Grande de Europa busca accionista de referencia

El Sevilla, con una cifra de negocio que supera los 200 millones de euros anuales, está en venta

Los aficionados sevillistas ya se han pronunciado en el Sánchez Pizjuán contra la venta del club. Las pancartas han aparecido en los últimos partidos / Ke imagen
Los aficionados sevillistas ya se han pronunciado en el Sánchez Pizjuán contra la venta del club. Las pancartas han aparecido en los últimos partidos / Ke imagen

El Sevilla, con una cifra de negocio que supera los 200 millones de euros anuales, está en venta.

En la séptima plaza, emparedado entre el PSG y el City, el Sevilla no termina 2018 en su mejor posición del ranking de la UEFA, una tabla que considera los resultados de las cinco últimas temporadas. En agosto, era sexto y figuraba como primer cabeza de serie de la Liga Europa, por delante del Chelsea, el Arsenal o el Milan, entre otros. Dos factores capitales, sin embargo, diferencian a los nervionenses del resto de clubes del Gotha continental: es el único cuyos aficionados no tienen conciencia de la propia grandeza y es el único que sigue gobernado con los añejos usos burgueses del segundo tercio del siglo XX. Mediante el remedio de la segunda cuestión se intentará subsanar la primera.

Todos los clubes que significan algo en el siglo XXI cotizan en el mercado global de las grandes corporaciones transnacionales. El Sevilla, así, será enajenado por las cinco familias que lo han gobernado en los últimos 21 años: las de los expresidentes Carrión, Alés y Del Nido, la del presidente Castro y la de su cuñado, Paco Guijarro. ¿Cuándo se sustanciará la venta? ¿Qué paquetes de acciones se incluirán en la operación? ¿Quién será el comprador? ¿Cuánto pagará? ¿Quién dirigirá el club? No hay respuesta fiable a día de hoy.

Estas familias, cuya relación cambiante a través de alianzas y desencuentros ha marcado la vida societaria del Sevilla, han impulsado en tres lustros la más fabulosa conversión de la historia del balompié contemporáneo. En el verano de 2000, estaba en Segunda y en causa de disolución por bancarrota. En agosto, disputó su decimoctava final en doce años tras haber enriquecido su palmarés con nueve títulos. Una peripecia hollywoodiense apoyada en la sencilla fórmula de fichar barato, vender caro y creer hasta las últimas consecuencias en un verso de su himno: «Nunca se rinde».

A finales de 2017, sin embargo, el ciclo virtuoso daba síntomas de agotamiento. Monchi se había ido a Roma y la plantilla había dejado de generar las fabulosas plusvalías de antaño. Su marcha ensombrecía el plano deportivo mientras que el social se enturbiaba por un regreso: aligerado su régimen penitenciario, Del Nido desencadenó la batalla definitiva para retomar el poder por las bravas. Los otros cuatro accionistas de referencia doblaron la apuesta y, tras terminar de asfixiarlo económicamente, se hicieron con una cómoda mayoría del capital social: controlan el 45 por ciento de los títulos frente al 25 por ciento del abogado, aunque muchos de sus títulos están impagados o pignorados.

Por el camino, una acción con valor nominal de 10.000 pesetas (60 euros) se había comprado por 500; los dueños del club, es decir, cayeron en la cuenta de que manejaban un bien sometido a una salvaje inflación: después de hacer grande al Sevilla, tocaba llevarlo hasta el siglo XXI y recoger los beneficios. La enajenación de una compañía con una cifra de negocio superior a los 200 millones de euros anuales no es la compraventa de un apartamento en la playa. El comprador debe conocer detalles que sólo afloran después de elaborar una «due diligence», una auditoría que permita saber cuál es el valor del club, cuántas acciones debe adquirir para controlarlo y cuál será la postura de las minorías accionariales que queden fuera de la operación.

La intención de Castro, Alés, Carrión y Guijarro, sobre todo de Guijarro, era dejar a Del Nido fuera del pelotazo, pero el expresidente amenazó con generar un ambiente irrespirable para los vendedores, de modo que finalmente consiguió ser incluido en la posible venta. De hecho, por sus problemas económicos, es quien más prisas tiene por vender. Así, el bufete madrileño Uría Menéndez –que está detrás de la compra del 5 por ciento de las acciones del Sevilla– determinó que se vendería aproximadamente el 75 por ciento del capital social de la entidad a razón de 3.000 euros por acción, unas cincuenta veces el valor nominal de la misma. Esta primera tasación ha sido rechazada por los grandes accionistas.

Dentro de unos meses, el despacho de abogados volverá con otra oferta, a partir de la cual procederá a contactar con el ramillete de compradores que se han interesado en la adquisición del Sevilla. El sempiterno fantasma del inversor chino puebla las pesadillas del sevillismo más rancio, aunque también han sonado nombres como el uzbeko Alisher Usmánov, accionista del Arsenal, y Dennis J. Broderick, uno de los dueños del gigante de la distribución comercial estadounidense Macy’s. Será uno de ellos, o no, el magnate que se convierta algún día en el accionista de referencia de un grande de Europa que ya no puede estar gestionado como los grupos de amigos de la ciudad gestionan sus casetas de Feria.