Lopetegui, presente sin futuro

El Real Madrid recibe al Viktoria Plzen checo en el que puede ser el último encuentro del entrenador en el banquillo blanco. Evitó pronunciarse ante lo que pueda pasar. Un triunfo es imprescindible para evitar complicaciones

Julen Lopetegui, en el entrenamiento de ayer
Julen Lopetegui, en el entrenamiento de ayer

El fútbol, pisar el césped de cerca, elegir el once titular, dar órdenes y centrarse en lo que sucede en el encuentro de esta noche en la Champions.

El fútbol, pisar el césped de cerca, elegir el once titular, dar órdenes y centrarse en lo que sucede en el encuentro de esta noche en la Champions. Ésa es la terapia que ha elegido Julen Lopetegui para pasar el mal trago de estos días, en el que su futuro está lleno de incertumbre. O lo que es peor, no hay nada de incertidumbre en torno a él porque parece del todo decidido: está más fuera que dentro del club. El Madrid disputa hoy su tercer partido de la Champions, al que llega después de una exhibición contra la Roma y la caída inesperada en Moscú, así que no se sabe qué cara va dar el grupo aún comandado por el vasco: la buena, la casi olvidada que barrió al conjunto italiano; o la pesada que se vio contra el CSKA, con mucho balón, ocasiones a los palos y sorprendente derrota. «El equipo se encuentra como habitualmente antes de la Champions. Va ligada a la historia del club y tenemos muchas ilusiones. Queremos afrontar el partido con la máxima ambición ante un equipo que nos lo va a poner difícil. Queremos conseguir los tres puntos», decía ayer el técnico, intentando mantener buena cara, como quien finge que todo está bien y que no se está mojando en medio de un chaparrón. Quería hablar de fútbol, quería hablar del Viktoria, pero no había manera porque el Madrid está a otras cosas: es decir, a buscarle un sustituto y recuperar la ambición.

Lopetegui se ha quedado casi sin apoyos dentro del club, aunque aún los tiene en el vestuario, sobre todo entre quienes tienen voz ante los dirigentes. No todos, porque hay futbolistas que no entienden su política de rotaciones, pero los directivos ya no creen que Julen sea el hombre adecuado para sacar adelante el proyecto de esta temporada, quizá el más peliagudo de todos por las circunstancias: desde las salidas que hubo en verano hasta la posible saturación de unos futbolistas que han ganado las tres últimas Champions o que han sido campeones o subcampeones del mundo. Hay que conseguir que vuelva el apetito, hay que acabar con el posible cansancio psicológico y nadie dentro de las oficinas blancas piensa que Julen sea capaz de dar el impulso, ese gran impulso que este vestuario necesita. «El vestuario está fuerte, son campeones. Los campeones no son por casualidad, son fuertes. Pasan momentos malos y los superan con su calidad», decía ayer el entrenador defendiendo a sus futbolistas. El problema es que, el más débil es él.

No están siendo días fáciles para un hombre que ha hecho del hermetismo ante los medios de comunicación una de sus armas. Lopetegui siempre ha mantenido el mismo discurso y casi el mismo tono monótono porque no quería que unas palabra suyas fuera de tono pudieran romper el vestuario. Ni siquiera ayer, con la Prensa acechando sobre su futuro, cambió su manera de comportarse. Sólo dijo que está entero: «Afronto el día a día con normalidad porque tenemos que hacerlo así y está en nuestras manos. Si queréis ver un entrenador hundido, no miréis aquí. Estoy con la máxima ambición y con la ilusión de afrontar el partido. Nada más», explicó ayer sin conseguir despejar las preguntas acerca de su futuro.

El futuro no existe, el entrenador vive por obligación en un presente perpetuo. Cuando le dijeron si se veía en el Camp Nou el próximo domingo, hizo el gesto de señalarse el cuerpo, como haciéndose presente, como dando a entender que ahí estaba. «Sólo te puedo confirmar que estoy aquí vestido. Si es así, seré el entrenador contra el Viktoria, no tengo duda», afirmó. El sábado su futuro estaba pendiente de un hilo, el domingo ese hilo se hizo todavía más fino. Quizá fue la premura de la conferencia de Prensa de ayer lo que obligó a que Lopetegui siguiese. Esta noche, el Bernabéu le espera, aunque a nadie se le escapa que puede ser para despedirse de un entrenador que llegó con una misión: la de hacer del estilo del equipo su seña de identidad y que no lo ha conseguido.

Otros días, un partido como el de hoy sería para que el Madrid hiciese rotaciones y celebrase una goleada. Hoy si eso sucede, nadie apuesta porque Julen siga al mando.