Fútbol

0-4. Hazard tiene hambre

El centrocampista del Chelsea da un recital en la goleada de Bélgica a Hungría. La selección de Wilmots presenta su candidatura al título

Hazard y Nainggolan celebran el tercer tanto de Bélgica
Hazard y Nainggolan celebran el tercer tanto de Bélgica

El centrocampista del Chelsea da un recital en la goleada de Bélgica a Hungría. La selección de Wilmots presenta su candidatura al título

Antes de que comenzase la competición, se señalaba a Bélgica como el tapado, el equipo que podía sorprender a los clásicos. Su derrota contra Italia nada más empezar y los problemas en el vestuario rebajaron las expectativas. Con una excelente colección de futbolistas de centro del campo hacia adelante, faltaba alguien que diese un paso adelante, un golpe de mano, alguien audaz y ambicioso. Faltaba que Hazard hiciese lo que hizo ayer: poner otra vez a su selección en las quinielas de las favoritas. Bélgica va por el lado más sencillo, con Gales esperando en cuartos y se supone que Portugal en semifinales. Se le ha puesto el torneo a tiro y eso le ha despertado.

Hazard pidió la pelota y Bélgica fue a por el partido desde el principio. En comparación con los otros encuentros de octavos, la salida fue ejemplarizante. Buscando la portería rival, al ataque, dejando el miedo para los cobardes. Hazard pedía la pelota en la banda o en el centro, para armar el juego, acompañado de De Bruyne y con Lukaku como referencia. No está claro aún si el delantero es bueno o es un «tanque», pero mientras se define, Bélgica se aprovecha de sus cualidades.

A Hungría le costó meterse en el partido y sólo durante un rato de la segunda parte dio la impresión de poder igualar el entusiasmo del rival. El gol la obligó a abrirse, mientras que a Bélgica le dio una excusa para dar un paso atrás y encontrar los huecos del rival. Lo bueno de Hungría es que, con sus limitaciones, nunca le perdió la cara al partido. Pero cada minuto que pasaba le obligaba a ir más hacia arriba y eso, más que acercarle a la victoria, en realidad le acercaba al desastre.

Fue cuando Hazard olió la sangre y no soltó a su presa. Necesitaba un partido así para demostrar que es un jugador al que no se le ha olvidado el fútbol, pese a su año tristón en Inglaterra. Fue en la segunda mitad cuando dio el recital. Hizo lo que quiso con el balón, sobre todo, para crear el segundo gol y para marcar el tercero de su equipo. Hungría se desangraba porque no podía parar al «10» belga, un futbolista con hambre de gloria.