Pablo Carreño está como un toro físicamente para las semifinales del US Open ante Zverev

El español ha alcanzado por fin la plenitud física tras muchas lesiones y no renuncia a nada en Nueva York

Un saque a la zona de la «T» y Shapovalov que restó a la red. La batalla de cuatro horas y ocho minutos había terminado: 3-6, 7-6 (7/5), 7-6 (7/4), 0-6 y 6-3. Pablo Carreño levantó los brazos y gritó «vamos, vamos» mientras miraba a Samuel López, uno de sus entrenadores, encantado de que su pupilo se plantara en las semifinales del US Open. «Estoy destrozado», confesó el jugador. «Pero feliz», añadió. Supo aguantar un partido al límite y a un rival que logró 76 tiros ganadores, entre ellos 26 saques directos, y que en el global sumó más puntos, 160 por 152 del español, pero no los decisivos.

«Los últimos meses durante la cuarentena fueron duros para todos. Entrené mucho y cuando lo haces llegan los resultados», opinó Pablo. El parón por el coronavirus le pilló en Barcelona y allí quemó su sótano con ejercicios físicos y de fuerza corregidos por vídeollamada. Después, en cuanto pudo, a mediados de mayo, se fue a Alicante para volver a su Academia, la Equelite Juan Carlos Ferrero. «Ha trabajado mucho, tanto tenística como físicamente», dice Antonio Martínez Cascales, presidente y fundador de la academia que lleva el nombre del ex numero uno del mundo, al que dirigió.

«En lo tenístico está intentando ser más agresivo. Él lo es, pero a veces se deja alguna pelota y ha trabajado en ese sentido, para cuando se presente la oportunidad ir al ataque», explica Cascales, que destaca especialmente el otro aspecto: «Se ha puesto súper fuerte. Los fui a despedir a la estación a él y a Samuel [su entrenador] y se lo dije: ''De físico estás mejor que nunca''». Siempre es un aspecto que ha tenido que cuidar el asturiano, operado de una hernia cuando era joven, algo que te puede lastrar para siempre para ser tenista. «Hace mucha prevención de espalda, es súper profesional, pero a veces tiene un poco de miedo cuando le molesta», desvela Cascales.

En los cuartos contra Shapovalov Carreño cedió el cuarto set en blanco y pidió la presencia del fisio. Notó dolor en la parte baja de la zona maldita, pero se la desbloquearon y pudo recuperar el nivel y ganar.

Supo sufrir Carreño. O mejor dicho, sabe sufrir, en general, porque este 2020 por fin está pudiendo tener continuidad. Al acabar 2019 ganando la Copa Davis con España sólo pedía una cosa: «No quiero lesionarme». El asturiano había pasado de la gloria al infierno. Porque si en 2017 ya llegó al mismo sitio que ahora: las semifinales del US Open, y además se colocó en el «top 10» y estuvo en el Copa Masters como reserva; desde mediados de 2018 y durante año y medio apenas podía encadenar tres o cuatro meses seguidos sin verse obligado a parar: si no era el hombro era el abductor o si no la espalda.

En 2020 sí está cumpliendo el objetivo de acumular partidos y torneos, aunque en medio llegó el coronavirus. Antes, casi todas sus derrotas fueron con jugadores «top» como Nadal, Aliassime o Tsitsipas; y un par de deslices con Gombos y Lloyd Harris. Después de la cuarentena, en Cincinnati cayó con otro tenista de nivel como Khachanov, pero en un duelo muy disputado.

Su camino en el US Open parecía que tenía los octavos como última parada, porque ahí estaba el ogro Djokovic, pero el incidente del pelotazo a la juez de línea le permitió seguir adelante, aunque ya iba ganando 6-5 con break el primer set. Con Shapovalov ya finiquitado, en semifinales le espera Zverev, contra el que aspira a llegar a su cima tenística.

Tiene, a sus 29 años, la madurez para intentarlo y también el tenis: «Es un jugador muy completo. Hace muy bien todos los golpes y saca, resta... Por eso es tan buen jugador de dobles [ganó Cincinnati junto a De Miñaur]. Tiene envergadura para estirarse y de cabeza también es muy estable y eso es decisivo a cinco sets», lo define Juan Avendaño, el ex capitán de la Davis, asturiano que lo conoce desde niño.