Messi, el que no da tregua

Messi celebra con sus compañeros, uno de sus goles marcados ante la Real Sociedad.

Enterrado hasta el miércoles el recuerdo del ignominioso 3-0 de Turín, Leo se erigió en figura de un partido que la Real Sociedad pudo empatar en el segundo tiempo, tras el 3-2 del primero.

Luis Enrique recuperó la defensa de cuatro, con Sergi Roberto y Jordi Alba en los costados, y Eusebio acreditó que está preparado para afrontar cualquier reto. El Barça jugó mejor que en ocasiones precedentes y la Real Sociedad mostró un fútbol atractivo y alegre, tan del gusto de la parroquia azulgrana. Pero ganó el anfitrión, que edificó su victoria en el primer tiempo con la presencia estelar de Leo Messi, el que no da tregua. En la segunda parte el dominio de la Real no obtuvo recompensa. El Barça llega así al clásico a tres puntos del Madrid –y un partido más–. De eso se trataba, y de olvidar hasta el miércoles el 3-0 de Turín.

Sin concesiones. El Barcelona quería llegar al clásico con la moral alta, aunque en este sentido es la Juve quien tiene la última palabra, y la Real Sociedad, metida en el carril europeo. Por todo ello ni escatimaron esfuerzos ni pararon en exagerados detalles defensivos. Luis Enrique y Eusebio, técnicos que han estudiado en la misma escuela, juegan con sus equipos al ataque, que practican sin disimulos. Parten de la siguiente premisa: si marcas un gol más que el contrario, ganas. El primer tiempo, un espectáculo de fútbol ofensivo, terminó 3-2.

Mérito del Barça es sobreponerse al leñazo de Turín, pero todo resulta más fácil si juega Messi, que hubiese sido la guinda de la Real si en lugar de vestir de azulgrana luciera de blanquiazul. Ésa es la baza de Luis Enrique. Messi amanece rumboso, entra al partido con la inspiración a flor de piel y al adversario sólo le queda rezar y no sucumbir ante el astro.

Fue Oyarzabal el realista que hasta en tres ocasiones ensayó el tiro a puerta. Piqué y Ter Stegen despejaron. En éstas apareció Messi arriba, buscaba el gol y lo encontró con un zurdazo desde fuera del área pegadito al palo. El bueno de Rulli se estiró. Nada pudo hacer. Luego marcó el 2-0 al aprovechar un rechace y no se dejó impresionar por el zapatazo de Iñigo Martínez, que al chocar con Umtiti entró. Dos minutos después del 2-1, Leo combinó con Alcácer, que hizo el 3-1. Y casi de inmediato, Xabi Prieto el 3-2.

Jugaba bien el Barça, Alcácer se parecía mucho al jugador que deslumbró en Valencia, aunque no es Neymar, Messi imponía su ley y la Real no se arredreba, de ahí la mínima diferencia en el simultáneo. Era ésta, sin duda, la mejor carta de presentación de Eusebio si es que no está decidido el sucesor de Luis Enrique.

Partido vibrante y con pistas: con tres centrales o cuatro zagueros, el esquema defensivo del Barça no convence; tampoco André Gomes, empeño de su entrenador que, en esta ocasión, quizá pretendía preservar a Iniesta con vistas al «milagro» del miércoles y por eso insiste con el portugués. En la segunda mitad, la frescura realista chocó con la fatiga blaugrana y las revoluciones de Messi sufrieron un considerable descenso. El protagonista en esos instante era Ter Stegen, y la pelota, donostiarra. Entonces entró en el campo Iniesta, el deseado, y el control del partido se equilibró. Eso sí, ya no hubo destellos de Messi ni el acierto goleador del equipo de Eusebio Sacristán cuando más lo merecía, y lo necesitaba, de ahí el 3-2 final.