Conte, otro aspirante

Está a punto de dejar el Chelsea y es uno de los candidatos a suceder a Zidane que más gusta. Es el técnico ideal para liderar una renovación en el vestuario.

Antonio Conte, en la banda de Stamford Bridge durante el partido de la pasada Liga de Campeones frente al Atlético
Antonio Conte, en la banda de Stamford Bridge durante el partido de la pasada Liga de Campeones frente al Atlético

Está a punto de dejar el Chelsea y es uno de los candidatos a suceder a Zidane que más gusta. Es el técnico ideal para liderar una renovación en el vestuario.

Durante el partido estoy dispuesto a hacer todo lo posible para ganar. Supongo que allí, en el terreno de juego, la regla es: tu muerte, mi vida. No hay escape», explicaba Conte cuando le preguntaban por su éxito en su primera temporada en el Chelsea. Ahora está a punto de dejar el equipo inglés y es una de las cartas que maneja el Real Madrid. Si busca un líder, un hombre que insufle energía a un equipo cuyo mayor peligro es caer en la complacencia, en mirarse en el espejo por lo bueno que es y el incontestable éxito conseguido en la Champions, Conte es el mejor para mover el árbol y empujar a todos hacia el objetivo de no dormirse. «Cada entrenador tiene su método y su filosofía y yo quiero transmitir la mía: trabajar físicamente, técnicamente, tácticamente y mentalmente para ser fuertes y superar las dificultades. Quiero jugadores con la máxima disponibilidad para empaparse de esto y he visto a los jugadores listos para luchar. Si conseguimos transmitir pasión y entusiasmo será una gran victoria. Yo vivo el fútbol con pasión, no sé si es bueno o malo, pero no sé hacer otra cosa y quiero que los aficionados y los jugadores la vean en los partidos porque durante la semana se trabaja duro», decía el entrenador italiano cuando fue presentado como entrenador del conjunto inglés.

Es todo lo contrario a Zidane, con quien coincidió en la Juve, ambos como futbolistas. Conte corría, era entrega y fuerza y eso le permitió jugar 13 años en el mejor equipo de Italia. Era un mediocentro con llegada y capacidad para hacer goles. Como muchos futbolistas, ya se le veía futuro como entrenador por su implicación con el equipo, por su liderazgo y por las ganas que tenía de aprender. «Era un jugador generoso porque sabía que si no lo daba todo no podía jugar en la Juventus», cuenta de sí mismo. Zizou y él eran distintos en el campo, como lo son en el banquillo. Zidane miraba los partidos con calma y sus gestos apenas indicaban lo que sentía dentro. Sólo los goles de chilena en la última Champions le hicieron gesticular. Conte no puede parar. Necesita moverse, abrazarse, gritar: «No contengo los gritos. Como jugador siempre hablé en el campo. Desde el banquillo tienes que gritar por necesidad. Me quiero hacer escuchar. Y en medio de 60.000 personas es difícil. Necesito un contacto continuo con mis jugadores. Deben escucharme. Deben saber que siempre estoy con ellos».

Dice que en Inglaterra ha aprendido a tener paciencia y que eso le ha hecho mejor entrenador. Lo que está claro es que quien ficha a Conte sabe lo que le espera: un volcán diario, un trabajo exhaustivo y una exigencia de compromiso que muchas veces lleva a los futbolistas al extremo. Sus relaciones con el vestuario, con jugadores también con mucho carácter, no siempre son las mejores. Y si no que pregunten a Diego Costa. Este es uno de los factores que hace dudar en el equipo blanco. Los entrenadores que mejor han funcionado son los que logran conectar con los futbolistas de igual a igual. Conte va a pedir a sus jugadores que le sigan hasta el final del precipicio si hace falta. «Quiere que toda su plantilla le siga y quiere un buen espíritu de equipo. En la filosofía de Conte, o estás a favor del equipo o estás en contra. No hay caminos intermedios», ha explicado Ancelotti, que le conoce bien. A cambio, les va a dar soluciones y alternativas a la hora de jugar: «En Italia me gustaba decir que el entrenador es como un sastre, que tiene que hacer el mejor traje para el equipo respetando las características y el talento de los jugadores. En el pasado empecé con una idea y la fui cambiando porque vi que ese sistema no se adaptaba a los jugadores, no es importante la defensa de tres o de cinco, sino el espíritu». Pero, por ejemplo, la defensa de tres sí es importante. Si inventó el muro de la Juve y su cambio a la defensa de tres en el Chelsea le lanzó hacia el título que ganó.

Empezó desde abajo en Italia para alcanzar la cima y superar diversas adversidades, como un asunto de apuestas de sus jugadores en el Siena, que él paró, pero no denunció. Allí donde va, ha dejado su huella y sus títulos. No va a ser por falta de trabajo, por análisis del equipo y del rival, no le va a faltar dedicación. Y lo que él hace, se lo va a pedir a los suyos: «Los elogios –le dijo a un futbolista– son como las pastillas para dormir, te hacen dormir».