Baloncesto

El oro más reluciente

El equipo español celebrando su triunfo
El equipo español celebrando su triunfo

«Sí, se puede; sí, se puede», rugía la grada de las piscinas Picornell. Y SE PUDO. Escrito en mayúsculas, que la ocasión lo merece. Las guerreras españolas ya son de oro después de vencer a Australia en la final del Mundial de waterpolo. En un año, plata en unos Juegos Olímpicos y oro en un Mundial. Y no es un sueño, es real. Ahora sí, la euforia contenida con las victorias anteriores, pese a ser los cuartos contra Estados Unidos o las semifinales, estalló de golpe ayer. Abrazos, besos y lágrimas en medio de un ambiente inolvidable en una piscina mítica. La Picornell le negó el oro al equipo masculino en los Juegos de Barcelona 92, pero con las chicas no ha podido. Miki Oca, su entrenador y gurú, el hombre que ha convertido a un grupo de grandes jugadoras en las mejores del mundo, estuvo en ambas citas: en una como jugador y en otra desde el banquillo. Tuvo su pequeña venganza. La selección que partió del peor puesto en la historia de los Mundiales en Shanghái 2011, cuando fueron undécimas, se ha rehecho y de qué manera: con dos medallas en los campeonatos más importantes. Son leyenda de este deporte.

La alegría sujetada los días anteriores era porque el trabajo no había terminado. El oro estaba en la cabeza de las españolas desde el principio. Son guerreras y son valientes. Las chicas de Oca han llevado al límite su lema. «¿Qué somos?», gritan antes de empezar, manos unidas. «¡Guerreras!», se responden. «¿Y qué vamos a hacer?», continúan. «Ganar, ganar y ganar», concluyen. Y ganaron a todo el que se puso por delante, la última, Australia. La selección «aussie» está en fase de renovación, pero si algo caracteriza tanto al equipo anterior como al actual es que son grandes. Muy grandes y pesadas, complicadas en el cuerpo a cuerpo, en la lucha por ganar la posición. «Velocidad y defensa», era la receta de Miki Oca, seguida a rajatabla por sus espartanas. España comenzó a ganar la final desde su rocosidad atrás. Otra vez el trabajo de equipo fue fundamental en un deporte de equipo. Como tiene que ser. El individuo al servicio del grupo. Las guerreras cerraron su portería desde el comienzo. El primer gol «aussie» llegó a ocho segundos del final del primer cuarto. Manos arriba, ayudas, solidaridad y al fondo del todo, Laura Ester para completar el trabajo con sus paradas. Aunque en este equipo paran todas, porque fueron numerosos los blocajes. En el otro lado de la piscina, la Selección supo aprovechar a la perfección las superioridades. Comenzaron fallando dos pases a Maica García, interceptados por las australianas, pero a la tercera la boya logró romper el marcador, ampliado por Laura López en una doble superioridad. El 2-0 ya estaba en el marcador y esa ventaja se mantuvo durante muchos minutos: 3-1 tras el gol de Jennifer Pareja, 4-2 después de que marcara Andrea Blas, 5-3 tras el tanto de Tarragó in extremis... Australia llegó a colocarse dos veces a un tanto, pero nunca alcanzó el empate. España llegó a los tres, pero se presentó en el último cuarto con el colchón de dos (6-4). Oca pedía calma desde el banquillo, la grada hervía: gritos, caras desencajadas, pancartas. La tensión llegó incluso a la piscina a falta de tres minutos con alguna acción polémica que acabó en penalti para Australia. Laura Ester lo paró. España ganaba 8-5. El preámbulo al estallido final.