Joan Cañellas celebra un gol ante Alemania en el Europeo del año pasado, que ganaron los Hispanos
Joan Cañellas celebra un gol ante Alemania en el Europeo del año pasado, que ganaron los HispanosLa Razón (Custom Credit)via REUTERS
J. Cañellas

“Esta generación tiene una cuenta pendiente con los Juegos Olímpicos”

Estará un mes fuera de casa, pero tiene trabajo en el Mundial de Egipto con los Hispanos, campeones de Europa en 2020. En junio, si se disputan, los Juegos a los que tienen ganas

En tiempos extraños, la concentración de la selección de balonmano también ha sido diferente, como cuenta Joan Cañellas (Santa María de Palautordera, 34 años): han estado menos tiempo juntos, han hecho más físico y les ha faltado algún partido por la nevada. También será un Mundial raro el de Egipto: el Covid y sin público. La primera fase les enfrenta a Brasil, Polonia y Túnez (ver fechas y horarios). Es la cita previa a los Juegos Olímpicos, a los que los Hispanos tienen muchas ganas.

-¿Llegan al Mundial con poco balonmano?

-Normalmente nos concentramos del 26 al 30, días en los que solemos hacer físico, y a partir del 2 era básicamente balonmano y había 3 partidos de prepación. Este año no ha habido 26-30 con el grupo, la mayoría estaba en la Final Four o tenía compromisos con el club. La concentración ha empezado el día 2 y hemos hecho mucho físico, uno de los dos partidos no se ha podido disputar por la nieve, el sábado que era el día de jugar tampoco se pudo entrenar. Ha sido raro. En el Mundial podemos ir de menos a más, creo que físicamente hemos trabajado más que otros años, e igual no tanto de balonmano. Ya veremos si esto es positivo o negativo.

-¿Cómo es jugar sin público?

-Con la selección igual afecta un punto menos porque casi siempre que jugamos fuera lo hacemos sin mucha afición española. En la primera fase del Europeo del año pasado en Noruega, por ejemplo, había 4 o 5 personas de España, pero otros países suelen llenar. Yo prefiero que se llene aunque sea en tu contra. Es una forma de meterte en el partido, de centrarte, de motivarte... A mí personalmente no me gusta jugar sin público. Veremos qué tal lo llevamos.

-El sonido del balonmano cambia sin el ruido de la afición...

-Cambia todo: cuando celebras algo se escucha más, cuando te celebran, también se escucha más; a los técnicos también, para lo bueno y para lo malo a veces, si te meten mucha caña, ja, ja, ja... Para los árbitros va a ser más cómodo, a lo mejor la comunicación entre compañeros también, pero se pierde toda la esencia del deporte yo creo.

-El Covid, sin público... ¿Marcará el desarrollo del Mundial?

-En el sentido de la afición los resultados puede ser parecidos porque se juega en Egipto, que es el anfitrión, y los demás, salvo quizá Túnez, estamos en terreno neutral. Cuando las competiciones son en Europa países como Croacia mueven mucha gente, o Alemania. Ojalá nosotros moviéramos tanta, seguro que sería más fácil. Lo que sí puede marcar es si salen casos de coronavirus en un equipo y jugadores importantes o un gran número de jugadores están infectados.

-¿Cómo está la pandemia ahora en Hungría?

-Cuando yo me fui en diciembre estaba mal. En Hungría, en teoría, la primera ola se llevó relativamente bien, mejor que España, aunque también había bastante poca información del Gobierno, pero no había tantas restricciones, fue muy llevadero, y parecía que todo iba a ir por el mismo camino hasta que de repente en noviembre cerraron todo. Es parecido a lo que pasó en marzo, abril, mayo, porque en Hungría nunca se nos ha prohibido salir a la calle a hacer deporte o pasear con los niños.

-¿Cómo lo ha vivido personalmente?

