Teatro

Esta casa es un disparate

El Centro Dramático Nacional estrena en el María Guerrero una alegoría contra el capitalismo salvaje, todo un símbolo del mundo financiero y del dinero.

Fernando Albizu, Juan Carlos Talavera y Ana Cerdeiriña en un momento de la obra
Fernando Albizu, Juan Carlos Talavera y Ana Cerdeiriña en un momento de la obra

El Centro Dramático Nacional estrena en el María Guerrero una alegoría contra el capitalismo salvaje, todo un símbolo del mundo financiero y del dinero.

«Si hay algo que me gusta de mi teatro es que sea difícil de clasificar. Tenemos una tradición y una historia y en cada obra tiro de recursos. El eclecticismo es una constante en mi teatro. Me gusta beber de distintas fuentes, nutrirme de las tradiciones, estilos y géneros, jugar con la mezcla. Eso que en música se llama fusión. Esta obra, que empieza con un corte “jardialesco” y termina de forma calderoniana, es un ejemplo de este modo de hacer». Así explica Jesús Campos García su concepción del teatro al hablar de «... Y la casa crecía», una de sus últimas obras, que estrena en el María Guerrero del CDN, adonde vuelve cuarenta años después de «7.000 gallinas y un camello» en 1976.

«Una metáfora real y física, puesto que la casa crece físicamente en el escenario y, al mismo tiempo, una alegoría al sistema financiero y a su crecimiento desproporcionado. Crecer sin control puede ser cancerígeno y así lo ha hecho el mundo del dinero. Pero todo esto no está explicado directamente –‘‘yo no escribo artículos’’–, sino que evoca por el territorio emocional lo que tiene de perverso. No se puede crecer infinitamente, cada cierto tiempo hay que destruir –usando las guerras– para luego recuperar reconstruyendo. Lo hacen aquéllos que piensan que el mundo es suyo y lo tienen organizado para su beneficio». Para ellos, prosigue, «el mundo es como un tablero de ajedrez, donde hay peones y piezas que se mueven y caen, pero el que piensa nunca está en el tablero. A veces dejan jugar, que la gente crea que pueden hacer cosas, como ocurrió antes de la crisis, se daban créditos, hipotecas, se endeudaban, dejaban vivir por encima de las posibilidades hasta que dijeron: ‘‘Hasta aquí’’. Suben los intereses, no pueden pagar, desahucios, cierres de empresas... La obra –prosigue el autor– evoca todo esto en tono de comedia burguesa. De forma simbólica y alegórica, trata de llevar a la gente al convencimiento de que el crecimiento económico no es un valor en sí y quizá no hay por qué crecer».

w Dinero de más

Continúa: «Hay más dinero que cosas que comprar, más de lo que vale todo lo que hay en el mundo. Con lo que tenemos se puede vivir perfectamente, y no lo digo como economista, sino por las noticias que leo y oigo. Parece que para que unos puedan comer, otros tienen que hacerse ricos. Es un problema de distribución de riquezas, no de acaparar unos mientras otros pasan hambre».

Campos García reitera que todo esto está evocado como una comedia que califica del absurdo, disparatada, crítica, alegórica y financiera, escrita en plena crisis. «La terminé hace dos años. Me gusta escribir desde el punto de vista del espectador, me precio de ser el primero de mi propia obra, el primero en verla, y quiero plasmar lo que vivo. Desde el juego dramático trato de subir al escenario la realidad social, aunque, una vez acabada, resulta evidente su carácter simbólico, puesto que toda ella es una gran metáfora». En cuanto a la estructura, «discurre por los cauces normales del teatro convencional, aunque puede decirse que el desarrollo de la progresión dramática se asemeja bastante a la estructura cinematográfica, basada en secuencias, en escenas cortas –que hay muchas– y en elipsis. Aparte de una especie de juego con la película “Lo que el viento se llevó” durante la obra, que empieza y acaba en cine».

Otro aspecto que define al autor es la concepción global de su proyecto. Escribe la pieza, la dirige y monta la escenografía: «Siempre lo he hecho así, para mí es natural. Ahora va habiendo más autores que dirigen, pero cuando empecé era difícil. Soy decorador de interiores y montar escenarios no es un problema. Además, no soy el primero, hay compañeros que se implicaron en la puesta en escena o la escenografía de sus obras, como Nieva, Távora, Boadella, Arrabal... O de fuera, Cocteau, Veronese, Beckett, Dario Fo... Me gusta hacer la puesta en escena porque no toda la información viene a través del texto, hay mucha que llega por las imágenes y esa mezcla es fundamental para mí en la escenografía. El lenguaje no verbal de signo metafórico juega un papel importantísimo en mi teatro. La luz o la oscuridad, los sonidos o los silencios, los olores y las imágenes son tan importantes como las palabras. Y además en este caso, la casa creciendo –un palacete burgués– a lo largo de la obra, es un elemento físico destacadísimo que se manifiesta como uno de los desencadenantes del drama».

En cuanto al amplio reparto –diez actores en escena–, formado por Fernando Albizu, José Ramón Arredondo, Ana Cerdeiriña, Luis Hostalot, Ana Marzoa, Juan Matute, Miguel Palenzuela, Juan Carlos Talavera, Marilyn Torres y Samuel Viyuela, Campos García destaca «su calidad y su eficacia. Los actores son fundamentales siempre, pero aquí especialmente, porque sobre ellos recae la responsabilidad de llevar a los espectadores desde la comedia a algo imprevisible entre la realidad y la ficción». Y concluye: «Esta obra es un disparate y, precisamente por eso, tiene mucho que ver con la realidad».