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El misterio de Jorge Lorenzo: ¿qué le pasa?

Resulta difícil de explicar que uno de los mejores pilotos de la historia del motociclismo, subido a la moto oficial del equipo más poderoso de campeonato, acabase último el Gran Premio de Australia. En un deporte en el que una décima es un abismo y un segundo una eternidad, Lorenzo cruzó la línea de meta en Phillip Island a 1:06.045 del vencedor, que resultó ser su compañero en el Repsol Honda y que dispone del mismo material.

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Ni las lesiones, ni la falta de adaptación a una moto complicada pueden justificar el laberinto en el que anda metido un cinco veces campeón del mundo que, a los 32 años, está en plena madurez y tiene en su palmarés 68 victorias, 152 podios y 69 «poles». Sólo él ha sido capaz de arrebatarle una corona a Márquez desde que llegó a MotoGP, y quizá por eso resulta más difícil comprender lo que le está pasando. Desde que se recuperó de su doble fractura de vértebras no ha subido del puesto 14º y nunca ha sido capaz de terminar a menos de cuarenta segundos del ganador. Unas cifras que son habituales en pilotos novatos o en aquellos que aparecen en ciertas carreras como sustitutos de algún lesionado, pero no para una superestrella de MotoGP y candidato a ser Leyenda en cuanto cuelgue el casco.

«Sabíamos que iba a sufrir. Uno espera que las cosas cambien pero no lo hicieron. Todo eso hace que esté muy lejos de los más rápidos. En Malasia, en condiciones normales, esperemos que vaya mejor», aseguraba resignado después de firmar, seguramente, la peor actuación de su vida. Quién se lo iba a decir cuando, el invierno pasado, el Repsol Honda acudió en su rescate. Estaba sin equipo después de su precipitada salida de Ducati e incluso se planteaba la posibilidad de un año sabático si no le surgían ofertas interesantes. Entonces, Alberto Puig pensó en él para ser el nuevo compañero de Márquez, un rol al que no se ha adaptado de ninguna de las maneras. Es evidente desde fuera que no hay «feeling» entre ambos y, si Pedrosa y Márquez compartían la mayoría de eventos organizados por los patrocinadores, ahora los responsables del equipo preparan por separado los actos publicitarios para cada uno de sus pilotos.

En la pista tampoco coinciden demasiado, porque uno vuela con la Honda y el otro ya se ha dado cuenta de que si se acerca a los límites se hace daño. Cuando se supo que los dos mejores pilotos de la historia del motociclismo español compartirían equipo rápidamente se habló del «dream team» de MotoGP. Una escudería de ensueño que, de momento, se ha quedado en la mitad, porque Márquez está sumando casi todos los puntos necesarios para el título de constructores, que ya es de Honda, y el de equipos, por el que todavía están peleando con Ducati. Jorge se resigna y espera mejores momentos, sin aclarar si los rumores que de vez en cuando le asaltan tienen algo de realidad. Se rumoreó que estaba pensando en la retirada y, aunque no hay confirmación oficial, evidentemente, sí que movió alguna ficha para tratar de salir hacia Ducati ya en enero de 2020.

Desde entonces, tanto HRC como Lorenzo han asegurado que su intención es cumplir el año que les queda de contrato. Jorge quiere un entorno de más confianza, elegido enteramente por él y que le escuchen en algunos aspectos de la evolución de la Honda. Su teoría es que la moto es más potente porque Marc lo quería así, pero a cambio se han perdido muchas prestaciones en el paso por curva que perjudican al resto de pilotos de la marca. Lorenzo esperaba poder culminar con éxito su proceso de adaptación, como hizo en Ducati, donde a mitad de su segundo curso fue capaz de ganar carreras y estar delante. La pregunta clave es si en Honda tendrá tiempo suficiente para lograrlo o la paciencia se agotará antes por los dos lados y preferirán separarse por el bien de todos.

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