Tamara de Lempicka, la reina Art Decó de Alfonso XIII

El Palacio de Gaviria repasa la figura y la obra de la artista a través de un conjunto de 200 piezas, entre ellas, vestidos, zapatos, fotos y cuadros, que trazan el retrato de la pintora.

El Palacio de Gaviria repasa la figura y la obra de la artista a través de un conjunto de 200 piezas, entre ellas, vestidos, zapatos, fotos y cuadros, que trazan el retrato de la pintora.

l destino de toda vanguardia es convertirse en un clasicismo. Tamara de Lempicka inició la búsqueda quimérica de la modernidad, que era una huida hacia adelante, no se sabe muy bien hacia dónde, pero siempre hacia el horizonte, y, al final, resulta que su obra ha acabado siendo tan icónica y emblemática de su corriente como cualquier otro hito moderno, que es así como ahora se denomina a lo que ha trascendido su momento histórico. El Palacio de Gaviria de Madrid ha reunido 200 piezas procedentes de cuarenta colecciones, museos y prestadores para mostrar todos los planos de esta pintora, los que son evidentes y se han convertido ya en lugares comunes, pero también los que han pasado más desapercibidos. Gioia Mori, la comisaria, ha trazado una ruta por el laberinto de su biografía y el resultado es una curiosa paradoja: el visitante acude a la exposición para regodearse en sus lienzos y lo que encuentra es que las piezas escogidas, más que reflejar los diversos talentos y habilidades creativas, nos devuelven una personalidad, con sus matices y bifurcaciones; el dibujo de un alma que supo reinventarse a pesar de haber tropezado con el escollo de la pobreza, y convertirse en una referencia del arte, en un personaje que mostraba su casa en las revistas de moda. En este montaje se ha traído como novedad el retrato que hizo a Alfonso XIII, una obra de la que ella misma habló en abundantes ocasiones en público, pero que había desa-parecido. El azar ha permitido rescatarlo y ahora esta exposición lo enseña.

Un rey locuaz

En esta «pintura fantasma», co-mo se la ha definido durante la presentación de la exposición, glosa el interés que nuestro país suscitaba en Lempicka. La artista quedó impactada por la repentina proclamación de la II República. De hecho, al año siguiente emprendió un viaje sola a través de las ciudades de nuetro país. Su encuentro con Alfonso XIII se produjo cerca de Parma, en 1934, como recogen numerosas crónicas periodísticas de la época por esas fechas. Cuando el monarca murió en el exilio en 1941, ella misma habló, apenas transcurridos unos días, de los momentos que pasaron juntos, describiendo las distintas sesiones compartidas para abordar este retrato y, sobre todo, la incontenible locuacidad del rey. La misteriosa de-saparición del óleo y la imposibilidad de localizar su paradero, dejó en suspenso durante años la veracidad de este relato, pero ahora se ha probado que era cierto, que existía. Y, como subrayaba ayer la propia Gioia Mori, Alfonso XIII regresa a Madrid de la mano de Tamara de Lempicka, alrededor de 86 años después. Y lo ha hecho en primicia, porque se exhibe en público, y de manera novedosa, en España y porque, además, es una de las grandes novedades pictóricas que incluye esta exposición.