«Western»: La ley de la frontera

Dirección y guión: Valeska Grisebach. Intérpretes: Meinhard Neumann, Reynhardt Wetrek, Viara Borisova. Alemania-Bulgaria, 2017. Duración: 121 minutos. Drama.

El western nació como género obligando al mito a morder el polvo de lo real. La conquista de un espacio de leyenda se correspondía con el dibujo de una frontera esbozada con sangre y espíritu de aventura. En esa conquista estaba inscrita, casi de modo documental, la crónica de un feroz colonialismo, cuyo esquema argumental sirve para que Valeska Grisebach busque sombras y resonancias de esa foto histórica en el modo en que, en el siglo XXI, la Europa del primer mundo invade la Europa en vías de desarrollo con la excusa de mejorar su calidad de vida. La América salvaje es la Bulgaria agreste de la contemporaneidad, con la salvedad de que la nación colonizadora, Alemania, ya pisó ese territorio con intenciones menos altruistas –si altruismo significa sucumbir a una versión moderna de la fiebre del oro– hace setenta años. Si ya desde el título «Western» evoca la relevancia iconográfica de un género en permanente estado de mutación, con su enigmático jinete pálido venido de la nada, su comunidad de hombres duros –enfrentados con los nativos por el control de un territorio que es sinécdoque de una nación oprimida y conquistada (espléndido elenco de actores no profesionales)–, y sus paisajes derretidos bajo un sol de justicia, nunca lo hace desde la impostura artística. Por el contrario, la película funciona como un tenso, hermoso drama fronterizo que trata de disfrazar a duras penas su dimensión sociopolítica siguiendo a un hombre sin pasado que no se casa con nadie, que tiene un pie en un mundo (a la fuerza: el de esa cofradía de obreros de una planta hidroeléctrica en construcción que clavan una bandera alemana en patria ajena) y un pie en el otro (por curiosidad: el de los nativos acogedores con los disidentes), y que, en su ambigua independencia y en su inagotable capacidad de observación de los microracismos que lo rodean, Valeska Grisebach identifica con una posibilidad de ser libre, aunque ésta sea bastante remota y esté llena de claroscuros.

LO MEJOR

Es un western sin serlo, es una película social sin gritar sus denuncias, y está planteada con gran rigor

LO PEOR

Que Valeska Grisebach haya esperado tanto tiempo (once años desde «Sehnsucht») para dirigir una cinta