Un salto generacional

«What the Body Does Not Remember», que trae la compañía belga Última Vez, fue la primera coreografía de Wim Vandekeybus en 1987
«What the Body Does Not Remember», que trae la compañía belga Última Vez, fue la primera coreografía de Wim Vandekeybus en 1987

Es significativo que esta XXIX edición de Madrid en Danza, tres semanas para marcar en la agenda de cualquier aficionado, arranque con «Bosque Ardora», la nueva propuesta de Rocío Molina (Málaga, 1984), una naturaleza viva que viaja por lugares imaginarios y teatrales (Teatros del Canal, ayer y hoy). La bailaora y coreógrafa, una de las voces más interesantes del nuevo flamenco, sirve de puente entre las dos tendencias que el certamen de la Comunidad de Madrid aúna: los nombres consolidados –ahí están Mónica Runde, Nicolás Rambaud, Sol Picó o Dani Pannullo– y una generación de creadores que comienzan a tener su sitio. Molina no pertenece a esta categoría: aunque está entre las más jóvenes, ya tiene nombre propio en el panorama coreográfico; como prueba, el Premio Nacional de Danza que recibió en 2010. Pero en ese grupo sí encontramos a Javier Martín, Iker Arrue, caraBdanza, Fabian Thomé... Fuerte presencia española en un certamen algo adelgazado de «grandes» nombres internacionales: mirar atrás en la historia del festival es toparse con la Nederlands Dans Theatre, Galili, Batsheva, Bonachela, Wayne McGregor, Merce Cunningham... O con ballets como el de la Ópera de Lyon, Leipzig, Biarritz, Montreal, Marsella...

Todo eso parece lejano. Con todo, sería un error no destacar la presencia de dos compañías de primera línea, ambas en los Teatros del Canal: la primera, Les Ballets de Monte-Carlo, dirigidos por Jean-Christophe Maillot, formación estrella que regresa a Madrid con «LAC», un nuevo acercamiento a «El lago de los cisnes» (20 al 23 de noviembre). La segunda, los belgas Última Vez, con Wim Vandekeybus, coreógrafo, director y figura de referencia al frente, que traen «What The Body Does Not Remember», historia viva de la danza contemporánea: fue la primera pieza que creó el bailarín en 1987 (días 21, 22 y 23). El Canal acogerá también a Susanne Linke con «Ruhr Ort», en otra reconstrucción similar: esta veterana alumna de Pina Bausch retoma junto a la compañía Renegade su propia obra estrenada hace años (días 13, 14 y 15).

En trance psicotrópico

Desde Quebec llegarán Marie Brassard, dramaturga y colaboradora de Robert Lepage, y Sarah Williams, bailarina en formaciones históricas como La La La Human Steps. Juntas ponen en escena «Moving in this World», que indaga en los efectos de drogas en estados de consciencia, éxtasis y trances (Cuarta Pared, días 13, 14 y 15). Y de los Países Bajos, Marina Mascarell y Korzo Productions, en «The Unreality of Time»: un compositor, Chris Lancaster, y cinco bailarines, sobre un escenario formado por 150 kilos de lentejas verdes (Nave 73, días 21 y 22). El alemán Vincent Bozek llevará el solo «Maquillage» a Kubik Fabrik (días 22 y 23).

