Las batallas de Lydia Valentín

Lydia Valentín colgó en su Twitter esta foto con el mensaje: «Más española no puedo ser»
Lydia Valentín colgó en su Twitter esta foto con el mensaje: «Más española no puedo ser»

Si buscamos los primeros titulares sobre Lydia Valentín nos encontramos con constantes referencias a su aspecto físico, indumentaria y uso del maquillaje. Llamaba la atención, no hay duda. La halterofilia era un deporte copado por hombres y en el imaginario colectivo no aparecían mujeres, y menos con las uñas pintadas. El paso del tiempo, como en casi todo, nos ha mejorado. Lydia ha ganado la batalla al titular fácil a base medallas y de seis horas de entrenamiento al día. Ahora es noticia por ser la mujer más fuerte de la tierra y por haber logrado coronarse campeona olímpica, del mundo y de Europa cuatro veces, la última este fin de semana. Lydia ha logrado todo lo que se propuso cuando les dijo a sus padres que se quería dedicar a la halterofilia, un deporte tan minoritario que sólo ella es capaz de sacarlo del anonimato. Y ése es su gran mérito, pero también la gran batalla que le queda por ganar. Intentar que la halterofilia sea un deporte más reconocido, más seguido, más querido. No será sencillo, la sombra del pionero suele ser demasiada alargada.

Maldito dopaje. Porque luego está la lacra de su deporte, el constante uso de sustancias dopantes. Bien lo sabe Lydia, que lo ha denunciado a gritos cada vez que ha tenido un micrófono cerca y lo ha sufrido como casi nadie: tres de sus cuatro predecesoras en los Juegos Olímpicos de 2008 se doparon y fueron sancionadas. Cuatro años más tarde, en Londres, las tres mujeres que coparon el podio fueron descalificadas por el mismo motivo. Es decir, lo que en su día fueron un quinto y un cuarto puesto se convirtieron en una medalla de oro y otra de plata. En la batalla por la limpieza en el deporte, Lydia Valentín también ha ganado. Y de largo. Bien orgullosos que estamos de ella.