Los otros «hooligans» sólo chillan

Debuta hoy Inglaterra en Rusia y las medidas de seguridad se han extremado. Los policías de Putin no van a consentir algaradas. Pero «hooligans» hay en todas partes, incluida LA RAZÓN, aquí en nuestra casa

Volgogrado recibe a los hinchas ingleses, que son vigilados por la Policía rusa. De momento, no ha habido incidentes / Efe
Volgogrado recibe a los hinchas ingleses, que son vigilados por la Policía rusa. De momento, no ha habido incidentes / Efe

Debuta hoy Inglaterra en Rusia y las medidas de seguridad se han extremado. Los policías de Putin no van a consentir algaradas. Pero «hooligans» hay en todas partes, incluida LA RAZÓN, aquí en nuestra casa.

Ver un partido del Mundial, rodeado de amigos y compañeros en la redacción del periódico, sirve para comprobar que también, más allá de la Britania o de Rusia, existen otro tipo de «hooligans». No van tatuados, no tienen tripa cervecera, no hablan la lengua de Shakespeare nada más que cuando van con sus parejas a darse una vuelta por Escocia, pero se inclinan por una selección en cuanto se acercan al televisor. Unos apoyan a México por aquello del idioma, por las buenas relaciones –antaño fueron malas– que tenemos con los manitos y porque la Alemania de Merkel, todo orgullo y prepotencia, no puede repetir como campeón del mundo. Y cuando marca Hirving Lozano, jugador al que quiere el Valencia, los gritos se oyen en la Plaza de las Tres Culturas. Los compañeros pierden la compostura y la subdirectora mira con cara de asombro. Ella, madridista confesa, sólo celebra los goles de Cristiano Ronaldo. Y siempre por lo bajini porque sus preocupaciones están centradas en si un exjugador del Estudiantes en sus años mozos, un tal Pedro Sánchez, está capacitado para meter una canasta que mantenga a España en la élite.

Ella duda. Los compis, no. Siguen gritando cada vez que los mexicanos se acercan a la portería de Neuer, capitán teutón con cara de pocos amigos, que abandona el campo abatido cuando se consuma la tragedia alemana en Rusia. «Ya era hora, que se jo...». No sacan el tequila y tiran las botellas de cerveza, que Domingo guarda a buen recaudo, porque no es para tanto. Es simplemente un partido de fútbol, «la cosa más importante de las menos importantes», frase que acuñó Jorge Valdano.

Son nuestros «hooligans» particulares. Que se pasan del fútbol al baloncesto en un pis pas para despedir a Thompkins del Real Madrid y recordar –verdad Sergio– que con Corbalán y Sabonis se vivía mejor. Los recuerdos se agolpan ante el televisor y alguien –inocente él– pregunta donde está Ángel María Villar. Sin noticias del defenestrado presidente, al que se lo tragó la tierra como al propio Juan Luis Larrea, aunque éste es miembro de la UEFA. Luis Rubiales, que también desata pasiones cuando se abre el debate federativo, es otro de los focos de la discusión. Hay «hooligans» que entienden que le haya cortado la cabeza a Lopetegui. Y otros, la facción más blanca del «hooliganismo», entienden que la medida fue desproporcionada, que debió haber pacto con Florentino y que Julen –el mejor entrenador para los próximos tres años– no se merecía salir así de la Selección.

A esa facción, los errores de De Gea les dejan dudas. Ven a Keylor parar y se preguntan si es necesario que venga la pareja de Edurne, la cantante. Pero eso son cosas de Florentino Pérez, José Ángel Sánchez y el Bucero de turno. Lo que importa es que España gane, mantenga la buena línea de juego mostrada ante Portugal y que no haya ocasión al debate, a que los otros «hooligans» vuelvan a alzar la voz. Esperemos que lo de verdad, los que han llegado a Rusia desde las islas, nos dejen tener un Mundial en paz. Así sea.