Atletismo: Duplantis, de “gordito universitario” a batir los récords del mundo de Bubka

Así es la sensación del atletismo mundial, el joven de 20 años que “nació” con una pértiga y odia los vegetales

Una de las primeras felicitaciones a Duplantis tras el vuelo de 6,15 fue de Serguéi Bubka. Pero no a Greg Duplantis, al que conoce desde hace muchísimos años y que fue su rival, un más que meritorio atleta que llegó a 5,80, sino a Armand Duplantis, su hijo, que ha superado todos los registros del mito de la pértiga. «Enhorabuena por romper mi récord. Feliz por él y sus padres. Son grandes personas. Y feliz por el atletismo y los deportes en general por tener una estrella tan brillante en los próximos años. ¡Todo lo mejor y adelante a por nuevas alturas!», dijo Bubka tras ver cómo un chiquillo de apenas 20 años se está acercando a tocar las nubes todavía más de lo que lo hacía él.

El 10 de noviembre de 1999 Armand Duplantis, o Mondo, como le conocen todos, nació en la ciudad estadounidense de Lafayette, en Luisiana. Estaba destinado por genes a ser deportista. Si su padre fue pertiguista, su madre, Helene Hedlund, era heptatleta, y sueca, a la que Armand está muy unido y por ella optó por esa nacionalidad. Bueno, por ella y también para tener más fácil el acceso a los Juegos Olímpicos de Tokio porque la selección en Estados Unidos es más dura y hay más competencia. Pero eso era antes de que hiciera lo que está haciendo. Ha pasado de ser muy bueno a ser el mejor. Y sigue siendo insultantemente joven. Creció en Luisiana y a los cuatro años su padre ya le había puesto una colchoneta en el jardín, un listón y un palo adaptado para un canijo, que apenas podía doblarlo para impulsarse. Y pronto comenzó a destacar y a batir récords infantiles. Los tiene todos de los 7 a los 12. Y también desde 17 hasta senior. Parecía y parece que ha nacido para eso, aunque su cuerpo engañe. Porque no es ni especialmente fuerte ni especialmente alto, aunque sí rápido (corre los 100 metros en 10,56) para una prueba que requiere de velocidad, fuerza, agilidad y flexibilidad.

En 2020 se ha hecho profesional, pero ya antes tenía un mérito enorme. En 2018 fue campeón de Europa y en 2019, subcampeón del mundo, cuando, como se definía él, era el típico «niño gordito» de la universidad que ahora ha dejado. Uno de sus cambios ha sido el de la alimentación, dejando atrás el pollo frito tan típico de su tierra y aceptando comer algo de «verde». «Odia las verduras, las apartaba de la comida», admite su madre, que se encarga de su preparación física, mientras que su padre es su entrenador. Está claro que éste ha sido el año de su despegue definitivo, antes y después del parón del coronavirus. Porque en febrero batió el récord del mundo con 6,17 y después con 6,18. En pértiga no hay distinción de la marca al aire libre o «indoor», y él lo hizo bajo techo. Todavía había quien decía que no había superado el registro a cielo descubierto y quería acabar con las dudas. «Había un poco de confusión y quería aclararlo todo y ser el mejor al aire libre», confesó. El cielo no podía esperar para él. Fue una declaración entre la soberbia, pensarán algunos, y la determinación necesaria para lograr algo así. Ya desde joven dijo que su objetivo era «jubilarse siendo el más grande de la historia». Había intentado 14 veces sin éxito superar los 6,15 hasta que en Roma... Bingo.

Si la leyenda Bubka le felicitó por la hazaña, el gran rival, Renaud Lavillenie, que también había batido la marca en pista cubierta de Bubka (6,16, en 2014), le aconsejó. Son amigos e incluso se les ha visto entrenar juntos en el jardín del francés, cuando Lavillenie era el ídolo y Duplantis, el aprendiz. El galo le dijo en Roma que golpeara con un poco más de fuerza en el comienzo del salto y con eso lo conseguiría. Y así hizo suyo el récord.

Quería acabar con las dudas y ya no las hay. Él tiene todos las plusmarcas y un futuro largo, prometedor y sin límites por delante.