Mimos para Messi

Los médicos del Barça trabajan a diario en doble sesión para recuperar al argentino de cara al miércoles. Cesc se postula para suplirle ante el PSG

Estirado en la camilla, Leo Messi no para de sonreír. «Volveré pronto», decía nada más lesionarse. La sonrisa no se le ha borrado del rostro a pesar del disgusto que le ha dado el bíceps femoral de la pierna derecha. Messi ha cambiado el terreno de juego por la camilla del centro médico de la ciudad deportiva «Joan Gamper», en la que pasa la mayor parte de su tiempo estos días. Luego, cura el mono saltando a entrenar un rato con Juanjo Brau, con el que realiza suaves ejercicios. El verde de la camilla nunca será como el verde de la hierba.

Messi, y todo el barcelonismo, se aferran a su recuperación como un seguro de vida para estar en semifinales de la Liga de Campeones. Pero no hay nadie que tenga más ganas de jugar ante el Paris Saint Germain el miércoles que el propio jugador. Messi trabaja a diario en doble sesión y pone todo de su parte para mejorar de la lesión en el bíceps femoral. Los servicios médicos del Barcelona le miman con especial cuidado. La «Pulga» está siendo sometido a tratamiento de fisioterapia y masaje con el mayor mimo del mundo, como el mejor jugador del planeta requiere. Eliminar al PSG puede radicar en los detalles y que Messi pueda jugar no es un detalle menor, ni mucho menos.

La llegada de Pep Guardiola al banquillo significó un giro radical en la salud deportiva de Leo Messi, demasiado propenso a los problemas musculares hasta aquel momento. De hecho, la lesión sufrida en el Parque de los Príncipes supuso el primer percance muscular del argentino desde 2008, cuando Rijkaard aún regentaba el banquillo «culé». Cambios significativos en su dieta y un seguimiento exhaustivo de su estado, con Juanjo Brau como su sombra hasta cuando duerme, supusieron un paso adelante en su carrera, convirtiéndole en uno de los jugadores que mejor se autocontrola de la plantilla. Su inmaculado historial médico en estos últimos cinco años es uno de los argumentos para pensar en su posible presencia ante el PSG, un partido que llega demasiado pronto para que Messi esté recuperado al ciento por ciento.

Pero Tito Vilanova y Jordi Roura trabajan también con la hipótesis de tener que prescindir del argentino, que sería lo más lógico según los criterios médicos.Y ahí aparece la figura de Cesc Fàbregas, el jugador de la plantilla que mejor se adapta a las características que requiere la posición de falso delantero centro con la que juega el Barcelona. El de Arenys viene jugando ahí en la Selección española desde hace años con excelentes resultados, aunque vistiendo de azulgrana las cosas no le han ido tan bien. Por eso, Vilanova, el que más fe tiene en Cesc, se congratuló especialmente el sábado al comprobar que su pupilo llega en el mejor momento físico y moral al partido ante el PSG. Fàbregas consiguió el primer «hat trick» de su carrera ante el Mallorca y coge la delantera para sustituir a Messi en caso de que sea necesario. El centrocampista asumió el liderazgo del equipo que se le exige desde hace tiempo y fue el artífice de la goleada. Además, la buena sintonía que demostró tener con Alexis Sánchez, en ausencia del argentino, supone otro pequeño paso hacia semifinales.

Adriano es otro de los integrantes de la plantilla del Barça con el que los servicios médicos tienen especial cuidado. La baja ya confirmada por lesión de Mascherano para el miércoles supone un quebradero de cabeza para Vilanova y sus ayudantes, obligados en el tramo decisivo de la temporada a encontrar una pareja de baile de garantías para Gerard Piqué. Y ahí es cuando surge la figura de Adriano, que ha cumplido con creces cuando ha actuado en el eje de la zaga. El brasileño ha acortado los plazos de su recuperación y ya hace días que trabaja al mismo ritmo que sus compañeros, aunque sigue sin recibir el alta médica. Así que Adriano ha pasado a ser una de las opciones para ocupar ese puesto, junto a Marc Bartra, Busquets y Song.

Abidal, primer paso para volver a ser uno más

La sola presencia de Eric Abidal calentando con el peto en la banda fue el gran triunfo de la noche del pasado sábado para el Barcelona. Después de un año luchando contra todos los elementos, contra su enfermedad y contra los pronósticos médicos, el francés ya ha certificado que con voluntad y espíritu de sacrificio todo es posible. Hoy hace un año que le trasplantaron el hígado y ya ha disputado unos minutos de un partido de alta competición. La alegría por su reaparición ha sido generalizada, pero eso no significa un regreso automático al equipo. Un año sin jugar es mucho tiempo y los técnicos van a ir con mucho cuidado hasta su integración total.