Deportes

¡Qué crueldad!, 50 kilómetros marcha y Marc Tur pierde el bronce en los últimos 100 metros: “Veía doble”

El atleta entrenado por José Antonio Quintana hizo una carrera fantástica, pero le entró una pájara al final, cuando ya casi tocaba la medalla, y se tuvo que conformar con ser cuarto

Marc Tur hizo una espectacular carrera en los 50 kilómetros marcha de los Juegos Olímpicos de Tokio, pero le fallaron las fuerzas al final
Marc Tur hizo una espectacular carrera en los 50 kilómetros marcha de los Juegos Olímpicos de Tokio, pero le fallaron las fuerzas al finalShuji KajiyamaAP

El deporte puede ser tan maravilloso como cruel y a Marc Tur, el joven atleta que entrena José Antonio Quintana, le tocó vivir la parte más dura. Y es que la medalla ya estaba ahí, la tocaba, era suya casi, había hecho una carrera brillante, pero los 50 kilómetros marcha no perdonan. Son una trituradora que dura casi cuatro horas, multiplicadas por mucho por el calor y la humedad, y hay que andar desde el primer metro hasta el último. Después de ir comandando el grupo principal, detrás del polaco Tomala, que volaba hacia el oro en solitario desde mitad de la prueba, al atleta español le empezaron a fallar las fuerzas. En el último avituallamiento lanzó la gorra y ya se le veía cara de ir fatal. El alemán Hilbert le había dejado para llevarse la plata. El bronce no se le podía escapar, había dejado atrás al resto de perseguidores y enfilaba la última recta. Pero ya no eran sólo las piernas las que no iban. Fue una pájara, una fallo multiorgánico por la fatiga, el calor y el esfuerzo. Veía las estrellas, literalmente. Estaba en cuerpo allí, pero como si no. Avanzaba como podía y el canadiense Dunfee, algo más fresco, llegó por atrás para rebasarlo. 50 kilómetros marcha, y en los últimos 100 metros se escapó el bronce. Qué crueldad. “Me he encontrado estupendo, ha sido mi día hoy, pero sí es cierto que el último kilómetro me he encontrado con un muro que no he sabido sortear bien. Estaba totalmente al límite de mis fuerzas“, confesó. Y después dijo en la “Cope”: “Cuando se te empieza a nublar la vista, viendo doble, sin saber hacia qué lugar ir... Nunca me había pasado. No pensaba en la medalla, quería llegar a meta”.

El atleta de Ibiza había colgado un vídeo en redes sociales días atrás. Ya estaba en Sapporo, junto a su entrenador, José Antonio Quintana, que desvelaba que la prestigiosa revista americana “Track & Field” le daba como sexto. “Fue una sorpresa, pero estoy con muchas ganas”, aseguraba él. Se equivocó la previsión para mal. Fue cuarto. Pero un cuarto puesto duro, después de lo visto. Las complicadas condiciones llevaron a que la prueba no se disputara en Tokio, sino más al norte, donde suavizan algo las temperaturas. Eran las 5:30 de la mañana en Sapporo y el termómetro ya marcaba 25 grados y 86 por ciento de humedad. Y no haría más que ir subiendo. Las estimaciones que tenían es que en esas condiciones se suele perder como un litro y medio de líquido por hora, lo que multiplicado por cuatro horas puede llevar a los 6 litros de pérdida. Hay que hidratarse bien y tener cuidado. Todo estaba preparado. La última concentración había sido en Barcelona por el tema de la humedad. Además, allí, en el CAR de Sant Cugat hay una habitación para entrenar en calor a los grados que se quiera. “Pero tampoco nos quisimos obsesionar. No nos fue muy bien en Qatar”, explica Quintana. En Qatar fue el Mundial en 2019 y se entrenaron mucho en una cámara similar, pero mejor, del ejército, y los resultados el día de la carrera no fueron buenos. Marc Tur, que es médico y también celíaco, por lo que debe tener cuidado con la alimentación, llegaba preparado, en la mejor forma de su vida tras haber ganado el Campeonato de Europa de selecciones.

Se le vio fuerte durante casi toda la prueba. Sólo pareció flojear un momento a mitad, como que perdía contacto, pero era una falsa alarma. Con el polaco Tomala escapado, se formó un grupo pequeño en lo que iba a ser una carrera de eliminación. Marc fue tirando en casi todo momento. Kawano, el japonés, tuvo problemas, se paró en seco amagó con vomitar, se incorporó y apretó para unirse al grupo, aunque un rato después volvería a ceder. Ya se había caído también el australiano Cowley y el finlandés Partanen. Parecía que pinchaba el canadiense Dunfee. Quedaban siete kilómetros y Marc marcaba el ritmo. Resistían bien Vieira, el portugués que tiene una forma extraña de marchar, y Hilbert, el alemán, en silencio, sin cambiar el gesto y sin dar muestras de flaqueza. Kilómetro 46, Dunfee se dejó unos metros y Kawano ya no estaba. Hizo un ataque el español y fue Vieira quien no resistió. Tur se quedó solo con el germano. Parecía que se iban a repartir la plata y el bronce casi en un esprint. Se marchó Hilbert, pero no importaba. El tercer puesto era un resultado fantástico y merecido por todo lo hecho. No quedaba ni un kilómetro. El balear estaba muy cansado. Perdió la gorra. Perdió esa manera elegante de marchar. Su cuerpo alto y delgado avanzaba a duras penas mientras meneaba la cabeza. Dunfee se había mantenido a una distancia prudencial y lo terminó por atrapar. El carrerón que hizo Marc no tuvo premio.

Un rato después entró Chuso García Bragado. En sus octavos y últimos Juegos Olímpicos sufrió, pero no abandonó y atravesó la meta en el puesto trigésimo quinto. Se despidió como lo que es: una leyenda.