Sevilla

El Sevilla, la alternativa

Los de Sampaoli desbancan al Atlético como principal preocupación de los dos gigantes

Sampaoli, técnico del Sevilla, en la banda del Sánchez Pizjuán
Sampaoli, técnico del Sevilla, en la banda del Sánchez Pizjuánlarazon

Los de Sampaoli desbancan al Atlético como principal preocupación de los dos gigantes

«Jorge Sampaoli fue muy discutido a su llegada, pero este presidente redobló la apuesta por él y ahora marca las diferencias». Así se dirigía ayer Pepe Castro a la junta general de accionistas del Sevilla, una tenida que se desarrolló bajo la tópica premisa de la balsa de aceite y en la que, entre bambalinas, algunos se atrevían a soñar quizá no en voz alta, pero sí entre excitados susurros: «Hay que ir a por la Liga». La empresa le viene, probablemente, grande a este club, aunque todos los observadores imparciales que señalan una alternativa al dominio dual de Madrid y Barça no se fijan ya en el Atlético, sino en los sevillistas.

Los nueve títulos festejados por el Sevilla en la última década advertían del potencial de los andaluces, que, sin embargo, nunca han pasado de los octavos en la Liga de Campeones y sólo en 2007 aspiraron con fundamento al título liguero, en un apretado final a tres que terminó coronando al Real Madrid. Su botín provenía básicamente de la «caza menor» de la Copa UEFA, de la que atesoran cinco entorchados. Con Unai Emery en el PSG reclutado por el petrodólar catarí y, de nuevo, las principales estrellas del equipo traspasadas, Monchi reinventó en verano el enésimo proyecto.

Como Castro recordó ayer, los inicios de Sampaoli no fueron sencillos. Aunque laureado en Suramérica, no dejaba de ser un técnico novato en Europa y desembarcaba en un club con unas exigencias altísimas en el que, por el ADN resultadista que impregnaron primero Bilardo y luego Caparrós, su querencia por la estética fue acogida con recelo. «No me sirve ganar de cualquier manera», proclamó la víspera de la Supercopa de Europa y una pérdida de balón en el último minuto del descuento, cuando el manual del competidor dictaba acabar el partido junto al banderín de córner, propició el empate de Sergio Ramos.

Esa puñalada en el corazón del sevillismo aceptada con una sonrisa y el circo disparatado de un primer partido de Liga saldado con un 6-4 sobre el Espanyol marcaron el punto más bajo de un Sampaoli que desde entonces, de modo inteligente, comenzó a distinguir entre sus bellas palabras y sus pragmáticas acciones.

El primer gran triunfo de Sampaoli fue la consagración de esta paradoja: el técnico que presentó como idea irrenunciable el ataque desbocado y la posesión a toda costa debutó en la Liga de Campeones con un maravilloso partido defensivo, «catenaccio» puro, en el campo de la Juve y puso proa hacia los octavos, que selló en la última jornada en Lyon... con otro empate sin goles.

La trayectoria en Liga también es ejemplar. Pese a que Vietto y Ben Yedder no rinden a satisfacción, la eficacia ofensiva es indudable, como lo atestiguan los 31 goles marcados, sólo menos que Madrid y Barça. Bien consolidado en la tercera plaza, el Sevilla sólo ha sufrido una derrota culposa, en Granada, pues las otras dos llegaron ante rivales temibles como el Athletic, en San Mamés, y el Barça. Jamás en la historia del club sumó tantos puntos (33) a estas alturas de campeonato.