«Billy Elliot»: Que no pare de bailar

Autor: Lee Hall. Dirección en España: David Serrano. Intérpretes: Carlos Hipólito, Natalia Millán, Alberto Velasco, Pau Gimeno, Beltrán Remiro... Teatro Nuevo Alcalá. Hasta el 17 de diciembre.

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Después de once años en el West End de Londres y seis en Broadway, ha desembarcado por fin en Madrid la versión española del musical «Billy Elliot», cuyo estreno aquí también se ha demorado por el esmerado proceso de casting que la productora quiso llevar a cabo hasta dar con los candidatos idóneos que debían interpretar a los niños protagonistas. Con partitura del mismísimo Sir Elton John, la propuesta teatral del director Stephen Daldry, del dramaturgo y autor de las letras Lee Hall y del coreógrafo Peter Darling –los mismos responsables de la popular película en la que se basa–, ha sido adaptada y dirigida en nuestro país por David Serrano, buen conocedor del acervo teatral y cinematográfico contemporáneo de habla inglesa. Argumentalmente fiel al libreto original, Serrano pone en las tablas con agilidad y frescura esta conocida historia que se ambienta en el deprimido noreste de Inglaterra durante las huelgas mineras de los años 80 bajo el gobierno de Margaret Thatcher. En un contexto de extrema rudeza afectiva y de cortas miras vitales, el joven Billy, un chaval que encuentra en el baile un modo de evasión y lucidez, acabará convertido, salvando las iniciales reticencias de una familia con nulo interés por la danza y el arte, en la única esperanza de futuro de una comunidad anclada en su pasado industrial y en su asfixiante entramado social. Tras unas primeras escenas algo embarulladas y deudoras de algunos manidos clichés de comedia, la cosa empieza a coger empaque dramático a partir de la refulgente entrada en escena de Natalia Millán, que interpreta a la señorita Wilkinson y que se marca un formidable número musical con el tema «Brillad». Es a partir de ahí cuando todo empieza a discurrir por una senda de corrección técnica y de cuidado escénico que es la propia de una producción de envergadura como esta, pero que no es la más transitada habitualmente, por desgracia, en muchos otros musicales que se representan en España. En el dificilísimo papel de Billy Elliot –se alternarán seis actores diferentes en este rol–, el joven y formidable Pau Gimeno, encargado de interpretarlo el día del estreno, da a su personaje toda la naturalidad, simpatía y ternura que este requiere, y protagoniza algunos estupendos números que combinan lo dramático y lo dancístico y que contagian de energía a un público que no puede evitar levantarse de su asiento para aplaudir. Especial mención merece, en este sentido, la cómica y vigorosa escena en la que él y su amigo Michael –absolutamente genial Beltrán Remiro, que fue quien hizo ese día este papel para el que también hay varios intérpretes– se visten con ropa de mujer y cantan y bailan claqué por todo el escenario. Junto a ellos y a la mencionada Millán, cabe destacar en el reparto al polifacético y muy convincente Adrián Lastra, que da vida a Tony, el hermano mayor de Billy.