El dato histórico contra el que lucha el Barcelona, además del Nápoles, en la Champions

Las cinco veces que ha conquistado la Orejano ha sido bajo unas circunstancias que ahora no se dan

Hay una frase hecha que dice que «el tiempo lo cura todo». No es cierto al cien por cien. El paso del tiempo ayuda, pero el cambio debe venir de uno mismo y el Barcelona tiene que demostrar si las tres semanas que han pasado entre el final de una Liga que perdieron de forma triste y el comienzo de la Champions ha sido suficiente. Y, sobre todo, si la transformación que predican en público es real. Hubo reproches al final del campeonato de la regularidad, malas caras, frustración y reuniones, como la de Messi y Setién a la que hace referencia Arturo Vidal en una entrevista en «Mundo Deportivo». «Los jugadores tienen que estar a gusto para tratar de dar el máximo, pero últimamente no estaba pasando eso, y ahora claramente la actitud ha cambiado por todas partes y estamos todos con mucha confianza para luchar por la Champions», dice el chileno, que se pierde el choque con el Nápoles por sanción. No será el único, ya que Busquets también tiene que parar obligado por acumulación de tarjetas, Braithwaite no puede jugar en Europa; Arthur, en fin; o Dembélé sigue su proceso de recuperación. Total, que son trece jugadores del primer equipo más Ansu Fati, Riqui Puig, Araujo, que están más fogueados y «preparados para ser titulares», según Setién, y otro puñado de canteranos menos experimentados para la «final» contra el equipo italiano. Porque todo son finales en esta Liga de Campeones del coronavirus: los octavos se deciden hoy en el Camp Nou sin público y la ventaja del Barça es que el 0-0 le clasifica tras el 1-1 de la ida. Los cuartos y las semifinales serán a partido único en Lisboa. «Contar con todos hubiera sido mejor porque te permite elegir. Vamos a tener a jugadores del filial que nos van a tener que ayudar si fuera necesario. Nos hubiera gustado jugar con todos, pero no podemos y hay que adaptarse», se resigna el técnico.

En tres semanas ha habido tiempo para descansar el cuerpo, resetear la mente, volver al trabajo y poder preparar el partido ante el Nápoles con garantías. Más allá de la falta de efectivos, problema estructural del equipo azulgrana este curso, pocas excusas puede poner. «Las sensaciones que nos quedaron del último partido [ante el Alavés, tras el desastre contra Osasuna] fueron positivas. Necesitábamos un descanso, pero hemos tenido el tiempo suficiente para preparar el partido y limpiarnos en el aspecto físico también», explicó Setién, que como mejor noticia tiene la recuperación de Griezmann, autor del tanto en la ida. «La realidad es que no se me ha pasado por la cabeza la posibilidad de que este sea mi último partido. Lo hemos preparado pensando que vamos a continuar y a llegar a la final», dijo el técnico, que, para demostrar la confianza que tiene en los suyos, incluso habló en futuro y no en condicional de Dembélé, al que de momento no convoca. «Vendrá seguro a Portugal, y a ver si puede participar», dijo el entrenador. Para llegar a Portugal tienen que ganar hoy y si no lo hacen es más que probable que la temporada que viene haya otra persona en el banquillo azulgrana. «Que siga Setién sería una buena señal porque significaría que hemos hecho las cosas bien», dijo Busquets, el jugador que habló para los medios de forma sorprendente, porque no juega.

Es un esfuerzo corto de cuatro partidos el que puede llevar al título más deseado en el Barcelona después de los desastres de las últimas temporadas contra la Roma y el Liverpool. Es como un cambio de chip en un equipo que en los últimos tiempos se ha movido bien en la competición de la regularidad y con dificultades en las de cara a cara continentales (que no en la Copa). Es más, históricamente no le ha funcionado eso de intentar salvar la temporada con la Champions. Las cinco veces que ha levantado la Orejona (1992, 2006, 2009, 2011 y 2015) han sido después de haber conquistado también la Liga, es decir, tras un año constante. Sólo en las dos primeras finales (1961 y 1986) alcanzó el último partido sin haber ganado en España, aunque ambas las perdió, la primera en la noche de los postes contra el Benfica y la segunda de forma increíble en los penaltis contra el Steaua. La otra final, ante el Milan en 1994, sí fue tras sumar una nueva la Liga.

«Estos jugadores han disputado estos partidos decenas de veces. La motivación la llevan», piensa el entrenador. Él dirigirá su segundo partido en la máxima competición