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De los serranitos de Pepi a los hot dogs en Manhattan

El cielo de Sevilla se sublima en una inmensa estatua de bronce que corona la emblemática Giralda. En el de Nueva York, la Gran Manzana, refulge cual Giraldillo un gigante letón con acento de la Macarena y alrededores. Pocos saben en el Madison Square Garden, hogar de los Knicks, que se irguió en 1890 una réplica de la celebérrima torre almohade, que fue demolida en 1925, pero dejó un rastro de imitaciones por todos los estados de la unión que aún siguen en pie. Kristaps Porzingis, la perla baloncestística de 2,21 que asombra a la NBA, se hizo un hombre y, sobre todo, un tremendo jugador en la capital hispalense, donde pasó cinco años vitales para su actual explosión. Capaz de poner tres tapones en la misma jugada; es el segundo máximo anotador de la NBA (30 puntos por partido); es el primer «knickerbocker» que anota 300 puntos en los diez primeros partidos; le llaman «El Unicornio»; el 40 por ciento de los puntos del equipo los genera él; es el jugador que más tiempo tiene el balón en sus manos de toda la Liga; una de las franquicias históricas está a su servicio...

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El célebre niño de las gafas que repudió su elección en el draft por los New York Knicks quizá hubiera tenido razón de no ser por un viejo agente letón que decidió mandar sus vídeos a ciertos clubes españoles. A aquel rubio larguirucho y canijo le hacía falta una marmita de puchero, pero mostraba maneras y un potencial exuberante que deslumbraron a Juan Llaneza y Arturo Montequi, director deportivo y director de cantera, respectivamente, del Club Baloncesto Sevilla.

Tras una prueba, la decidida apuesta del club en 2010 lo sacó por primera vez de su Liepaja natal con 15 añitos. En Sevilla sufrió en sus primeros días el desconocimiento del idioma y los efectos de la anemia que apenas le permitía soportar los entrenamientos de tecnificación con Rocky Jarana. Todo cambió en pocos meses y, curiosamente, de la mano de dos mujeres. La profesora Adela Cristóbal le enseñó español y la doctora nutricionista Inmaculada Avivar lo curó de su mal a base de serranitos que le preparaba Pepi, la encargada del bar del pabellón de San Pablo. Los preparadores físicos y los técnicos del club hicieron el resto. Entre ellos destaca el papel del maestro Aíto García Reneses, gran valedor del pívot letón en su etapa en el Cajasol y del que Porzingis dice textualmente: «Me enseñó a jugar». El veterano técnico, ahora en las filas del Alba Berlín, asegura que «junto a Pau Gasol y Ricky, Kristaps es uno de los jugadores que más me ha impresionado en mi carrera».

Mientras se hinchaba de hierro y ácido fólico, el adolescente Porzingis fue al colegio SAFA Nuestra Señora de los Reyes y se alojó en la residencia que la Diputación de Sevilla tiene en el populoso barrio de Pino Montano, lo que le ayudó a crecer como un sevillano más, hasta el punto de desarrollar un acusado deje local. Si estaba de acuerdo con algo contestaba «aro quillo»; si alguien hacía algo raro preguntaba: «¿Qué hase, cohone?»

El acento no fue lo único de Sevilla que interiorizó. La cerveza Cruzcampo, el río Guadalquivir y el jamón, por ese orden, se colaron en su adn letón. ¿Budweiser? ¿El río Hudson? ¿Los perritos calientes? ¡Ni punto de comparación! En su corazón también se coló algo: la idiosincrasia de una ciudad que ahora se enorgullece de haberlo acogido. El último año de su estancia lo compartió con su madre, quien dio la bendición a su segunda casa deportiva.

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«Uncle Kris», –«el tío Kris»–, como lo llamaban los hijos de Scott Bamforth en tardes de Playstation con Radicevic, un base serbio de su quinta «drafteado» por Denver Nuggets, sigue mirando desde las alturas a Sevilla e interesándose por los que fueron casi sus familiares durante años. En la Gran Manzana, junto a otro pilar de aquel «Baby Cajasol», el pívot ya internacional español Willy Hernangómez, tiene tan presente Sevilla que se ha llevado como fisioterapeuta personal a uno de la Macarena: Manolo Valdivieso, también ex jugador y fisio del club hispalense, lo acompaña desde el pasado mes de julio en su epopeya NBA. Haciendo historia con mucha sevillanía.