-Yo miedo no he tenido, por suerte. Digo por suerte porque creo que esto tiene relación con las experiencias personales o cercanas que hayas vivido. A nivel familiar o de amigos no he tenido casos o no han sido graves, entonces sigues teniendo respeto a la situación, pero no miedo. Eso sí, en el momento inicial había menos información, estaba en Hungría, no sabíamos lo que iba a suceder, íbamos viendo los casos y la información, y estando lejos de casa, con tus padres que empiezan a tener una edad y empiezan a ser más de riesgo, pues sí le das vueltas a la cabeza.

-¿Cómo encajó que se aplazaran los Juegos?

-Todo hacía presagiar que eso iba a suceder. La cuestión es si este año se van a volver a posponer o no. Al final tenía sensaciones de que en 2020 el equipo nacional estaba muy puesto en eso, de ahí también el resultado del Europeo, yo creo; en general esta generación tenemos todos una cuenta pendiente con los Juegos y eso se nota cuando estás aquí dentro. Desde el Europeo pasado vi a la gente muy metida. El hecho de que se pospusieran, en nuestro caso nos puede afectar igual más que en otras selecciones, porque la mayoría de los componentes somos bastante veteranos. El año pasado llegamos muy bien, pero este año habría que ver porque hay compañeros que han cambiado de equipo, y a lo mejor en el nuevo no tienen los mismos objetivos que en el anterior, habrá que ver también cómo llegamos... En su momento fue duro, pero mira, al poco tiempo de estar confinados al salir a entrenar sentí dolores en la rodilla y me tuve que operar, por lo que no se sabe si hubiera podido ir o no... Así que hay que aceptarlo y a partir de ahí a luchar este año si hay Olimpiadas para llegar en las condiciones óptimas, para saldar esa cuenta pendiente.

-Han declarado el estado de emergencia en Tokio. ¿Le inquieta?

-No depende de nosotros. Veo lejos el momento de la normalidad, y, yo al menos, veo muy difícil que se disputen con público, entonces habrá que ver los intereses de la gente, los organizadores... La intención mía y de los veteranos es jugar esos Juegos e intentar ganar la medalla que nos falta. Si estamos aguantando muchos en la selección es por eso.

-Ir con la selección es también estar un mes lejos de la familia un mes, y son ya muchos años...

-Además mi hija ya es muy consciente de ello. Le viene bien que estemos la familia juntos, y este año lo hemos estado por las circunstancias, pero cada vez que me voy le cuesta más. Desde que me he ido cada poco me llama: “Papá, ¿cuándo vendrás? Papá, quiero que vengas”. Primero en Ciudad Real, que era donde estaban, y después: “¿Vas a venir a Szegen con nosotras? Una noche hace poco no podía dormir porque estaba llorando porque quería que fuera. Y tuve que hablar con ella para calmarla y creo que lloramos todos: ella, mi mujer y yo. Sería la segunda o tercera noche de estar con la selección, y sabes que faltan tres semanas para verla, y es duro. Ellas siguen en Madrid intentando volver a Hungría desde el viernes, así que espero lo hagan hoy [ayer], mi mujer necesita ir a Hungría y estar en casa, primero por trabajo y luego por estabilidad mental, porque está mal ya de esta incertidumbre, de ir cargando con las niñas, las maletas, de arriba abajo. A mí también me va a venir bien para poder centrarme en lo deportivo solamente.

-Este Mundial puede ser uno de sus últimos campeonatos con España. ¿Lo vive como especial?

-Intento disfrutarlo más. En los inicios con la selección siempre es especial; después, cuando llevas unos años, llega un punto, pues de los 26 a los 30, en el que lo ves algo más normal, más habitual y a lo mejor no le das tanta importancia o no lo disfrutas tanto; y ahora en los últimos años, que tampoco sabes si vas a volver o no porque Jordi hace muchas rotaciones... Bueno, soy consciente de que no queda tanto ni a nivel de selección ni a nivel de club. Intento disfrutarlo más. Si va a ser el último Mundial, habrá que hacerlo bien. Si el año pasado fue el último Europeo, pues a lo mejor sí o a lo mejor no. Lo que sí creo es que va a ser la última oportunidad de los Juegos Olímpicos, pero yo que sé, veo compañeros con más años que yo y siguen aquí o en otras selecciones.

