La dura tarea de que Messi vuelva a sonreír en el Barcelona

En la entrevista se vio tristeza, decepción, frustración, resignación llena de rabia contenida, dolor, mucho dolor. Como seguramente Freud hubiera suscrito...

La entrevista a Leo Messi nos deja todo un Tratado de Psicología del Deporte. Un hombre que durante días ha logrado que, para muchos, la pandemia que nos asola haya pasado a un segundo plano. Hay una paleta de matices enorme y será difícil en un número limitado de palabras expresar lo que como psicólogo observo. Tristeza, decepción, frustración, resignación llena de rabia contenida, dolor, mucho dolor. Como seguramente Freud hubiera suscrito, hay un conflicto profundo con la figura paterna, ese padre de quien se espera que después de haber luchado, como buen hijo, por el club durante tanto tiempo, te engaña, te traiciona, no te deja volar y no quiere comprender que ya no eres feliz y necesitas aires nuevos. No es el hijo quien tiene miedo de irse, es el padre quien tiene miedo de que se vaya; porque se iría, sin duda, el pilar de la familia, del Barça, ese que en parte ha unido su destino a otro desatino que divide.

El miedo tiene mucho de egoísmo, de narcisismo, de no tolerar el daño; el miedo no permite ver a los demás porque te hace vivir en la oscuridad. Sus palabras ponen en entredicho lo que es un equipo, seguramente el Barça echará de menos a Inma Puig, que durante largo tiempo cuidó de sus directivos. El padre no entiende que un equipo deportivo tiene una biografía, y que lo mismo que nació y vivió, tiene un tiempo limitado, tiene un punto final. Leo lo describe como un fin de ciclo, la necesidad de sangre nueva, con nuevos objetivos, porque el proyecto ganador con el que él estaba comprometido ha fracasado en los últimos tiempos. Es la destrucción, porque desde arriba se van tapando agujeros. Todo lo contrario que supone la solidez del concepto de equipo que es dirección eficaz, objetivos claros y alcanzables poniendo los medios necesarios para ello, y es muy curioso que Messi no mencione ni una vez la figura del entrenador. Toda la artillería, toda la puntería que ha demostrado en este tiempo, va dirigida a la misma figura y preserva y defiende la identidad, el club.

Cierto es que pagar la cláusula puede ser imposible, pero seguro parece que no quiere dañar la imagen del Barca, de la casa de la que ahora quiere salir por conflictos irresolubles con el padre. En un equipo no sólo es importante la felicidad de todos, sino que cada uno de sus miembros, tengan el papel que tengan, deben ser felices participando en diferente medida de las metas comunes. Si, de alguna manera, Leo ha cuidado de este equipo durante años, con su goles -que se lo digan al Sevilla-, ahora necesitarán cuidarlo, diría que con mimo. Los que no son felices en casa y no tienen opción de salir, saben bien de lo que escribo. El club, el entrenador, la afición, que en parte le ha criticado, y tanto dolor le ha causado, tendrán que devolverle la sonrisa, esa que aligera las piernas, la que aclara las ideas, la que fomenta la creatividad y aumenta la motivación. El Barca tiene una tarea dura por delante, reestructurar ese equipo, devolver la sonrisa al jugador que más les ha hecho felices en todos estos años. Sin duda, el trabajo psicológico que tienen por delante va a ser largo y delicado.Suerte tendrán los clubes que se enfrenten mientras no se les devuelva la alegría.