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Teatro

Ciudad Juárez

«Los cuerpos perdidos»: Estrépito y boato

«Los cuerpos perdidos»: Estrépito y boato
«Los cuerpos perdidos»: Estrépito y boato larazon

Autor: José Manuel Mora. Directora: Carlota Ferrer. Intérpretes: Carlos Beluga, Julia de Castro, Conchi Espejo, Verónica Forqué... Teatro Español. Madrid. Hasta el domingo.

Nuevo fruto teatral del tándem formado por la directora Carlota Ferrer y el dramaturgo José Manuel Mora que se malogra por el ruido conceptual, las alharacas escénicas y, en definitiva, la presuntuosidad artística. El punto de partida argumental de la obra es la serie de salvajes asesinatos y violaciones a mujeres jóvenes o menores de edad que se han cometido en Ciudad Juárez durante más de dos décadas. La posible vinculación de un grupo de personas del ámbito universitario –con un nivel social, económico y cultural, por tanto, más que óptimo– a esos atroces crímenes es la base sobre la que Mora intenta proyectar su reflexión acerca de la degradación moral del ser humano y la decadencia de un primer mundo que ha ido enmascarando sus principios éticos bajo el marketing de la corrección y la buena apariencia. La trama, tal y como está armada, no da en realidad para más de media hora: no hay un análisis profundo de los personajes, por lo que se antojan poco comprensibles en el dilatadísimo desarrollo, ni hay una pizca de tensión dramática en el conflicto que protagonizan. Habrá quien entienda que la propuesta se inclina hacia el teatro documental en su relato profundo y que, por eso, busca deliberadamente cierta asepsia a la hora de mostrar los personajes y las situaciones en las que se desenvuelven; pero, si es así, mucho menos se entiende una dirección que, precisamente, embadurna todo el espacio de estridente colorido y conduce de manera caprichosa la acción arrastrándola hacia la desmesura, con fútiles elementos escénicos, o paralizándola hasta el sopor en flojitas imágenes de pretendida poesía. Poco puede hacer para salvar los muebles un elenco en el que solo Cristobal Suárez dispone de un personaje con un mínimo esqueleto para poner sobre él algo de carne y hacer que circule dentro un poco de sangre. Y no lo desaprovecha.