-¿Se tiene que cuidar más ahora?

-Todo el mundo con la edad se tiene que cuidar más: más descanso, mejor alimentación, mejor preparación física. Le das más importancia a cosas que antes no, porque no eran tan importantes para que tu rendimiento subiera o bajara. Con la edad y con el hecho de que el balonmano es cada vez más exigente a nivel físico, eso te obliga a cuidarte.

-Y en el juego, ¿qué ha cambiado en usted?

-Ahora tengo más inteligencia táctica y experiencia en determinados momentos, por contra pierdes esa frescura, esa inconsciencia de cuando eres más joven y no le dabas tanta importancia a algunas pelotas. Ahora, sí. Antes eso te podía llevar a precipitarte, pero también te podía provocar situaciones de gol o goles, cosas positivas que ahora igual te lo piensas dos veces. Antes era un juego por mi parte más físico, de contacto, más uno contra uno, pero ahora intentas eludir eso para evitar lesiones o situaciones que te puedan perjudicar. Pero por contra sabes cuándo hay que ir y cuándo no, eliges mejor el momento. Creo que a todo deportista le pasa, decimos: “Si tuviera esta experiencia hace diez años sería mejor jugador”. Es un proceso normal.

-Pero habría que ser Benjamin Button...

-Con la experiencia todo es más fácil, si el físico se mantiene.

-¿Al balonmano se juega con la cabeza o con el brazo?

-Soy un jugador bastante de cabeza. Eso desde fuera puede hacer parecer que no estás metido o que no lo sientes, pero soy bastante calculador, estoy siempre dándole vueltas. Muchas veces me llevo el trabajo a casa, pero evidentemente hay un componente físico en nuestro deporte, es de contacto, y no vale sólo con la cabeza.

-Explique lo de que se lleva el trabajo a casa...

-Estudiar al rival, hay gente ve un vídeo y termina ahí, yo me lo llevo a casa, veo los partidos, me hago mis apuntes; luego, cuando termina el partido siempre me cuesta dormir, repaso las jugadas que han podido ir bien o mal, lo que se puede mejorar, lo que se podía haber hecho... Y ya no solamente del partido, muchas veces la gente pierde, se va a casa y no pasa nada, pero yo le doy vueltas. O las situaciones dentro del equipo, de entrenamiento, cosas que igual se podrían mejorar para tener mejor rendimiento; no sé, o veces que hay problemas, los jugadores estamos dentro del vestuario y sabemos lo que se respira, y no siempre lo que sienten o creen los entrenadores es lo que realmente sucede, y yo a eso le doy muchas vueltas, y a veces me meto en jaleos por ello: cómo poder transmitir a los entrenadores lo que piensan los jugadores, aunque a veces vaya en contra del propio entrenador.

-Falleció Juan de Dios Román. ¿Cómo era?

-Yo no lo conocí como entrenador. Mi primer trato con él fue estando en Ciudad Real, ahí tiene una peña de balonmano, que ahora son amigos, el propietario de un bar-restaurante. Cuando llego a Ciudad Real apenas le conozco. A raíz de su peña y de conocerle mantuvimos alguna conversación. A mí me gusta mucho el jamón y desde ese día, en el que estábamos comiendo jamón, no sé si me cogió cariño o si es que se lo coge a todo el mundo, pero desde ese momento me sentí apreciado, querido y cercano a él. Siempre muy cariñoso, preguntando por la familia... Siempre que nos hablaba al grupo de la selección como presidente o como aficionado, salías más completo como persona. Aprendiendo algo. Una pena no haber coincido más momentos con él.