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Javier Fernández, así se despide una leyenda

El madrileño, pionero del patinaje artístico en España, remonta para hacer historia con su séptimo Europeo consecutivo. Doble campeón del mundo y bronce olímpico, se retira de la competición

  • Javier Fernández logró su séptimo oro consecutivo en el campeonato de Europa
    Javier Fernández logró su séptimo oro consecutivo en el campeonato de Europa

Tiempo de lectura 4 min.

27 de enero de 2019. 03:06h

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Francisco Martínez 26/1/2019

No lloró Javier Fernández, firme y sereno en lo más alto del podio. El patinador madrileño ha pasado en unos días del enfado a la nostalgia y la alegría. Lo primero fue el jueves, cuando terminó tercero el programa corto del Europeo que se está disputando en Minsk (Bielorrusia). Interpretó la «Malagueña» y consideró que los jueces le habían puntuado por debajo de su actuación. Se quejó, con una sonrisa y duras palabras. La nostalgia y la alegría llegaron ayer en el programa largo, en el que patinó como un Don Quijote con la música de «El hombre de la mancha» y remontó para seguir forjando su leyenda, para colgarse su séptimo oro, además consecutivo. El ruso Plushenko también tiene siete, aunque no fueron seguidos. Este último éxito supone un punto y aparte en la vida del mejor patinador español de la historia, que también es uno de los mejores del mundo. Después de años de pelea ha decidido cerrar su carrera. Pese a que sólo tiene 27 años, el madrileño se siente «viejo» para seguir compitiendo al más alto nivel en un deporte demasiado exigente. Pero no «cuelga» los patines, sus planes a corto plazo son seguir ampliando su espectáculo, «Revolution on Ice». La pasada Navidad llenó varias ciudades españolas y ahora pretende llevarlo prácticamente por todo el mundo. También hará seminarios y campamentos de verano con niños, para más adelante intentar ser entrenador y seguir haciendo el camino que prácticamente él ha iniciado en este país en su especialidad.

La historia de Javier es la de un chico hecho a sí mismo, con la ayuda de su familia y sus entrenadores; un pionero, porque otros patinaron antes en España, pero sólo él ha llegado tan lejos. Una de las que patinó antes fue su hermana mayor Laura, que ayer estaba en la grada y que en parte arrastró a un chaval algo hiperactivo y despistado, pero al que desde pequeño se le veían dotes sobre el hielo. Cogía los movimientos sin esfuerzo, a la primera, y lo que era un juego pasó a ser una profesión. Viajó de Madrid a Jaca, volvió a la capital, luego tuvo que alejarse de la familia y se entrenó en Moscú con el ruso Morozov; y desde los 20 años ha vivido en Canadá a las órdenes del mítico Brian Orser, que es como un segundo padre para él. En ese trayecto dejó una época rebelde, pecado de juventud, y obtuvo la madurez que le ayudó a enfocar todo su talento para conquistar un montón de medallas, aunque hasta que no ganó su primer oro Mundial (tiene dos, además del bronce olímpico de Pyeonchang que le supuso cerrar el círculo) no obtuvo reconocimiento. «Si miras atrás, ves que eras dos veces campeón de Europa y tu padre seguía pagándote la vida», contó en una entrevista a Efe el pasado diciembre.

El currículum lo completó ayer con su séptimo título en el Europeo de Minsk, con una remontada espectacular, luchando hasta el final, como siempre ha hecho. En el programa largo salía con desventaja respecto a los rusos Mikhail Kolyada y Alexander Samarin, que se lo puso muy difícil con un gran ejercicio. Actuó justo antes del español. pero Javier no se puso nervioso y patinó serio y concentrado, clavando los dos cuádruples y con una actuación casi perfecta, en la que sólo se le contó un pequeño fallo de ejecución. En la interpretación se le vio expresivo, con alegría, pese a ser un momento en cierto sentido de pena (muchos años compitiendo quedaban atrás) y en otro de alivio (mucho sufrimiento en el día a día). Terminó, respiró emocionado. Lanzó un beso al público y se despidió de él con la mano. Abrazó a su entrenador Brian Orser y conoció su nota (271,59 en el acumulado), que le sirvió para atrapar la primera plaza. La mayor dificultad de su programa le hizo superar a Samarin (269,84). Quedaba por patinar Kolyada, pero fue un desastre, caída tras caída para echar por tierra toda su ventaja. Se quedó con la muñeca dañada y hasta fuera del podio, ya que el bronce se lo llevó el italiano Matteo Rizzo (247,08). Pese a que no ha podido entrenarse tanto como otras veces, Javier Fernández lo volvió a hacer. «Me he sentido muy bien. Estaba muy seguro de mí mismo y eso es importante. Mi nota me puso primero y luego tuve que seguirlo por televisión. He visto que el último patinador no lo había hecho muy bien y ya vi que era primero. Estoy muy contento de que la última competición haya sido buena. Estoy orgulloso, pero queda mucho por hacer», afirmó el siete veces campeón de Europa.

El legado de Javier Fernández

Juegos Olímpicos: Bronce en 2018 (Pyeonchang) 4º en 2014 (Sochi).

Campeón del mundo en 2015 y 2016. Bronce en 2013 y 2014.

Campeón de Europa en 2013, 2014, 2015, 2016, 2017, 2018 y 2019

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