Hay que acabar con la mafia de la UEFA

Ceferin se ha cargado el equilibrio y la igualdad de oportunidades en el fútbol continental para mucho tiempo por sus turbios intereses con los clubes-Estado

Aleksander Ceferin, presidente de la UEFA
Aleksander Ceferin, presidente de la UEFA FOTO: CATHERINE IVILL Pool via REUTERS

Que la UEFA es una mafia resulta algo probado más allá de toda duda razonable. José María García la definió acertadamente hace ni más ni menos que 35 años como Unión Especuladora de Fútbol Asociación alterando ligeramente el contenido de sus siglas, Unión Europea de Fútbol Asociación. Que su capo, Aleksander Ceferin, es un clon físicamente hablando de esos jefes de bandas del Este que se dedican a robar coches por toda Europa occidental constituye una perogrullada. Que las cosas son lo que parecen, también. Como incontrovertible es que nos encontramos ante un individuo que se ha cargado el equilibrio y la igualdad de oportunidades en el fútbol continental para mucho tiempo por sus turbios intereses con los clubes-Estado financiados por monarquías absolutas que disponen de un talonario infinito para fichar, desfichar y volver a fichar a quien se les pase por el arco del turbante y para astillarles lo que haga falta en A, B y C. En A la ficha oficial, en B en el emirato de turno y en C vaya usted a saber en qué tierras lejanas.

Kylian Mbappé no ha aterrizado este verano en la capital de España por meras razones de geoestrategia pelotera. Tan cierto es que el legítimo «no» del PSG hizo imposible el fichaje como que la mano del siniestro Ceferin estaba detrás de todo presionando mañana, tarde y noche. El presidente de la Unión Especuladora está permitiendo a los parisiens pasarse por el forro el fair-play financiero y abonar a sus jugadores lo que haga falta. ¿Tienen pérdidas? Da igual, amplían capital y a vivir que son dos días. Es la ilegal contraprestación de Ceferin al único grande que no se subió al tren de la SuperLiga, ese invento de Florentino Pérez, Jan Laporta y Andrea Agnelli que garantiza la supervivencia financiera del fútbol.

Y lo que no es opinión sino información es que Ceferin también ha maniobrado entre bambalinas para que el astro francés, al que yo ya calificaba hace dos años como «el mejor del mundo», no juegue de momento en Chamartín. El matoncete esloveno no podía permitir que los merengues conquistasen la Copa de Europa de 2022, bueno, y las del 23, 24, 25 y 26, algo que estadísticamente sería mucho más probable con el 10 de Francia entre sus filas que sin él. Ahora, con el límite salarial convertido para los cataríes en papel mojado, las posibilidades de poner encima de la mesa a Mbappé una de esas ofertas que no se pueden rechazar aumentan exponencialmente. ¿Qué más les da comprometerle 50, 60 ó 70 kilos netos por temporada? Teniendo en cuenta que lo del decadente Messi era más marketing que otra cosa, y ya está en nómina, ¿qué pierden apoquinando más al francés que al argentino? La gran duda es si el chaval, que atesora la personalidad de un tipo duro de 50 y la dialéctica de un enarca francés, resistirá el envite, si aguantará el pulso que le está echando no sólo ese Qatar que es dueño de media Europa sino el máximo dirigente del balompié europeo. Si acabará siendo un émulo posmoderno de Figo o ese por otra parte genial Andrés Iniesta que siempre quiso dar el paso hacia el club de sus amores, pero nunca se atrevió.

Termine como termine este culebrón, una cosa está clara: o los clubes acaban con esta mafia o la mafia acabará con ellos. Y que Madrid, Barcelona y Juventus se olviden de ganar ni una Europa League en el próximo lustro salvo intercesión de la Virgen de La Almudena en el caso de los primeros, La Moreneta en el de los culés o la de La Consolación en el de los turineses. Porque ni tendrán dinero, ni árbitros imparciales, ni bolas frías en los sorteos. Y, mientras tanto, Ceferin se permite el lujo de incumplir su deber de imparcialidad llamando «incompetente» a Florentino por seguir adelante con los faroles de una SuperLiga bendecida por la Justicia europea. Menos mal que ahí estaba el gran Ancelotti para ponerlo inteligentemente en su sitio: «Si es incompetente el presidente del club que más Champions ha ganado, 13, ¿qué son los otros?». Zasca y de los buenos. Así se acaba con chulos de barrio como Ceferin.