Nuevo plan, misma ambición

Cristiano Ronaldo sigue siendo la gran estrella en el Madrid de Ancelotti
Cristiano Ronaldo sigue siendo la gran estrella en el Madrid de Ancelotti

El Madrid cambia de estilo con Ancelotti en el banquillo y un mejor trato al balón. Cristiano Ronaldo se rodea de jóvenes talentos en una plantilla que espera a Bale.

La ambición es lo que ha hecho al Madrid tan grande. Tiene que ganar todo lo que juegue y tiene que jugar bien. La presión llega de fuera, pero nace dentro: los sueños de grandeza son normales en el Madrid. Por eso sueña con lo que no puede soñar nadie: «la Décima». Es el objetivo, pero por el camino hay que ganar la Liga y la Copa del Rey. Y también los torneos de pretemporada. Si queda segundo en la Liga, semifinalista en «Champions» y finalista en Copa, la sensación de insatisfacción recorre al Bernabéu y a los madridistas. Entonces, hay que renovar lo que había, revitalizarlo, pensarlo mejor. Y es lo que se ha hecho esta temporada.

Los mejores del mundo, los mejores españoles y futbolistas de la cantera. En todas las presentaciones de futbolistas de este verano Florentino Pérez repitió el mensaje de lo que iba a ser la plantilla. Y lo decía cuando daba paso a Isco, a Illarramendi, o al canterano Carvajal. Lo pensaba al acercarse a Cristiano Ronaldo para cerrar su renovación y, también mientras peleaba, y sigue peleando, para traer a Bale, el futbolistas galés, estrella de la «Premier».

Mourinho dejó al equipo donde tenía que estar, en la disputa de los títulos. Pero «nos ha faltado un paso», aseguró el presidente en la despedida del portugués. El encargado de darlo es Carlo Ancelotti, italiano, con gusto por el fútbol, que aprendió del Sacchi más revolucionario. Tiene experiencia con los grandes equipos italianos, con el Chelsea y con el PSG y es dos veces campeón de Europa. Su currículum es indudable. En todos los clubes que ha estado ha dejado huella tanto en los futbolistas como en la afición. Sabe de fútbol y posee mano izquierda para controlar todo tipo de situaciones y presiones. Y en el Madrid, la presión es un huracán que nunca termina. Ancelotti ha dejado admirados a todos en el club por el modo en el que está gestionando la plantilla y los futbolistas ven en él a alguien cercano, pero con autoridad y con un plan para alcanzar el éxito: rigor en la defensa, creatividad y presionar arriba al contrario para robar el balón lo más cerca del área del rival.

Con el italiano trabajan Paul Clement, su hombre de siempre, y Zidane. El trío es de lujo, pero son los jugadores los que crean el estilo. Los del Madrid de esta temporada pueden hacer maravillas. A Xabi Alonso, Ozil, Modric y Khedira se han unido tres centrocampistas que se desenvuelven mejor con el balón que sin él. Isco e Illarramendi son lo mejor del fútbol español. Son de lo poco bueno que no se ha ido al extranjero, mientras Casemiro ha llegado en silencio, pero es de los que más ha llamado la atención en la pretemporada. La otra cara nueva es una cara antigua. Carvajal llega de la cantera, previo paso por Alemania, para meter presión a Arbeloa en la banda derecha, mientras que Nacho, Morata y Jesé están ante su gran oportunidad. Ya están en el primer equipo y lo que hagan depende de ellos. No vale la excusa típica de canterano, la de que el Madrid no cuenta con los de casa.

El problema es que la competencia es brutal. Jesé, por ejemplo, es muy bueno, pero contra el Inter saltó al campo sustituyendo a Cristiano Ronaldo. El portugués está al mando. Va a ser la referencia del ataque, va a jugar en cualquier posición, desde donde haga más daño al rival. Llegó siendo un súper futbolista, pero cada año mejora. Sigue siendo tan eficaz y brillante, pero es más generoso y está más comprometido.

Él, junto con Benzema, deberá marcar los goles y se supone que Casillas evitarlos. El portero nunca ha estado tan exigido como esta temporada. Diego López ya ha demostrado que da la talla. El resto del bloque es el del año pasado, menos los jugadores que ha fichado el Nápoles. Y falta Bale. Sólo un club se permite, se exige, soñar así, sin ningún límite.