujeres conductoras en Arabia. Si han leído (o visto) «Persépolis» ya sabrán del periplo de aquellas mujeres que en los 70 pasaron de poder escuchar rock duro y vestir con camisetas y vaqueros a taparse hasta las orejas para no ejercer una influencia pecaminosa en el país de los ayatolás. Desde entonces, la Policía de la Moral puede parar por la calle a cualquier mujer, y hombre por supuesto, por saltarse preceptos, eso, morales. Las mujeres de nuestro Occidente laico que enarbolan el «lo privado es político» setentero para denunciar el «exterminio premeditado» a manos del patriarcado, no suelen caer en la cuenta de que en Irán la frase («lo privado es político») adquiere un tono directamente amenazante. Ay de aquella a la que pillen en un renuncio, aunque sea en su propia habitación, si la tienen propia. La castración de la mujer, su directa invisibilización, llega a puntos paródicos en casos como el de Melovaz, el «Spotify iraní».

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Huelga decir que, como con la meca-cola árabe, remedo de «la chispa de la vida» yanqui, en Irán no verán WhatsApp, Twitter, etc., sino copias más o menos solventes adaptadas a un mercado cerrado. Y lo que sucede dentro de Melovaz es difícil de explicar fuera de sus fronteras: cantantes como Lady Gaga, Rosalía, Dua Lipa o Beyoncé difuminadas o directamente borradas de las portadas de los discos disponibles en la plataforma. La exuberante Icy, que posa en bañador sobre un fondo rosa palo, deja espacio sencillamente a un gran vacío del color de la portada. Imposible maquillar tanta sensualidad. En el caso de Rosalía con Ozuna se opta por una solución más local: se le añade con photoshop un hiyab y santas pascuas. Así con todas. Sería muy sencillo e ingenuo cargar directamente contra Melovaz, que no es sino una empresa más que tiene que lidiar con unas autoridades que no dan su brazo a torcer en cuestiones de moral y propician el ridículo internacional. En el caso iraní (lo saben quienes gustan de su cine, de su gente, de su cultura milenaria que sobrevive en los intersticios), en la calle es ya normal lo que no lo es en la Ley, por retorcer la frase de Suárez.