100-99 El Barça ríe el último

Perperoglu se sumó a los verdugos que han ejecutado esta temporada al Madrid en el último segundo. Doellman, Bertans, Vives... el alero griego fue el encargado de liquidar al equipo de Laso en el último segundo del primer partido de la final. Fue un choque tremendo, un intercambio de golpes sin tregua y al que puso solución una genialidad de Navarro y un despiste defensivo de Rudy por el que apareció Perperoglu para sentenciar. El capitán azulgrana descifró el jeroglífico de la defensa madridista en los tres segundos finales. Se fue por la línea de fondo y cuando llegó la ayuda de Ayón teledirigió un pase para el alero griego. Perperoglu anotó el tiro decisivo décimas antes de que sonara la bocina de un partido trepidante.

El caudal ofensivo que mostraron Barcelona y Real Madrid pareció durante muchos minutos inagotable. Desde los cinco triples con que Doellman desató las hostilidades mucho antes del descanso a la producción constante de Carroll, el partido fue un recital de solos de guitarra. Y las diferencias, salvo el 11-2 de salida para el Barça, nunca fueron determinantes. El Madrid tardó algo más en entrar en la final. La defensa fue demasiado blanda de salida, pero todo lo que sucedió luego no fue por dejadez defensiva. El acierto de todos los que pisaban la cancha parecía contagioso. Con la aparición de Rudy y Carroll, el estirón de salida del Barcelona se quedó en nada. La producción del banquillo del Madrid fue el antídoto para el acierto colectivo azulgrana. Si la discusión de los dos primeros cuartos fue elevada, lo que llegó a continuación lo superó. Cuando Navarro entró en juego, el Barça encontró todavía más vías para fabricar puntos. En el Madrid hubo espacio para todos. Reyes, Llull, Carroll, Nocioni... los de Laso devolvieron cada golpe hasta afrontar el tramo decisivo en ventaja (82-84) después de un 0-9 de parcial. Con la llegada de los minutos definitivos, el cansancio y las malas decisiones tenían que aparecer. Se trató de descubrir quién cometía menos errores después de un duelo desbordante de aciertos. En el Barça, Navarro tomó los mandos de la nave. En el Madrid, Rudy ni tocó el aro en un triple en el que estaba solo y en el que volaba medio partido. Con todo, el Madrid llegó a la última posesión en ventaja después de una acción de Ayón, 98-99. El Barça consumió once segundos sin encontrar una solución. Con sólo tres por disputar, el balón llegó a las manos de Navarro y con 36 años recién cumplidos, el capitán prestó un nuevo servicio al Barça. Su regalo lo aprovechó Perperoglu para cerrar un partido monumental.