Ciclismo

Francia

El rodillo está de moda

El británico Mark Cavendish (Omega Pharma-Quick Step) celebra victoria en la quinta etapa del centenario Tour
El británico Mark Cavendish (Omega Pharma-Quick Step) celebra victoria en la quinta etapa del centenario Tourlarazon

El ciclismo, como lo suelen ser casi todos los deportes de alta resistencia, los de la máxima dureza, del esfuerzo criminal que deja al descubierto las caras, la fuerza y los límites del ser humano, es la expresión más real de la vida misma. Del viejo refrán que dice que cuando uno hace una cosa que le va bien, los demás, como ovejas en rebaño, caminan en la misma dirección aunque no sepan lo que les depara ese nuevo destino. Modas. En la Avenue Bonneveine de Marsella donde están aparcados los autobuses a los que van llegando, algunos maltrechos, otros enteros, otros simplemente vacíos, los corredores tras cruzar la meta por donde pasó Mark Cavendish primero. Cinco etapas le ha costado al británico desahogarse con los brazos en alto. Esta es la muestra de los vaivenes de las modas, de la vida y del ciclismo.

Y eso que la noria gigante que vigila el esprint desde la última curva esta atrás, lejos, que sube y baja, que desde allí no se ve. Pero poco les importa a los centenares de personas que se apelotonan en las puertas de los buses, valladas con una cinta suave y delicada que todo lo dice. Prohibido. Y nada más que llegan ellos, los moribundos, los maltrechos y los enteros, los mecánicos de cada equipo agarran sus bicicletas mientras estiran un poco las piernas y la adosan al rodillo.

Y al él se suben, como si 228 kilómetros y medio hubieran sido pocos. Está Jonathan Castroviejo, pequeñito, joven y una máquina de la contrarreloj. Está Rubén Plaza, portento y sonrisa. Y se va a subir también enseguida Nairo Quintana, otro de esos chiquititos que apretuja las manos en un puño, le duelen. A cien metros de la meta, con el esprint ya desatado una caída cortó al pelotón. Nairo no cayó, «pero me vino alguien por detrás y me ha dado un golpe», dice, tímido y morenito.

Con la misma crónica de guerra llega Mikel Astarloza, pierna sangrante y el cuadro de la bicicleta roto. El vasco no va a subirse al rodillo vamos, ni pensarlo. Igual que Alberto Contador: «Me he librado y es lo importante». Bastante tiene él con preocuparse de Benjamín Noval después de que en la crono se chocara contra una cámara de un fotógrafo y tenga un ligamento de su dedo índice de la mano izquierda desgarrado. «Algún botellín ha podido subir, pero hemos querido que fuera tranquilo», explicaba Contador. Tampoco Valverde quiere saber nada de dar más pedales al cruzar la línea de meta por mucho que sus compañeros lo hagan. Tampoco Purito. «Es que somos como los borregos. Si yo gano la Vuelta y sale que no entreno el día de descanso, seguro que nadie saldría más a rodar esos dos días», piensa el catalán.

Encaminándose por la Avenue Bonneveine, a uno puede darle la impresión de estar presenciando el calentamiento de una etapa contra el crono. Hay por allí más aficionados congregados que en la línea de meta. Y donde más, claro, en el último autobús. El del Sky cuando baja Chris Froome. Allí hay hasta una zona mixta para entrevistas con varias cámaras y micrófonos esperando a que el keniata de pasaporte inglés termine de desacelerar su corazón, eso dicen que beneficia y es la razón por la que está tan de moda, pues ayuda a que el corazón no pase de cien a cero pulsaciones en cuestión de centésimas, a que elimine todo el ácido láctico acumulado en sus músculos. «Estamos concentrados en la general y nuestra táctica es ir delante para evitar problemas, pero está visto que en cualquier momento hay caídas, y muchas se producen en cabeza. No podemos dejar de estar atentos en todo momento. Ha sido una jornada incómoda, un día pestoso», dice al bajar.

Que se lo digan a Haimar Zubeldia que rodó los 16 kilómetros finales con el metacarpiano de su mano izquierda roto y chorreando sangre. El guipuzcoano, serio como pocas veces, cuarto en el Tour de 2007 y mejor español en la edición de 2012, tendrá hoy más que suficiente con poder subirse a la bicicleta. Como para seguir las modas.