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«Comedia aquilana»: Los albores de la comedia amorosa

  • «Comedia aquilana»: Los albores de la comedia amorosa

Tiempo de lectura 2 min.

02 de marzo de 2018. 02:04h

Comentada
Raúl Losánez.  2/3/2018

Torres Naharro. Ana Zamora. Silvia Acosta, María Besant, Javier Carramiñana, Juan Meseguer, Belén Nieto, Alejandro Saá... Teatro de la Comedia. Madrid. Hasta el 11 de marzo.

En su afán por recuperar y poner en valor nuestro teatro medieval y renacentista, y por mostrar hoy bajo una óptica contemporánea, la compañía Nao d’amores, en colaboración con la CNTC, lleva a los escenarios esta comedia «a fantasía» de Bartolomé Torres Naharro, un autor probablemente tan olvidado como todos su coetáneos que, no obstante, tiene una gran importancia en el devenir del arte dramático por cuanto fue, verdaderamente, un innovador que introdujo algunas de las variables estructurales y argumentales que tanto manejaron luego los escritores del barroco. La «Comedia aquilana» es una pieza amorosa ya de por sí bastante sencilla que, en la versión de Ana Zamora, presenta todavía una mayor sencillez dramatúrgica, con el lógico y logrado propósito de que pueda ser entendida con claridad por el público actual. La verdad es que no ha podido dar mejores frutos ese intento por despojar la obra de toda su hojarasca: el resultado es una función tan ligera como deliciosa que rezuma simpatía en cada palabra y en cada gesto –influye que la relación amo-criado ha sido tratada de una manera más fraternal que nunca– y que permite al espectador dejar una sonrisa fija en su rostro desde el minuto uno. En su minimalismo todo está cuidado con elegancia y delicadeza: la música de Alicia Lázaro interpretada en directo; el frutal vestuario y la también frutal escenografía, de Deborah Macías y Ricardo Vergne, respectivamente, que recuerdan la pintura de Arcimboldo; el movimiento escénico, ideado por Javier García Ávila y por Fabio Mangolini con algunos guiños a la comedia del arte; e incluso, en un trabajo aparentemente más fácil que otros que realiza habitualmente, pero igual de acertado, la diáfana luz de Miguel Ángel Camacho. A ello, por supuesto, hay que añadir el fantástico trabajo actoral de un elenco en el que hasta el veterano Juan Meseguer se deja llevar, con muchísima gracia y ductilidad, por el dinamismo y la frescura de unos compañeros de reparto mucho más jóvenes que ya han dado buenas muestras anteriormente del talento que atesoran, y que son, en los papeles principales, María Besant, Javier Carramiñana, Silvia Acosta y Alejandro Saá. Haciendo un bonito homenaje a Torres Naharro, la directora, además, ha añadido al texto propiamente dicho algunas de las consideraciones teóricas que el autor expuso en el proemio de sus obras, y que funcionan aquí a la perfección, tanto desde un punto de vista didáctico como netamente dramático.

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