Fútbol

Gallardo fue el general San Martín

La Libertadores con guión cinematográfico. A los argentinos nos gusta lo espectacular, crear fantasías, vender lo imposible. Diría una abuela con un mate en la mano: «Chicos, si hay miseria que no se note. Los gastos ya se pagarán». Había que elegir el mejor teatro, el Bernabéu y Madrid. Pero hemos vendido lo poco que tiene crédito: nuestra pasión y el fútbol. Hemos regalado nuestra alma y nuestros sueños. 20:30. Despertemos. El balón rueda, los focos del mundo se encienden, a jugar...

Partido lleno de intensidad, también de precauciones. River pretende jugar el balón. Lento en la transición. Lentísimo, quizás. Ponzio es dueño y señor del balón, pero realmente no genera desequilibrio. Boca, agazapado. Tendrá su oportunidad y así llegó. River rompe las líneas. Quiere atacar. Una pérdida en la zona de área y una contra fulminante donde el uruguayo Nández pone una pelota perpendicular para que Benedetto en una acción individual magistral abra el marcador sobre la campana del primer acto.

Empieza el segundo acto. River se revoluciona. Comienza a tomar la iniciativa con ritmo alto, con velocidad. Boca, a manejar la renta. Se suceden las ocasiones y en el 20 Pratto pone justicia. Con el equilibrio, los dos equipos se ponen cloroformo y el reloj va marcando el resto. La expulsión de Barrios, justísima. River toma el control del juego. Esa ventaja numérica puede hacerse decisiva para la resolución del conflicto y llega el latigazo, Quintero la clava en el ángulo y hace que River esté casi rozando el título.

Gallardo se vistió de superhéroe, fue el general San Martín... «The End». Argentinos, levantémonos de la butaca y volvamos a la realidad sin dejar residuos, sin violencia. Volvamos a Argentina. Gracias, España.