Un «influencer» llamado Da Vinci

El Louvre abre mañana sus puertas a la exposición más importante realizada sobre el genio italiano con motivo de los 500 años de su muerte. Las reservas van por 180.000 entradas y las colas se prevén interminables.

El Louvre abre mañana sus puertas a la exposición más importante realizada sobre el genio italiano con motivo de los 500 años de su muerte. Las reservas van por 180.000 entradas y las colas se prevén interminables.

Diez largos años de preparación, cianco de tensas negociaciones con Italia y un enorme dispositivo nunca visto para una muestra temporal sin precedentes que se anuncia como la mejor que se ha hecho entorno a la figura de Leonardo Da Vinci. El Louvre celebra los 500 años que se cumplen de la muerte del genio italiano y lo hace por todo lo alto, sin escatimar ningún recurso para que Da Vinci luzca como nunca. «Hay que tener espaldas muy sólidas para organizar una muestra sobre Da Vinci» confesaba los días previos a la apertura, mañana, Vincent Delieuvin, el conservador del museo parisino especialista en el genio del Renacimiento. Sobre todo porque esta gran exposición, que muchos consideran el evento cultural del año en Francia, ha estado marcada por las tensiones políticas que vivían de fondo los dos países, Francia e Italia, y que en algunos momentos, llegaron a poner en peligro la muestra. De hecho la llegada a París de algunas de las 162 piezas, entre óleos, dibujos, manuscritos y esculturas, que va a lucir la exposición, aún no estaba confirmada a pocas horas del arranque. Las expectativas han hecho disparar el número de billetes reservados con antelación a 180.000. Una reserva que es obligatoria y para la que hay que armarse de paciencia porque el cartel de completo ya luce en varias jornadas.

El gran rompecabezas de la muestra viene precedido por lo delicado y extraño que es hacerse con el traslado de un cuadro de Da Vinci. De entre la veintena de pinturas que hay identificados en el mundo, el Louvre con cinco ejemplares es la institución que más acapara. Obtener los otros ha sido una tarea de titán. Once de ellas, en total, estarán en el museo parisino hasta finales de febrero. Las primeras peticiones se lanzaron hace cuatro años y los traslados han sido sumamente complejos debido a que son obras de una fragilidad extrema. Incluso en algunos casos, como «El hombre de Vitruvio» ha habido que pasar por medio de una decisión de la justicia italiana que ha mantenido el operativo en vilo hasta el último minuto. La delicada obra, que se mantiene en una bóveda climatizada en la Galería de la Academia de Venecia, se expone en contadas ocasiones al público, y su préstamo despertó la tradicional rivalidad cultural entre Francia e Italia. El precedente gobierno populista liderado por el exministro de Interior italiano Matteo Salvini negó el préstamo acordado por su antecesor, gobierno de centroizquierda. Con la salida de Salvini este verano del gobierno, cambió de nuevo la actitud de Roma y se reactivó el préstamo que fue finalmente ratificado por la justicia. Una controversia por episodios que además se reforzó cuando un reconocido presentador de la televisión francesa metió la pena en directo definiendo a Da Vinci como «el genio francés».

Pero sin duda, el mayor enigma de la muestra no resuelto a pocas horas de la apertura al público , es si el «Salvator Mundi», atribuido a Da Vinci y subastado por 450 millones de dólares por Christie’s en 2017, va a reaparecer en público. «Es poco probable, pero no del todo descartado» decían este martes fuentes de la institución. El paradero de esta obra, en la que Cristo emerge de las tinieblas bendiciendo con una sola mano al mundo mientras sostiene con la otra una esfera transparente, sigue siendo puro misterio. Mientras algunos expertos apuntan a que se encuentra en los depósitos del Louvre de Abu Dabi, otros coleccionistas afirman que estaría navegando a bordo del yate del príncipe heredero de Arabia Saudita, Mohamed bin Salman, teoría a la que se han sumado algunos medios como «The Wall Street Journal». Otra versión del lienzo, de talla más grande, sí estará presente en la muestra pero nadie duda de que el hecho de que el original apareciese in extremis supondría todo un reto geopolítico.

Pura fascinación

Otra de las claves de la muestra es que las once pinturas originales del autor estarán magistralmente revalorizadas por el resto de piezas que contribuyen a explicarlas. A Leonardo da Vinci, quien denominaba el oficio de pintar «ciencia de la pintura», le habría gustado el tono científico y exhaustivo con el que Vincent Delieuvin y Louis Frank, los comisarios, imaginaron su retrospectiva. «No publicó nada, pintó poco y sus cuadros quedaron inconclusos. Sin embargo, la gente estaba fascinada. Su obra es un reflejo de su vida», resume Delieuvin. El itinerario arranca, como su trayecto artístico, con una panorámica de su aprendizaje fundamental en la Florencia de 1464. Alumno de Verrochio, uno de los mayores escultores del siglo XV, Leonardo aprendió con él la forma y el movimiento; el claroscuro. En el espacio dedicado a la sección «Libertad», segunda sala, las obras ilustran el principio de que el pintor sólo puede atrapar la realidad a través de la libertad espiritual y la de su mano. En la sala «Vida», se puede comprobar cómo Leonardo domina ya su arma secreta, el sfumato. Aquí permanecerán algunas de sus obras maestras: Santa Ana , San Juan Bautista y La Belle Ferronnière , tres cuadros restaurados a lo largo de los diez años de preparación de la muestra.

Gracias a la reflectografía infrarroja, se podrán estudiar las diferentes etapas en la concepción y realización de los cuadros. Leonardo trabajaba sus obras, a veces, durante 15 años y las dejaba inacabadas. Cada pintura es una historia, a menudo con abundantes significados, símbolos y secretos. La expresión de las sonrisas tiene mil lecturas y a ello a contribuido la joya por excelencia del Louvre, La Gioconda, que estará ausente de la exposición porque acaba de ser reubicada. Sin embargo, y a modo de compensación, el visitante podrá conocer algunos de sus mayores secretos gracias a la realidad virtual con un casco tecnológico que le permitirá conocer más sobre la forma de vida de la Mona Lisa, su peinado, su mirada, su postura e incluso sobre los paisajes que rodean a esta mujer. Un recorrido excepcional para poner la guinda a la exposición «más difícil» en preparativos de la historia del Louvre como ha llegado a confesar Sébastien Allard, conservador jefe del museo.