A rueda: Los ídolos también lloran

A tumba abierta, sin frenos, jugándose el pellejo en cada curva. Así pilota Jorge Lorenzo en un circuito y así se expresa en una entrevista, sin dobleces. Por eso no me ha extrañado su confesión en una televisión británica: «Entré en una pequeña depresión cuando vi que me podía retirar». Jorge resumía el calvario que pasó en Ducati, cuando tras año y medio sin victorias decidieron cortar por lo sano. Ciao, Jorge. El mallorquín se veía fuera del Mundial por imposición de otros, no por elección propia, como siempre había soñado. Porque mentalmente no es lo mismo elegir cuando te retiras que verte obligado a ello porque las puertas se han cerrado. Es la cara b del deporte de élite. Cuando estás arriba todos te quieren y te agasajan; cuando estás abajo, sobras. Un triple campeón del mundo, aún en plenitud física, sin horizonte profesional. Demasiado duro, incluso para un tipo de tanta personalidad como Lorenzo. Pero la vida, a veces, ofrece revancha.

El resurgir del 99

De repente, una llamada. Al otro lado del teléfono, Alberto Puig, capo de Honda, el equipo más potente del Mundial. La oferta, irrechazable: pilotar una Honda oficial en sustitución de Dani Pedrosa. Es decir, compartir equipo con el mejor, con Marc Márquez. Un desafío imponente que Lorenzo no piensa desperdiciar. Partirá en inferioridad por su desconocimiento de una moto que Márquez conoce al dedillo. Pero si Lorenzo fue finalmente capaz de domar la Ducati (algo que ni Rossi pudo hacer en su momento) consiguiendo tres victorias en la segunda mitad de la pasada temporada, ¿qué no podrá hacer con una máquina como la Honda? Ya lo anticipo: Lorenzo peleará el Mundial con Márquez, Dovizioso (y si Yamaha espabila), Viñales y Rossi. Rivales duros, expertos y rápidos, pero cuando has visto tan cerca el final aprovechas a tope cada día, cada minuto y cada segundo. Vamos, como la vida misma.