Un maestro del "relato real"

Javier Cercas lleva diez novelas a sus espaldas y varios libros de ensayo y artículos
Javier Cercas lleva diez novelas a sus espaldas y varios libros de ensayo y artículos

La narrativa de Javier Cercas (Ibahernando, Cáceres, 1962) ha supuesto durante años todo un reto expresivo, por su incisiva mirada crítica, equilibrado compromiso civil, concienzudo rigor documental y cuidada forma estilística. Su trayectoria como escritor se iniciaba a finales de los años ochenta dentro del ámbito de la pura novela, con acertados planteamientos argumentales y notable construcción psicológica de personajes. No tardará en mutar hacia lo que representa actualmente un hallazgo literario de primer orden: la lograda simbiosis de realidad y ficción. Bajo el criterio de lo que denomina «relato real» novelizará las interioridades del 23-F, la marginalidad delincuencial en el tardofranquismo y la Transición o la impostura del falso prisionero en un campo de concentración nazi. Temas estos tratados con la agilidad de la crónica periodística y el reportaje informativo, incluyendo la reflexión ética, la memoria colectiva y la implicación autorreferencial. Estos formantes se hallaban ya en «Soldados de Salamina» (2001), la novela que le consagrará como un narrador en busca de la comprometida objetividad; esa historia que recrea la peripecia, durante la Guerra Civil española, del combatiente huido de un fusilamiento frustrado, y que será ayudado por un soldado enemigo, se inspiraba en el «relato real» del militante falangista y escritor Rafael Sánchez Mazas; cobraba así cuerpo ficcional una experiencia auténtica, jugando el autor con una original ambigüedad, de insospechada fuerza creativa. Su implicación personal en esta modalidad literaria le adentra en lo autobiográfico, al ser el mismo Cercas, investigando obsesivamente en el trasfondo de estas historias, un personaje más de las mismas, acaso el protagonista esencial de la mayoría de sus novelas. El origen de esta escritura cabe buscarlo en la narrativa de su admirado Gabriel García Márquez, por su tono de elaborada invención de la noticiosa cotidianidad; y en Borges, con su ambigua visión de un irreal universo. Se llega así a un relato testimonial, versión novelística de la machadiana «palabra en el tiempo», abordando una historia que interroga al lector, planteándole el ayer y la memoria de lacerantes conflictos del presente. Resulta patente la condición ensayística de esta literatura, cuyas tramas y argumentos, hasta cierto punto pretextuales, se vinculan a conflictivos temas de debate: el ancestral cainismo (a la manera unamuniana) de nuestra historia, la suplantación de la verdad por la impostura y todo su mundo de falsas noticias, o la intencionada manipulación del pasado. En algún artículo («Escribir con un viento salvaje») el mismo Cercas ha detallado ese proceso creativo de honda implicación personal, señalando que el novelista «parte de la propia experiencia en bruto, de la experiencia personal al desnudo, y, mediante la manipulación de esos datos primarios con la técnica del novelista, acaba enmascarando, hasta volverla irreconocible incluso para sí mismo, la realidad experiencial de la que había partido». Se establece así un borgeano juego de espejos, donde el autor encara la ficción de su propia identidad, logrando el singular artefacto de una novela que excluye los intimismos sentimentales, el documentalismo costumbrista, la proclama contundente y la maniquea denuncia social. A lo largo de tres décadas, Javier Cercas ha optado por una escritura arriesgada y transgresora, con la que ha revisitado lúcidamente el realismo crítico, huyendo de cualquier convencionalismo expresivo. Autobiografía, indagación histórica, reconstrucción del pasado, compromiso civil, mirada tolerante, renovada estructura narrativa, ambigüedad del conocimiento, versatilidad del recuerdo, soterrado ensayismo y ágil amenidad constituyen los elementos de esta ya clásica excelencia, partícipe inexcusable de la mejor literatura española actual.