El Qarabag deja al Atlético contra las cuerdas (1-1)

El portero esloveno del Atlético de Madrid Jan Oblak encaja el primer gol del Qarabag. EFE/ JuanJo Martín

Con un pie fuera de la Champions, por no decir los dos, aunque las matemáticas engañan, el Atlético fue víctima, una vez más, de su incapacidad. Su falta de pegada, su falta de resolver las situaciones de gol y la impericia de algunos jugadores ante el meta del Qarabag hicieron que el Wanda viviera su noche más triste desde su puesta de largo. Un adiós anticipado para un equipo que ha jugado dos finales de la Liga de Campeones, pero este curso ha empezado torcido para los rojiblancos y pese a que los gitanos no quieren a sus hijos con buenos principios, seguro que Simeone hubiera preferido que sus jugadores, a los que no se les puede reprochar su actitud, pero sí la falta de conocimientos en algunas fases del partido, hubieran encontrado las sensaciones de otras veces. Acabar con Gabi centrando balones para que Godín acertase en algún cabezazo fue un recurso que prueba la falta de ideas, de jugar por el pasto, como diría Di Stéfano, y de intentar por otras vías acabar con la resistencia de un modesto equipo, de buenas maneras, que con jugadores como Almeida, Paulo Henrique y Míchel maneja bien la pelota. El resto son ordenados, disciplinados y con buena disposición para el trabajo.

Y ante ellos se estrelló un Atlético falto de recursos, atropellado y que tuvo ocasiones para ganar, para cambiar el rumbo de un partido en el que Griezmann avisó pronto (m. 4) con un disparo que desvió el meta como presagio de que el equipo salía con intensidad y ambición, receta indespensable, al margen del juego, para doblegar a la cenicienta del grupo. Pero cuando Gameiro falló la primera de sus ocasiones –luego tuvo otra más clara en la segunda parte– llegaron las dudas. Se desperezó el Qarabag, que a través de la pelota y de Paulo Henriqure, pesadilla para Filipe, se estiró y dio sensación de bloque trabajado.

Como el Atlético alternaba errores con aciertos, porque Saúl y Griezmann, dos pilares, aparecían con cuentagotas, Míchel encontró el gol en un cabezazo a la salida de un córner tonto provocado por Godín. El asturiano adelantaba a los suyos en una acción a pelota parada. El Atlético sangra por la herida de los balones aéreos y encajó un golpe que no estaba en el guión.

Tocaba remar contracorriente y eso hizo el Atlético tras el descanso. Thomas encontró la solucíon con un derechazo desde fuera del área y había tiempo para más goles. Además, el Qarabag perdía por expulsión a Paulo Henrique, su mejor hombre. Once contra diez. Todo de cara para una media hora final de acoso y sin derribo a la meta de Sahic. Correa, Gameiro, después Torres, Griezmann, Saúl, Gabi. Todos en el área del rival para buscar el gol y conseguir un triunfo que mantuviera la esperanza.

Sin embargo, entre las paradas del meta y la precipitación de los rojiblancos se consumó la tragedia. Un empate que le echa, prácticamente, de la Champions. Las sensaciones del equipo –los argumentos de Simeone seguro que son otros– no son buenas. Tiene momentos de lucidez y otros de espesura. Falta control en el centro del campo – no vale recordar que a la cita faltó Koke– y lo que es más grave, capacidad para hacer goles. Es una losa que pesa en la Liga y en Europa. Así es complicado luchar por los objetivos.