De lo que no cabe duda es de que el certamen potencia en esta edición el talento nacional. Mónica Runde y 10&10 Danza visitan La Abadía (días hoy, mañana y el domingo 9) con «Episodios (Temporada 25)», creación con autores invitados que puede degustarse como menú variado de la mejor danza contemporánea madrileña de la última década: la propia Runde interpreta en solitario coreografías de Pedro Berdäyes, Carmen Werner, Luis Luque, Daniel Abreu y Claudia Faci (esta última, actriz, bailarina y personalísima narradora, dirige además el espectáculo). Danni Pannullo llevará a Casa Árabe «Haablk!», con bailarines árabes (día 19), y Sharon Fridman, bailarín israelí instalado en Madrid con su compañía, propone una metáfora sobre la guerra, la supervivencia y la reconstrucción, «Free Fall*» (Teatros del Canal, días 29 y 30). En la periferia, el «Tokyo Dreams» de Mey-Ling Bisogno, coreógrafa de narraciones semi teatrales, que se acerca a su fascinación por Japón (Leganés, día 29). Otro nombre propio –una trayectoria plagada de éxitos y premios la avalan– es el de Sol Picó. Para quien no conozca su obra, «One-Hit Wonders» (Cuarta Pared, 7 y 8 de noviembre) es ideal: una selección de sus mejores piezas.

Si éstos son nombres conocidos por los amantes de la danza contemporánea, el certamen no se olvida de voces «alternativas a lo alternativo». Javier Martín, en «Control», baila en solo, con improvisación y debate posterior sobre materias como la cinética y la biodinámica (Teatro del Arte, días 17 y 18). Como el título de su pieza, «Bailarina de fondo en concierto» (Teatro Pradillo, del 12 al 15), Tania Arias Widogradow es una corredora de fondo a media carrera. Formada con Mónica Valenciano, esta coreógrafa madrileña lleva indagando en solitario en propuestas de danza desde 2008, y la suya es una de las miradas más originales en el terreno independiente. Por eso no sorprende encontrar en esta pieza a colaboradores como Juan Loriente, Johanne de Silentio (léase, Sindo Puche), Carlos Marquerie o la propia Valenciano.

Jóvenes son los coreógrafos de «Tres caminos» (Colmenar Viejo, día 8), creación de la compañía caraBdanza detrás de la cual se encuentran los madrileños Gonzalo Díaz, Carolina Márquez y Ana Catalina Román, aunque llevan juntos ya desde 2007. O el vasco Iker Arrue, alma de Ai Do Project, que propone en «119.104» y «Invisible Beauty» un homenaje al neurólogo Viktor Frankl, que pasó por los campos de concentración nazis y un reflejo de la relación con una persona con alzheimer, respectivamente (CC Paco Rabal, día 14, y San Lorenzo de El Escorial, día 15). Y Fabian Thomé, cuya compañía muestra piezas de éste y tres creadoras madrileñas (La Cabrera, día 22).

Además de la apertura, a cargo de Molina, los cambios que viven los géneros más españoles estarán representados por Daniel Doña y Manuel Liñán, dos bailarines y coreógrafos con sus respectivas compañías que hace ya algunos años que son más valores consolidados que promesas. Doña, con «Black Box», le da una vuelta a la danza española en una pieza para cuatro bailarines, estreno absoluto en el Corral de Comedias de Alcalá de Henares (días 20 y 21). Liñán, con «Nómada», lleva el flamenco a diferentes lugares, en un estudio geográfico en el que cuenta con seis intérpretes, tres voces y dos guitarras (Teatros del Canal, días 15 y 16). David Cruzeta, en alianza con el guitarrista José Luis Montón, ofrece otra manera de entender el sentir andaluz en «BPM Dualidad» (San Lorenzo de El Escorial, días 29 y 30).

Otra mirada aportan Tamako Akiyama y Dimo Kirilov, intérpretes extranjeros instalados en Madrid y reconvertidos en creadores con una historia de amor, «Entre mareas» (San Lorenzo de El Escorial, 22 y 23); o el solo de Nicolas Rambaud, «¡Valgo?» (en Tyltyl, Navalcarnero, días 22 y 23). En éste reflexiona con ironía sobre la supervivencia del artista en tiempos que obligan a la austeridad, al autoempleo, a la escasez. Tónica de un certamen que, como otras citas, se ha ajustado el cinturón. Donde antes había espectáculos de veinte bailarines, hoy abundan los solos, los dúos, los montajes de compañías esforzadas que ponen a cuatro, cinco o seis bailarines en escena.