Salvador Dalí, 1910: comienza el espectáculo

El Fórum Grimaldi de Mónaco inaugura una muestra que, en el 30 aniversario de la muerte del artista, se centra en su trayectoria desde los primeros retratos de Cadaqués hasta sus obras finales.

El Fórum Grimaldi de Mónaco inaugura una muestra que, en el 30 aniversario de la muerte del artista, se centra en su trayectoria desde los primeros retratos de Cadaqués hasta sus obras finales.

Prácticamente cualquiera, conozca o no su obra, podría reconocer a Salvador Dalí si se le mostrase una foto del bigotudo artista. Que la mayoría de las personas sean o no capaces de reconocer un cuadro suyo, ya no digamos recordar su título, es otra cosa. «El personaje esconde un poco al pintor», reconoce Montse Ague, directora de los museos de la Fundación Gala-Salvador Dalí y comisaria de la muestra dedicada al catalán que hoy se inaugura en el Fórum Grimaldi de Mónaco. «Por eso queríamos reivindicar al Dalí pintor, su trayectoria y la evolución tan interesante que siguió y que estuvo acorde con el avance del siglo XX», explica. Así, la exposición abarca desde 1910 hasta 1983, cuando, ya enfermo, vuelca en sus obras sus reflexiones en torno a la muerte y la inmortalidad (los genios no deben morir, ya saben...).

A pesar de que sigue un hilo conductor cronológico, el taller, un espacio que Dalí consideraba sagrado, testigo del proceso de creación, es un punto de partida esencial del recorrido. Lo mismo que el tratado «50 secretos mágicos para pintar», que escribió en 1948 y en el que realiza un análisis de los valores que debe poseer un artista digno de llamarse así; incluso puntúa a grandes maestros, de Da Vinci, Velázquez, Vermeer y Picasso hasta, por supuesto, él mismo. De hecho, la intención de la comisaria era también demostrar la inmensa influencia que todos ellos tuvieron en su obra.

Velázquez, en particular, le producía iuna gran fascinación. «Le apasionaba “Las Meninas”. Cuando estudiaba en Madrid iba muy a menudo al Prado y en épocas posteriores, cuando regresaba y le preguntaban: “¿Qué hay de nuevo?”, él contestaba: “Velázquez”», recuerda Ague, y añade: «Para Dalí, simboliza la capacidad de plasmar la realidad de una manera casi fotográfica. Además, le interesaba el misterio de lo cotidiano, y algunas escenas de Velázquez lo desprenden».

Las miradas de Freud y Warhol

Además de los retratos de su padre y de su abuela realizados en Cadaqués, cuando Dalí prefería el estilo impresionista, y de un buen número de obras de su etapa surrealista, como «El espectro del sex-appeal», de 1934, la muestra también incluye documentos, dibujos –algunos reproducidos de su tratado de pintura– y fotografías del artista, así como un folleto que ilustró en 1941 para los Ballets de Monte-Carlo. También se explora su interés por Freud, al que visita en Londres en 1938 antes de instalarse en la casa de Coco Chanel en Roquebrune, donde termina de pintar «Violetas imperiales», en el que hace referencia al Pacto de Múnich, firmado ese año. Y como el personaje Dalí no podía estar del todo ausente, ese aspecto se evidencia en el espacio dedicado a su relación con Andy Warhol a partir de una visita a la Factory en los sesenta. Ague explica que «Warhol tuvo influencia en su obra, pero también en la creación del personaje. Compartían ese sentido del “show” y el modo de relacionarse con los medios. Ambos sabían que podían utilizarlos para propagar su arte y su pensamiento».