Chema Rodríguez: «El boxeo es un deporte de inteligentes»

Compatibiliza el entrenamiento a profesionales y aficionados en gimnasios.

Chema Rodríguez en el club de boxeo de Collado Villalba
Chema Rodríguez en el club de boxeo de Collado Villalba

Compatibiliza el entrenamiento a profesionales y aficionados en gimnasios.

Al boxeo llegó por el cine. «Seguramente haya más de uno, incluido yo, que ha empezado así. Viendo una película que te toca la fibra cuando eres un crío o por antecedentes, porque hay alguien de tu familia, del barrio, te entra por los ojos y te llega», asegura. Chema Rodríguez fue boxeador y ahora enseña todo lo que aprendió en el gimnasio Constanza, de Collado Villalba, su casa desde hace unos meses, y en otros gimnasios de Madrid. Allí se mezclan los profesionales con los que sólo quieren un poco de sudor sano. Mientras responde a las preguntas, un grupo de niños y niñas de no más de cinco años dan sus primeros pasos en este deporte.

–¿Cómo se enseña boxeo a criaturas tan pequeñas?

–Como en otros deportes se comienza a base de juegos. Un niño o niña hasta los once o doce años tiene que hacer todo tipo de actividad física para desarrollar todas las habilidades y a partir de esos 11 o 12 se puede concretar y especializar.

–¿Qué le diría a unos padres que tienen miedo de que su hijo entrene?

–Les diría que acompañen a su hijo, que le dejen hacer lo que le gusta porque si le gusta le va a venir bien en todos los sentidos: a nivel cognitivo, a nivel físico y a nivel social. He tenido un padre durante aproximadamente tres años en la puerta de un chavalín que vino al gimnasio hace 15 años y se quedaba religiosamente mirando la clase y desconfiado. El chico está ahora en Inglaterra estudiando y en todos los aspectos está sacando buenas notas, progresando en su carrera –estudia Farmacia– y su padre, encantado. Ha venido incluso a ver veladas. Sobre todo les diría a los padres que no se dejen llevar por los prejuicios. Bien llevado y con un profesional al frente que conozca las etapas de evolución de los niños y que tenga conocimientos de educación física no hay ningún problema.

–También hay boxeadores con carreras universitarias.

–En España los hay. Es un deporte de inteligentes. El cambio de golpes grosero no llega a ningún lado, a no ser que seas un portento como lo fue Tyson, que incluso era un gran boxeador. Era un buen estratega. Si eres un portento de cualidades te puedes permitir el lujo de ir al cambio de golpes, pero como base no es una buena línea de planteamiento. Si utilizas la fuerza del contrario, tu vida será mucho más cómoda, mucho más prolongada y sin ningún accidente, ninguna lesión.

–¿Hay mucha diferencia entre preparar a alguien que quiere competir y alguien que sólo quiere hacer deporte?

–Hay diferencia. El objetivo, primero. El usuario base, que no compite, obtiene beneficios físicos y psíquicos para luchar contra la falta de concentración, por ejemplo. En los niños se nota a los tres o cuatro meses, cuando ya se han estabilizado, ya han cogido esa rutina, empiezan a mejorar en el colegio, en los estudios, incluso en las «obligaciones» de la casa porque encuentran un método, una disciplina. Asumen cierta responsabilidad, un papel muy positivo a la hora de colaborar.

–¿Tienen que frenar a muchos de los que vienen aquí?

–La psicología te va dando esa anticipación, para saber quién puede tener la intención de ir más a «pegar» y es fácil influirles de manera positiva para que no dañen y se dañen, eso es algo que va con el día de la clase.

–¿Qué preparación debe tener un entrenador de boxeo?

–Hace falta algo de pedagogía, conocimientos del deporte en sí y del ser humano como máquina física para no pasar a una persona de entrenamiento, para saber cómo tienes que aplicar cada entrenamiento en su etapa de cara a una competición. Y a quien no compite, quien busca salud simplemente, darle el deporte en su dosis.

–¿Tiene mucho de psicología?

–Sí. El boxeo tiene mucha parte psicológica. Te hablo desde el punto de vista del competidor o del entrenador de competidores. Hay etapas en las que tienes que superar al mayor enemigo, que es tu propio miedo, ese miedo que no hay que perderlo, hay que saberlo canalizar. Hay técnicas, recursos, para poder sacar partido de ese estado de alerta.

–¿Un entrenador aprovecha los errores que ha cometido como profesional?

–Como dicen los viejos maestros, de las derrotas se aprende. Y es verdad, cuando te equivocas en cualquier faceta de tu vida tienes ahí el runrún en la cabeza durante un par de días. Te hace poner en práctica los recursos que te faltaban cuando te has equivocado para una nueva experiencia. Todo se basa en ese cuidado que nunca hay que perder. Lo peor que le puede pasar a un boxeador es perder el miedo y despreciar el castigo.

–¿Qué es más difícil entrenar: la cabeza, las manos o las piernas?

–Yo diría que la cabeza, porque al que no la tiene es difícil que se le pueda entrenar. Tú puedes tener una mejor o peor coordinación de pies, de manos o de pies y manos, pero si eres inteligente en el ring, te lo tomas como una esgrima, el tocar y que no te toquen tan famoso.

–¿Cuánto tiene de instintivo el boxeo?

–Es muy parecido al lanzamiento, nadie te enseña a andar a gatas, nadie te enseña a correr, nadie te enseña a lanzar porque lo llevas en los genes. Pero también hay un entrenador –y me refiero a Pombo, antiguo seleccionador– que dice que el boxeo es una ciencia exacta porque un centímetro o dos te pueden dar la victoria o la derrota, puede hacer llegar el golpe o que no llegue. El desplazamiento tiene que ser muy medido, por eso el boxeo es un deporte de tiempo y de espacio.