Bronce y con ganas de más

Craviotto también sube al podio en K-1 200. El bronce es su segunda medalla olímpica en Río y la cuarta en su carrera. Desliza que en Tokio también puede estar

Craviotto también sube al podio en K-1 200. El bronce es su segunda medalla olímpica en Río y la cuarta en su carrera. Desliza que en Tokio también puede estar

Supera la meta Saúl Craviotto. Una mirada a su izquierda. «Había muchas proas y me puse en lo peor», recuerda. Suspense hasta que en los marcadores sale el resultado final: tercero, empatado con el alemán Ronald Rauhe; ambos llegaron a su destino exactamente en el mismo tiempo, 35.662. Otra medalla más para el policía catalán que ejerce en Gijón. Ya son dos en Río de Janeiro, pues fue oro junto a Cristian Toro en K-2 200; y cuatro en su carrera, por lo que entra en un selecto club formado hasta ayer por Arantxa Sánchez Vicario, Joan Llaneras y Andrea Fuentes. Por delante sólo queda el mítico David Cal, con un metal más.

Hace calor en la Lagoa, aunque las nubes tapen de vez en cuando el sol, y hay una ligera brisa que no molesta a los deportistas. En las semifinales fue diferente, más complicado y es que, aunque el viento era a favor generaba olas. Tras ver el resultado final, el bronce, el puño al aire de Craviotto y la mente puesta en su familia, en sus padres, en su mujer y en su hija Valentina. «Lo habrá visto por la tele con unos gusanitos, porque es la única forma de que pare quieta», asegura Saúl. El alma satisfecha y orgullosa de «representar a un país como España» y el cuerpo encantado por hacer feliz a tanta gente. Son muchos sacrificios los que ha pasado para llegar ahí, «un año de locura» –lo define– en el que se ha esforzado como nunca, y ya es decir, para clasificarse para los Juegos a última hora, como siempre. Y también, como siempre, una vez en la competición, ha sacado medallas, aunque parece que todavía no se ha cansado de competir. No dice con claridad si seguirá hasta Tokio. Ahora quiere descansar y poco más, y a corto plazo darle una hermana o un hermano a Valentina. Pero de su reflexión se intuye un clarísimo «sí». «Ya veremos lo de Tokio, van a cambiar las distancias, quieren volver a los 500 metros, que a mí me vienen de maravilla porque estoy perdiendo velocidad. ¡Parece que no quieren que me retire!», afirma el piragüista, que ahora tiene 31 años.

El bronce es la medalla que le faltaba a Craviotto, pues ya tiene dos oros y una plata. Pero el valor pudo ser mayor si no hubiera sido por un error. Es una distancia tan corta está todo tan al límite que un fallo suele ser sinónimo de perder todas las opciones. No sucedió así con Saúl. «Sufrí un desequilibrio a los 50 metros», reconoció justo después de pedir un poco de agua porque estaba seco, y de pedir perdón a los periodistas porque un rato antes, cuando los iba a atender, lo medio secuestraron para llevárselo a la ceremonia de entrega de medallas. «No sé qué ha sido –continúa narrando su problema en carrera–, ya lo analizaré... O no, no quiero ni verlo ahora».

Se vio obligado a hacer una remontada en la segunda parte. Pasados cien metros estaba demasiado atrás. En los cien siguientes, llegó a la altura de la tercera posición. ¡Y dice que ha perdido velocidad! «He pensado: ahora o nunca. Y, la verdad, no sé de dónde he sacado las fuerzas», admitió. «Tal vez estaba para más, pero eso ya nunca lo sabremos», piensa. Pese a ello, le satisfizo el bronce porque la prueba que más había preparado era el K-2 junto a Toro, y ahí el oro fue rotundo, sin discusión. Ésta es como un extra para el que ha tenido que adaptarse en poco tiempo. El jueves estaba acompañado y el viernes, sólo, con otro ritmo de palada.

La medalla de Craviotto termina de poner de manifiesto que el piragüismo español va de maravilla. «Se ha gestionado todo muy bien a pesar de los recortes, y se ha trabajado con la base», opinaba Saúl.

A Río han ido once deportistas que han participado en siete pruebas, con el resultado de cuatro medallas, tres de ellas de oro, y cuatro diplomas, el último, el del K-4 1.000, formado por Javier Hernanz, Íñigo Peña, Óscar Carrera y Rodrigo Germade. Terminaron quintos en la última carrera disputada en la Lagoa. En la grada estaba Mireia Belmonte, la novia de Hernanz, pero su chico no pudo repetir la maravillosa actuación de la nadadora. Con un total de dieciséis podios en su historia, el piragüismo es el segundo deporte que más metales ha dado a España, sólo por detrás de los diecinueve de la vela.

Craviotto y el club de los cuatro

Dos deportistas españoles han entrado en el club de los cuádruples medallistas olímpicos. Mireia Belmonte lo logró en natación y Saúl Craviotto, en piragüismo. «No pienso en los récords», asegura el palista. Se han unido a Joan Janeras, de ciclismo en pista, Arantxa Sánchez Vicario, en tenis, y Andrea Fuentes, en sincronizada. Por delante sólo queda David Cal, el único que tiene que utilizar toda la mano para señalar las medallas olímpicas ganadas. Como Craviotto y Mireia tienen intención de seguir compitiendo en Tokio 2020, pueden subir a ese peldaño y quizá alguno más.